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Paso Nº5

¡JUSTICIA!
¿Cómo perdonar injusticias, desprecios, ingratitudes, cobardías, deslealtades, engaños,
desengaños, egoísmos, desplantes, humillaciones, olvidos, falsedades, infidelidades...?
No se puede, no juegues a ser santo; deja eso para los profesionales del martirio y del
tormento. Nada más venenoso que el falso perdón de una cuenta sin ajustar .
En este último paso buscaremos culpas y culpables para resarcir cada agravio sufrido.
Estudiaremos, aunque nos sintamos miserables, todos los recuerdos dolorosos e indignantes.
Cualquier espinita, hacerla consciente, por minúscula que parezca, será importante.
No ha de perdonarse nada de lo padecido.
Tras analizar la información obtenida, con la mente templada, dictaremos sentencia. Será
entonces cuando cojamos, inteligente y equilibrada, la vara de la justicia. Poniendo las cosas
en su sitio, nos libraremos de los rencores, la sed de venganza y las fantasías de revancha,
que nos prohíben degustar lo poco, o mucho, bueno de la vida.

¡Ah! Se me olvidaba...
El culpable de todo vas a ser tú.

EL ARTE DE ECHARSE LA CULPA
Entre los dislates que nos enseñan desde niños, y que nos gusta, porque mira que nos gusta,
que nos engañen con mundos maravillosos, llegamos a la conclusión de que los osos son
animalitos cariñosos, juguetones, leales y sinceros, que van por el bosque con una cestita de
mimbre recogiendo avellanas, castañas, setas, bellotas, moras, nueces, fresas y frambuesas,
llevan un delantal a cuadros y cocinan sopitas, ¡ah!, ¡y les encanta dar enormes abrazos!, que
sí que sí, que les gusta muchísimo que les acaricien, y siempre llevan montones de golosinas
en los bolsillos del pantalón para dárselas a los niños que se pierden, y también saben hablar ,
y cantan unas canciones superchulis, y si te quedas a dormir con ellos te cuentan todos los
cuentos que quieras porque se los saben todos de memoria, y te dejan saltar encima de la
cama, y te protegen de las brujas del bosque, y puedes jugar con ellos a...
...y luego, cuando vemos un oso de verdad y vamos a corazón abierto como solemnes idiotas
donde el bicho de 350 kg a darle ese tierno abrazo y a que nos regale un cestito con moras
soñando poner nuestra felicidad en sus manos y la suya en las nuestras, el oso, que para eso
es un oso, nos arrea un zarpazo que nos deja sin cabeza. Después, en el hospital, mientras
nos la cosen, lloramos amargamente. Mocos flameando al viento. Pañuelos de papel.
¡Los osos son malos y el mundo es terrible! ¡Con lo bueno que yo soy! ¡No es justo!...
protestamos consternados... en vez de asumir que estamos pagando un oneroso montante por
haber pensado que lo sabíamos todo acerca de ese oso, haber profesado la fantástica religión
y haber forjado en la imaginación una utopía inventando y tergiversando a capricho aquello
que más nos convenía.
Pero no. Cuando la realidad nos enseña los dientes, dolidos clamamos desconsolados, heridos
niños indefensos, que ocurra un milagro que arregle nuestras vidas sin esfuerzo, fácil, presto,
y restablezca la quimera con indemnizaciones. Cuando nos caemos, escogemos, más cómodo,
más sencillo, quedarnos tirados en el suelo llorando para que mamá venga a recogernos; en
lugar de levantarnos solitos, hacernos mayores ya de una vez y aceptar que el mundo es
como es, y que los osos son osos y dan zarpazos, ¡no están diseñados a nuestro antojo!, y que
los pucheritos y los llantos acongojados, y las rabietas y las pataletas de los niños caprichosos,
aquí sirven de poco.
Ha llegado el momento de abandonar las ciegas manoplas prestadas y palpar el mundo
directamente con nuestras manos, analizar qué ha sucedido, y aprender , para otra excursión,
a calcular en qué bosque conviene acampar y a qué clase de animal se le puede acariciar .
Guarda el rifle, no vamos a matar osos; tan sólo nos vamos a hacer responsables de todo.
¿Suena a masoquismo?, y es el mejor antídoto contra el sufrimiento.

Culparse es muy bueno; pero hay que saber cómo hacerlo. Hasta que encuentres tu camino,
sigue esto:
– Anota lo doloroso y lo injusto.
– Acepta que de forma directa o indirecta tú serás el culpable y el responsable de todo,
aunque de momento no te lo parezca.
– Prepara tu estómago para digerir verdades dolorosas; tómalas crudas, sin condimentos.
– No te excuses con el “fue sin querer”. Si ha sucedido, eres el culpable; aunque no fuese tu
intención ni pudieras intuir las consecuencias en aquel momento.
– Sé valeroso y honrado para reconocer y responsabilizarte de todo lo feo y lo malo.
– Vence a la vergüenza; nadie es perfecto.
– No te pongas un ápice de maquillaje: abandona el rímel, olvida el cilicio y sácale a tu
culpa el mejor partido.
– Cúlpate de todas las cosas que:
1­ vengan a cuento,
2­ sean posibles.
No te culpes nunca de aquello que necesite de poderes mágicos para ser explicado.
Por ejemplo: “Deseabas que le pasara algo malo y tuvo un accidente de coche”.
1­ No procede. Un accidente fortuito no tiene relación con el asunto que tratamos.
2­ ¿Acaso le manipulaste los frenos? ¿Averiaste el sistema de dirección? ¿Contrataste al
Camionero Satánico para que lo arrojara fuera de la carretera? ¿Le pusiste una pistola en
la nuca y le obligaste a beber vino de tetrabrik? ¿Le echaste somníferos en el agua?
¿Cómo has podido ser responsable? ¿¡¡Tienes superpoderes!!? ¿Sabes hacer milagros?
¿Giraste el volante por telepatía? ¿Tan potentes son tus maldiciones que alteran a
capricho las leyes de la física? ¿Le enviaste órdenes para que se confundiera? ¿Sí?
¿Cómo? ¿Atravesando el hiperespacio a través de un agujero de gusano, o fueron
dirigidas por correo certificado? ¿Has probado a ver si tus superpoderes funcionan igual
de bien con la lotería? Quizá consigas que te toque 7 veces seguidas...
A pesar de que le hayas deseado mil veces que tenga un accidente con el coche, no puedes
echarte la culpa porque no tienes capacidad para provocarle un accidente con sólo
desearlo. Aunque de verdad hubieses querido, no hubieras podido.
Está bien que tengas arrepentimiento por haberlo deseado; pero es imposible que seas el
culpable de que haya sucedido. No eres tan poderoso. Nadie es tan poderoso.
– ¡Muta tu culpa! Debes impedir que la culpa se estanque, o su fuerza se volverá contra ti.
Transforma, canaliza, mueve e invierte, cada culpa, en:

1. SACAR UNA LECCIÓN
¿Qué ha pasado? ¿Qué ha sucedido? ¿Cómo lo has provocado? ¿Cómo has influido?
¿Cómo participaste? ¿Cuál fue tu culpa? ¿Existe una causa? ¿Son varias causas?
¿Tiene una explicación? ¿Múltiples motivos y sentidos? ¿Claros, explícitos, oscuros,
implícitos, impremeditados, adrede, directos, indirectos, conscientes, inconscientes...?
¿Aparecen correlaciones con otros temas? ¿Y con otras personas?...
¿Has ofendido, dañado, desairado, decepcionado...? ¿Pecaste de ingenuo, exigente,
pasivo, fanático, indolente, egoísta, confiado...? ¿Conoces las normas del juego?...
¿Cómo estás juzgando? ¿Estás siendo objetivo? ¿De verdad que estás siendo objetivo?
¿Te has puesto en su lugar? ¿Has reparado en su contexto, naturaleza, capacidad...?
¿En sus defectos y limitaciones? ¿En sus verdaderas intenciones?... ¿Y en las tuyas?...
¿Podrías enfocarlo para que te resulte beneficioso? ¿Le has buscado su lado bueno?
¿Eres capaz de encontrar una utilidad? ¿Qué aplicación práctica sacas de todo esto?
¿Captaste los indicios? En caso de comenzar otra relación: ¿Cómo podrías predecirlo?
¿Cómo podrías evitarlo? ¿Cómo podrías corregirlo?...
Si no puedes encontrarte culpable porque tu comportamiento fue intachable y crees
que ha sido la otra persona la verdadera causante de todo: Culpa tuya elevada al cubo.
Aprende a elegir mejor . No podrás escoger con total libertad de quién te enamoras;
pero, con el debido cuidado y entrenamiento, SÍ de quién NO te enamoras. Y la
próxima vez no esperes a que la casa esté hecha cenizas para llamar a los bomberos:
Aplica antes el remedio.
2. REALIZAR UNA ACCIÓN
No debes confundir jamás “el arte de echarse la culpa” con “permitir que te pisoteen”.
Nadie debe salir machacado; y eso, faltaría más, nos incluye a nosotros los primeros.
La acción es la puesta en marcha de la solución que frena el daño, y que lo corta de
raíz si es posible. Es inyectar la vacuna para que ese mal no vuelva a repetirse nunca.
Es enmendar y reponer los perjuicios ocasionados y recibidos.
No te apresures; a su tiempo.
Puede tener la forma de una no­acción, es decir: dejar de hacer algo inadecuado.
En ocasiones, encontramos muy buenas soluciones; pero las descartamos con tal de
perjudicar e impedir que otra persona se pueda beneficiar de ...


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