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El perro del millonario



El perro del millonario

Fuente: Edunexo.com

Aunque le sobraba el dinero, el señor Otto Porin era muy tacaño. Sus hijos tuvieron que llorar doce litros de lágrimas (en tres años) para que el se decidiera a comprarles el perro afgano que pedían.
Claro que antes de comprar llamó a todas las veterinarias de la ciudad hasta averiguar cual era la que vendía más barato.
La veterinaria que eligió se llamaba "Sherezada" y allí se ofrecían dos afganos, uno hermoso y caro, y otro medio flaco, desganado y con una oreja más chica, pero de precio más económico.
El señor Otto Porin habló media hora con el vendedor hasta obtener una buena rebaja y que le dieran gratis la soguita y el collar, y finalmente salió a la vereda con el afgano de la oreja más chica.
Me anticiparé a mis hijos y le pondré un nombre corto -se dijo el señor Otto-. Por si quieren grabarle el nombre en una medalla. Así me saldrá mas barato. Le pondré "León". No, mejor "Leo". no...¿habrá nombre con dos letras? ¿Y con una?
Absorbido por esos pensamientos, no advirtió que lo estaban siguiendo dos ladrones.
El señor Porin iba por la vereda con la soga en su mano derecha y atrás venía el perro, a tres o cuatro metros.
Uno de los ladrones desprendió rápidamente el collar del perro y, mientras su compañero se llevaba el animal, el se puso el collar y caminó en cuatro patas detras de Otto, imitando el andar cansino de los perros afganos.
Al llegar a la esquina Otto Porin se volvió hacia el perro y le dijo:
- ¡Eh, amiguito! ¡Vamos! Todavía nos faltan treinta cuadras ¿no pretenderás ir en taxi, no? Con lo que salen los taxis...
Está bien... -contesto el ladrón.
¿Cómo? - se asombró Otto -. Pero... ¿habla? ¿Quién es usted?
Soy tu mascota, amo. El perro afgano que acabas de comprar en la veterinaria.
¿Que broma es esta?
Ninguna broma, amo. Si nos detenemos un momento en una plaza y me invitas con un pancho y una gaseosa, sabrás por que hace unos minutos parecía un perro y ahora tengo aspecto de humano.
Hum... ¿más gastos? Está bien, que un perro se transforme en una persona no es cosa de todos los días.
El señor Otto compró el pancho y la gaseosa y ambos se sentaron en un borde del cantero.
Mi historia lo asombrará - dijo el ladrón -. En mi juventud yo era un delincuente. Robaba todo lo que estaba a mi alcance. Tomaba objetos ajenos y salía corriendo. Junto a otro ladrón de mi edad inventábamos los más increíbles trucos para apoderarnos de las cosas ajenas. Éramos los reyes del engaño y nuestras principales víctimas eran los señores que aparentaban ser millonarios...
¡Que horror!
Y eso no es todo, pero... ¡OH! ¡Ahí pasa un heladero! Por favor, amo: en mi vida de perro siempre ansié tomar un helado. Nunca le dan helado a los perros.
Está bien, te compraré uno de esos de un peso.
¡No! ¡Quiero uno de cinco, los más grandes!
Mientras tomaba con gran placer su helado de cinco pesos, el ladrón siguió contando:
Un día regresé a mi casa con varias cosas que había robado. Al verme, mi madre me colmó de reproches y quiso echarme de casa. Era una anciana que había llegado muy joven de Afganistán y ya casi no tenía fuerzas. Pero igual le di un empujón y la insulte varias veces.
Que granuja...
Lo mismo digo yo. Entonces, indignada por mi conducta, mi madre me maldijo. "Eres un perro", murmuraron sus labios con rabia y pena. En ese mismo instante quedé convertido en un perro. Hace de eso cinco años.
¡Claro, un perro afgano! -exclamo Otto.
Se nota que usted es un hombre inteligente.
Pero... ¿Cómo explica que ahora se haya convertido en humano?
Nunca me había sucedido antes. Seguro que se debe a que mi madre acaba de perdonarme.
Claro... debería usted volver con ella. Le voy a sacar el collar y... ¡Póngase de pie, ya no es un perro!
Es cierto. Le daría una gran alegría a mi madre. Vive muy cerca de aquí. Claro que, como comprenderá, tendría que comprarme un poco de ropa y algún regalo. Si usted me facilitara algunos pesos...
Sí ¿Cuánto necesita? !Dios mío! ¿Me estaré volviendo loco? Pagué por el perro y ahora lo dejo ir. Encima le estoy dando dinero...
Poco después el ladrón se fue con el dinero y Otto Porin recordó a sus hijos. Pensó que iban a llorar como locos si no les llevaba el perro que tanto habían pedido. Decidió volver a la veterinaria a comprar el perro afgano que quedaba.
Mientras tanto, el otro ladrón había llevado el perro a la veterinaria y lo había vendido, así que cuando Otto entró al negocio se llevó una gran sorpresa.
- ¡Es el! ¡Tiene la oreja más chica! -exclamó Otto -. ¡Maldito incorregible! Seguro volviste a robar algo o a empujar a tu madre. ¡Por mi te puedes pudrir aquí que no te compro! Señor vendedor, quiero comprar aquel otro, el más caro...





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