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Paso Nº4

Convencer al Inconsciente
No siempre se enamora uno de la persona que objetivamente ha seleccionado. Los
enamoramientos nunca han tenido fama de ser el fruto maduro de sopesadas decisiones.
En ocasiones, contra nuestra voluntad consciente, nos enamoramos de una persona que
consideramos inadecuada: “La cabeza me dice una cosa, pero el corazón me dice otra...”
Hay quienes desearían continuar enamorados de la misma persona, y tampoco lo consiguen.
Entienden que es la más apropiada, pero no pueden: “El amor llega y se va sin darte cuenta.
No se puede hacer nada. Es imposible luchar contra los senti...”, les instruyen sus confidentes.
Mi amigo Miliuco, tras sufrir un desengaño, se lamentaba así: “Las mujeres duelen mucho,
hacen demasiado daño, ¡ojalá que no me gustasen! Si pudiera escoger de quién enamorarme,
me enamoraría de mi perro. Es el único que me ha querido de verdad”.
Por supuesto que lo del perro es broma, o eso quiero pensar , pero contiene una idea clave:
Las opiniones de nuestro Yo­consciente pesan muy poco a la hora de enamorarnos. El ojo ve;
el corazón escoge. Nos enamoramos nosotros; pero no depende de nosotros.
Por eso hablamos de un Cupido antojadizo y desaprensivo que nos atraviesa el corazón con
sus flechas –que más parecen cerbatanazos en los ojos—, y de un destino mágico escrito en
las estrellas que desde el génesis conoce el nombre de la Dulcinea que algún día amaremos.
El Filósofo pintó naranjas trisexuales partidas en mitades, y el bardo cantó las decisiones
caprichosas de alguna neurótica diosa del amor .
El ser humano, al verse involucrado en algo tan importante con su opinión ninguneada,
deduce que está siendo manipulado por una inteligencia externa y lo proyecta en un mito
para explicarlo.
Es cierto que el enamoramiento depende de otra inteligencia; pero no es externa, sino interna.
Esa inteligencia vive dentro de nosotros. Es nosotros. Es nuestro inconsciente.
Sí. Es el inconsciente quien se enamora y se desenamora. Es tu propio inconsciente,
enamorado o desenamorado, el que te enamora o te desenamora. Es “Él” quien te moviliza
para que consigas fundirte con el objeto amado que Él anhela. Te manipula haciéndote creer
que necesitas urgentemente a esa persona para poder realizarte feliz. Te promete el cielo
regalándote intensas dosis de placer cada vez que ves a, o te imaginas maravillas con, la
persona por él escogida; y tú te enganchas, inocente, ignorando que sólo las primeras dosis
son fáciles, puras y gratuitas. Te engaña haciéndote creer que esos dulces zumos de
dopaminas los exprime tu amada, cuando en realidad han salido de tu propia farmacia. Te convierte en un fiel devoto, en su fanático aliado, en el criado encargado de alimentar a la
bestia. Te obliga a obedecer las órdenes que la especie ha grabado a hierro y fuego en tus
genes; y tú, absorto en el delirio, necesitado de dosis cada vez más altas, obedeces sin saber
que estás obedeciendo, creyendo ciegamente que todo lo haces por ti mismo y por el bien de
tu persona amada.
Para evitar posibles conflictos internos y remordimientos, el inconsciente pone a tu
disposición un precioso diccionario mágico dedicado al volteo de lo pecaminoso en virtuoso,
lo absurdo en lógico y lo primitivo en sofisticado. Este diccionario te permite, si así lo deseas,
leer altruismo allí donde se define la ambición, sustituir con generoso la entrada que explica
qué es ser posesivo, borrar antojo y escribir necesidad, cambiar disparate por ley universal,
utilizar amar como sinónimo de endeudar y confundir babear con sabiduría.
En caso de necesidad, se podrían esfumar del diccionario –que para eso es mágico— las
definiciones de entrometido, merodeador , manipulador , chantajista, cobrador , infantiloide,
tergiversador , pedigüeño, lábil, torpe, pesado... y ser sustituidas por una única expresión:
“Héroe Romántico”.
Apenas retienes las definiciones que más te convienen, el inconsciente te concede un espejo.
Visto desde fuera parece un espejo normal, pero cuando nadie te ve, le puedes hacer
preguntas, y siempre contesta: “Tú, mi amo”.
– Espejito, espejito... ¿Quién es el más bueno de este mundo?
– Tú, mi amo.
– Espejito, espejito... ¿Quién es la persona con mayor capacidad para amar?
– Tú, mi amo.
– Espejito, espejito... ¿Quién encontrará el Eterno Amor Verdadero?
– Tú, mi amo.
Como no hay dos sin tres, recibes un tercer regalo: ¡La Llave!, también mágica, que te otorga
el poder de lanzar los hechizos necesarios para adaptar maneras, adoptar procedimientos,
moldear tiempos y purificar explicaciones. Gracias a <<La Llave>> todo queda hecho e
interpretado de acuerdo con los patrones culturales del lugar , las instrucciones de mamá y
papá, el parecer de los amigos, el juicio del jefe, las películas que te emocionaron, la última
moda en relaciones de pareja, las opiniones del famoso al que admiras, e incluso para que
resulte al gusto del dios que te vigila.
Si todo marcha como al inconsciente le gusta, es decir , sin que despiertes, pronto llega el
momento en el que alzas tu adoctrinamiento a la categoría de divino mandamiento. Gozar
continuamente de las dosis que el objeto amado te inspira, se convierte en lo más importante
de tu vida. Ya te sientes espléndido y sublime al airear aspirar alcanzar La Irrealizable Locura:
“Poner tu felicidad en manos de otra persona, y la de ella, en las tuyas”.
Todo lo contrario sucede cuando el inconsciente se ve privado de materializar sus deseos,
cuando intuye que no es correspondido, cuando te ignoran, cuando te rechazan, cuando te
dejan, o cuando ves a tu costillita holgando en otros brazos. Entonces te llena de ansiedad,
frustración, angustia, ira, celos, miedo. El mundo real machaca el mundo que habías soñado,
y tu inconsciente te llora una sobredosis de odios, penas y pánicos.

El inconsciente no concede libertad de decisión: o premia con placeres y relajación al
satisfacerlo, o protesta con todo tipo de sufrimientos al decepcionarlo. Gracias a la galleta,
gracias al látigo, aprendes que sólo tienes dos opciones: Gozar en las Alturas Esplendorosas o
padecer eternamente en el Averno.
Bien. Aquí es donde vamos a poner fin a la ancestral tiranía del inconsciente. Este es el punto
primordial, decisivo y definitivo: el núcleo del sistema. Si realizas correctamente el paso nº4,
te desenamorarás por completo.

¿Cómo?
Convenciendo a tu inconsciente de que esa persona no le interesa. Haciéndole ver que en
realidad no es el tipo de objeto que él piensa. Demostrándole que no le va a resultar útil;
todo lo contrario. Guiándole hasta que ya no le guste como pareja. Persuadiéndole tú a él,
media vuelta a la tortilla, para que renuncie a su deseo y deje de hacértela desear .
En otras palabras: “Desenamorando a tu inconsciente”.
Tan pronto hayas desenamorado al inconsciente, llegará la bendita y plácida indiferencia.
Puede que también sientas alivio, como si te hubieses librado de una larga y penosa condena.
Ya no envidiarás al pobre diablo atrapado en su grillete y amarrado a su cadena, preso en
<<La Jaula­Paraíso>>.
Entenderás lo que te digo cuando te levantes una mañana y , al tratar de fantasear con quien
fue cafeína y nicotina de tus desvelos, compruebes que, sin engañarte ni forzarlo, resulta tan
aburrido como pensar en un viejecillo leyendo el periódico.

¿Cómo convencer y desenamorar al inconsciente?
Utilizando sus mismas armas, hablándole en su lenguaje, jugando a su propios juegos.

YO­CONSCIENTE VS INCONSCIENTE
Yo­consciente: Sensación de identidad y consciencia.
Inconsciente: El resto de tareas inteligentes: Procesos químicos, vegetativos, perceptivos,
reflejos (su mecanismo no es tan sencillo como el timbre de la puerta: hay mucha inteligencia
detrás), instintos, miedos, sistemas de defensa, memoria, emociones, intuición, inspiración,
sueños nocturnos... La capacidad que posee para organizar , ejecutar , coordinar y supervisar
todo tipo de tareas, es indescriptible.
Goza de voluntad propia y sabe muy bien cómo lograr que sus órdenes se conviertan en
deseos para ti.
Algunas personas se asustan al descubrir que llevan dentro una inteligencia independiente
que razona, piensa, juzga y actúa por sí misma. Les resulta demasiado parecido a estar
poseídos por un demonio, a tener dentro de su cuerpo otra persona, más inteligente y capaz,
que les roba el control de sí mismos. Les parece incoherente, increíble, injusto, imposible...
les aterra tener otra cabeza dentro de su cabeza. ¡Tranquilos! En realidad es mucho peor:
porque no es una, son varias. Para simplificar las cosas hemos agrupado todas esas
inteligencias como si fuesen una sola; pero son muchísimas más.
Sí, estamos repletos de máquinas biológicas sensibles e inteligentes que captan información,
la filtran, la modifican, la combinan, la copian, la almacenan, la distribuyen según interesa,
inventan y añaden de su cosecha cuando creen que les falta... ...


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