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El mendigo y el perro - Relato



º¤☆¤º

This page includes the English version You can read the English version of this release at the end of page




Blancos copos de nieve caían sobre una acera poco cuidada, en una ciudad a la que nadie le importa ya el nombre. Sobre el sucio asfalto muchos rostros anónimos caminaban mientras miraban con indiferencia a su alrededor, pero sobre todo a un anciano señor que reposaba en el suelo, cobijándose del frío en un portal. Un letrero: “Por favor algo para comer” escrito con tinta deleble y borrosa por las gotas de lluvia caídas de antes. Un escabroso gorro le cubría sus canosas melenas que se movían con el son del viento, debajo de sus labios una barba si cuidar, su rostro, triste, sus ojos, fríos, tal y como la nieve que lograba quedarse en la acera y no era aplastada por las pisadas de gente “media”. Él intentaba clavar la mirada en alguno de aquellos transeúntes, pero todos se la rechazaban, entonces se quedó atónito contemplando como los fríos copos de nieve flotaban por el aire con una libertad impresionante. El ruido de una moneda al chocar contra las pocas que reposaban en otro gorro en el suelo le espabiló.

-¡Muchísimas gracias!-exclamó el vagabundo.

El señor acabó perdiéndose de vista entre la calle, al igual que los últimos rayos del sol desaparecían tras grises nubes, se aproximaba la noche, fría, cruel y sola, típica de invierno. Con las monedas entró al bar más cercano a pedir un bocadillo. De nuevo en el portal acurrucado en su vieja manta el mendigo empezó a comer mientras miraba fijamente como la luminosidad de las farolas iban atenuando a más oscuro. Poco a poco la calle se fue quedando si gente, la hora a nadie le importaba. El vagabundo reclinó la cabeza sobre la pared y cerró sus ojos intentando descansar mientras los copos de nieve le cubrían poco a poco la cara. Escuchó un ladrido, poco a poco fue abriendo sus ojos, frente él un cachorro labrador de apenas una semana le miraba fijamente, el mendigo se arrodilló ante él totalmente incrédulo.

-¿Qué haces solo en una noche tan fría? Eres lo último que me podía imaginar ¿Tus dueños, los has perdido? -preguntaba sabiendo que no iba a obtener respuesta, el perro lo miraba directamente a los ojos, ambos rostros eran tristes- No tengo mucho que ofrecerte, pero mejor en compañía- cogió al perrito en brazos y lo llevó hasta el portal, con cuidado se sentó y lo colocó en sus piernas, poco a poco lo cubrió con la manta dejando al aire su cabeza. El perro cerró los ojos y se durmió, el mendigo los cerró también y se dedicó a pensar, lentamente se fundió en sus sueños.

Ambos despertaron con los primeros rayos del amanecer tras una nube grisácea típica de un invierno frío.

-¿Tienes hambre? –preguntó el vagabundo sin esperar respuesta- toma este trozo de pan que me sobró de ayer- mientras el perro lo comía le dijo- ya lo siento pero he de dejarte, no soy buen dueño para ti- el mendigo se levantó y dejó al perro en el portal. De fondo se escuchaban los sollozos del cachorrito, y el mendigo lo miró directamente hacia sus tristes ojos- anda ven.

Pasaron el día de calle en calle, ganándose alguna monedilla por tocar una melodía con la flauta, el perro le hacía compañía en todo momento, pasaron las horas, y volvió la noche, esta vez en un banco del parque descansaron cubiertos por esa vieja manta, haciéndose compañía el uno al otro, siendo ambos sus mejores amigos.

Si algo caracteriza a los mendigos es su rutina, pasaron los días, y para el vagabundo se le pasó la semana como unos minutos, ahora detestaba la soledad, quería a su fiel amigo el perro, sin nombre, igual que el mendigo, solos y olvidados, tal para cual. En el mismo parque dormían todas las noches, totalmente rutinarios.

La noche era fría, como cualquier otra, el vagabundo no se sentía con ganas de comer y le dio la mitad del bocata al cachorro. Ya no le hablaba, sabía que era inútil, pero amaba su compañía más que su vida. El perro apoyó su cabecita en la rodilla del mendigo mientras este perfeccionaba una almohada con sus pocos harapos, con cariño cubrió al perro rutinariamente con la vieja manta dejando asomarse su pequeña cabeza, sus ojos se fueron cerrando al igual que los del mendigo.
Su última noche. A la mañana siguiente el cachorro se levantó antes que su dueño, y corriendo entre el cuerpo del vagabundo llegó a su cabeza, la empezó a lamer, pero no se despertaba, siguió lamiendo la cara durante un rato y se percató de la situación, comenzó a ladrarle, pero aquella persona no reaccionaba, los sollozos del perro cada vez se hacían más fuertes y dándolo todo por perdido volvió a las piernas del mendigo por debajo de la manta, y allí se quedó acurrucado entre sus piernas y llorando en el interior por el que había sido su mejor amo, y amigo.

Permanecieron olvidados durante mucho tiempo y el mendigo nunca más despertó, olvidados como lo habían sido ambos durante toda su vida, solo recordados el uno por el otro.

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English version

It may contain errors of translation / We apologize for any inconvenience

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White flakes of snow fell on a sidewalk little careful, in a city where nobody cares because the name. On the dirty asphalt many anonymous faces while walking with indifference looked around him, but especially to an elderly gentleman who rested on the floor, shelter from the cold in a portal. A sign: "Please something to eat" written in ink deleble and blurred by the raindrops falling from above. A rugged hat he covered his melenas Canada that are moved with the wind, his lips beneath a beard if caring, her face, sad, his eyes cold as the snow that managed to stay on the sidewalk and was not crushed by the footsteps of people "media". The attempt nailing the look in one of those passers, but they all refused, then was stunned as contemplating the cold snowflakes floating through the air with an impressive freedom. The noise of a coin to collide against the few who rested in another hat on the floor espabiló him.

-- Thank you! Exclaimed-the vagabond.

Mr eventually lost sight between the street, like the last rays of sun disappeared behind gray clouds, was approaching the night, cold, cruel and single, typical of winter. With the currencies came closest to the bar to order a sandwich. Again in the portal nestled in his old blanket the beggar began to eat while stare as the brightness of streetlights iban a diminishing darker. Gradually the street was being if people, when nobody cares. The vagabond reclining head on the wall and closed her eyes trying to relax while snowflakes covering him little by little face. Heard a bark, was gradually opening their eyes, in front of him a labrador puppy barely one week you stare, the beggar was knelt before him totally unbelieving.

-- What are you doing alone in a night so cold? You are the last thing I could imagine Do your own, you lost? - wondered knowing that it would not get response, the dog looked straight in the eye, both faces were sad-I do not have much to offer, but better in the company-took the puppy in her arms and took him to the portal, with care sat down and placed it on your lap, gradually covered with the blanket into the air leaving his head. The dog closed his eyes and fell asleep, and also closed the beggar was devoted to think, is slowly melted in your dreams.

Both awakened with the first rays of dawn after a cloud grey typical of a winter cold.

-- Are you hungry? "Asked the vagabond without waiting for response-making this piece of bread I envelope yesterday while the dog-ate what he said-and I'm sorry but I must leave, I am not good for you-the owner beggar got up and left the dog in the portal. In the background is heard sobbing from puppy, and the beggar what looked directly at his sad eyes-go see.

They spent the day in street street, gaining some monedilla by playing a tune with the flute, the dog made her company at all times, spent hours, and again the night, this time on a park bench rested covered by that old blanket , With the company each other, both being their best friends.

If anything characterizes the beggars is their routine, the days passed, and for the vagabond he spent the week as a few minutes, now detest loneliness, wanted his faithful friend the dog, unnamed, as does the beggar, alone and forgotten, made in heaven. In the same park slept every night, completely routine.

The night was cold, like any other, the vagabond was not wanting to eat and gave half of the puppy Sandwiches. It does not talk, I knew it was useless, but loved his company rather than his life. The dog supported his head in his knee while the beggar Such training and a pillow with his few rags, with affection the dog routinely covered with the old blanket asomarse leaving her small head, his eyes were closed as well as those of the beggar.
His last night. The next morning the calf was lifted before its owner, and running between the body of vagabond came to his head, began to lick, but not aroused, followed by licking his face for a while and realized the situation, began to bark, but that person does not react, sobbing dog became increasingly stronger and publicising it all over again lost by the legs of beggar below the blanket, and there was nestled between his legs and crying on the inside by which had been its best master, and friend.

They remained forgotten for a long time and never woke up beggar, as they had been neglected both throughout his life, remembered only for each other.


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