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Al que ama tu alma


AL QUE AMA MI ALMA

Una reflexión para mantener vivo el amor dentro del matrimonio ¡Cuántas exigencias tenemos como esposas de líderes y mujeres relacionadas con el ministerio! Fácilmente podemos ver cómo las cien actividades semanales, las necesidades en la obra y los requerimientos de nuestro hogar van desgastando día a día las diferentes áreas de nuestra vida. Una de esas áreas que lamentablemente suele encontrarse en riesgo es nuestra relación de pareja.

El liderazgo exige gozar de buena salud emocional y estabilidad en nuestra vida, y nos obliga a estar preparadas para limpiar lágrimas, dar consejos o solamente escuchar a otros, comprendiendo que serán escasas las ocasiones en las que nuestras penas, podrán ser oídas.

Además, la exigencia y presión que tenemos es aún mayor, cuando se trata de la salud de nuestro matrimonio, pues miles de ojos lo contemplan y lo ponen de ejemplo. Esto hace que con frecuencia no seamos sinceros como pareja a la hora de sanar las heridas que siempre surgen en una relación.

Muchas veces creemos que al casarnos con un hombre que ama a Dios y unir nuestras vidas sobre la base de los principios bíblicos y de los valores cristianos, tendremos una garantía de felicidad por el resto de nuestras vidas. No podemos negar que en efecto gozamos de una gran ventaja ante las parejas que no poseen la luz de las Escrituras, pero tampoco debemos concluir que la relación de pareja es sencilla, aunque se posean las mejores intenciones y los más fuertes cimientos.

A lo largo de mi vida marital, he observado con tristeza cómo muchas parejas fácilmente han roto sus lazos y cómo han olvidado la promesa que hicieron frente a un altar, todo por la rutina en la han caído, por los conflictos nunca aclarados o por los celos y egoísmos que anidaron en sus corazones. Esos matrimonios han olvidado los votos que hicieron ante Dios, su familia e incluso, ante los hijos que vendrían después.

Dirán que el divorcio y la separación hoy son de lo más común. Actualmente se han convertido en temas importantes dentro de las iglesias, pues se han vuelto una salida sencilla para muchas parejas. Esto probablemente ha ocurrido porque de tanto escuchar y repetir esas palabras, les hemos perdido todo temor o respeto. Pero… ¿cómo evitar que pasen en nuestro matrimonio?, ¿cómo guardar nuestra relación del desastre?, ¿cómo evitar dañarnos, decepcionarnos o vivir una mentira, aparentando ser felices, cuando por las noches llegamos a nuestra alcoba y únicamente escuchamos la voz del frío silencio, porque se terminaron las palabras entre nosotros y las caricias nacen torpes? ¿cómo evitar que nuestra relación se vuelva monótona?

Si encontramos las respuestas a las anteriores preguntas podremos vivir nuestra relación de pareja de manera plena, y encontraremos el romanticismo, el tiempo, las fuerzas, la paciencia, los perdones, las lágrimas, las risas y las renuncias que forman el diario vivir de un matrimonio. Además, nos permitirían disfrutar al máximo nuestro matrimonio, durante el tiempo que nos quede de vida.

Al empezar a rebuscar esas respuestas, el libro más romántico que se haya escrito en la historia humana saltó a mi mente y sus versos se hicieron reales. Seguramente saben que se trata de El Cantar de los Cantares, un romance que ni siquiera Romeo y Julieta pudieron imitar, ni aún con toda su poesía.

Me detuve en el verso 4 del capítulo 3 y leí: «…Hallé luego al que ama mi alma; lo así y no lo dejé...». Este pensamiento profundo me hizo ver la pasión de esa mujer que salió en busca de su amado, pero iba tras una persona y un amor tan importantes, que no podían compararse con cualquier romance. Ella iba tras el hombre que amaba su alma, la persona que amaba más allá de sus encantos y habilidades, porque era lo único que en ella sería eterno. Esto me llevó a preguntarme si en lo personal, como pareja, habíamos aprendido a amar el alma del otro y a aceptarnos más allá de lo que nos agrada o no, de cada uno.

Luego el verso 1 del capítulo 4 del tierno libro, me hizo meditar en estas palabras: «He aquí tú eres hermosa, amiga mía...». Agregué después las que aparecen en el capitulo 5 verso 1 señala: «Yo vine a mi huerto, oh hermana, esposa mía…». Así, noté cómo Salomón le da distintos títulos a su amada sulamita, encerrando en ellos diferentes e importantes relaciones humanas:

«Tú eres hermosa»: en estas palabras puede notarse como veían los ojos de Salomón a su amada, pero no sólo porque era una mujer hermosa físicamente, sino porque aprendió a amar su alma, porque para él era bella en todo el sentido de lo que esta palabra puede significar, física y espiritualmente.

«Amiga mía»: ¿cuántos matrimonios pueden considerarse realmente amigos? Salomón, al tratar a su esposa de «amiga» le expresaba lo importante y necesaria que era ella para su vida, le decía confidente, la convertía en digna de confianza, en consejera y consoladora de sus penas, pues era su amiga, su cómplice en la aventura de la vida.

«Oh hermana»: con esta palabra él buscaba un lazo de sangre, que no se pudiera disolver con las circunstancias, no solo un compromiso de amor erótico, sino también un amor familiar.

«Esposa mía»: sí ella, su amiga, su hermana, su musa, ella era también su esposa y compañera. Salomón encontró en la sulamita a la amante que inspiró la sublime poesía que emanaba de su corazón, y en ella conoció la paz que da la mujer amada y más.
Por otro lado, podemos ver que ella, también consideraba a Salomón su refugio porque era el hombre que amaba su alma, lo consideraba su amado y esto lo vemos en distintos versos, como en el verso 3 del capítulo 6.

La sulamita también llamaba a Salomón “su amado”, el dueño de su ser y se consideraba la dueña de la vida de Salomón; observemos que en el verso 16 del capítulo 5 afirma: «su paladar, dulcísimo, y todo él codiciable. Tal es mi amado, tal es mi amigo…». Salomón era su amigo, el pecho en el que ella derramaba su tristeza convertida en llanto, los oídos que con paciencia escuchaban sus enredos de mujer, él que reía de sus ocurrencias, el que no la avergonzaba y siempre guardaba sus temores y secretos, porque amaba su ser interior y la veía superior a todas las mujeres.

Puede advertirse en esta cálida historia un amor que llena cada una de las necesidades de nuestra alma, un amor que se entrega sin límites y disfruta de la compañía del otro. Entonces, si comparamos nuestra relación con la de Salomón y la sulamita, ¿no encontraremos demasiado vacíos, interrogantes y desiertos? ¿Será nuestra relación como un paisaje desolado por el cual ya no sabemos cómo atravesar? ¿nos culpamos calladamente, porque creemos que no hay otra salida y por lo tanto, debemos simplemente aceptar y continuar nuestro destino?

Pienso que Dios tiene para nuestra vida matrimonial las mismas bendiciones que vivió la pareja del Cantar de Los Cantares. Trabajar en la obra del Señor no es sinónimo de anular nuestros anhelos de mujeres y hombres, ni significa que debamos desistir de los tiempos de comunión con quien amamos y nos ama, por causa de la cantidad de personas que buscan relacionarse con nosotros en el trabajo. Para todo y para todos existen tiempos. El plan de Dios para el matrimonio tuvo como propósito que seamos completados y colmados, como seres humanos.

Así que miré nuevamente los escasos once años de matrimonio recorridos junto a mi esposo y pude distinguir que en los distintos tiempos en los que vivimos, algunos de sol y otros de tormenta, estuvo junto a mí quien verdaderamente ama mi alma. Entonces anhelé renovar mis votos para ser la amiga que muchas veces mi egoísmo evitó que fuera, la hermana cuyo amor por su esposo es la más fuerte de las decisiones tomadas, la amante que goza con las caricias porque nos pertenecemos y la esposa en la que él pueda descansar, cuando la vida agota sus fuerzas.

Amiga: no sé cual es tu situación en el liderazgo, ni cómo es tu relación con tu esposo, pero sé que la labor es dura y que cuando todo se torna difícil, tendemos a lastimarnos. Sé que el ministerio llena nuestra vida de bendiciones, pero también estoy convencida de que si no equilibramos nuestras actividades y responsabilidades, corremos el riesgo de perder a la persona que ama nuestra alma. Este peligro no acecha solamente a la mujer que tiene un llamado, sino al hombre que por su anhelo de servir a Dios se olvida o deja para «más tarde”»su relación matrimonial, sin entender que tal vez no exista ese «más tarde», porque la vida tiende a hacerse demasiado corta.

Si estás pasando por algunas tempestades y la rutina ha deshilachado las ilusiones que acompañaron a la novia que un día fuiste, ve y habla con tu esposo, busquen consejo (aunque ese papel les haya pertenecido), recuperen el tiempo perdido, sanen sus heridas y trabajen para ser plenamente, amigos, amantes, hermanos y esposos. Así, con libertad podrán repetir los versos de Cantares 8.6-7: «Ponme como un sello sobre tu corazón, como una marca sobre tu brazo; porque fuerte es como la muerte el amor; duros como el Seol los celos; sus brasas brazas de fuego, fuete llama. Las muchas aguas no podrán apagar el amor, ni lo ahogarán los ríos…».

Así cuando te sientas sola, cuando la tristeza azote tu puerta y desees saberte amada, puedas abrazar en tu lecho a quien ama tu alma


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LOVED TO YOUR SOUL


LOVED TO MY SOUL

A reflection to keep alive the love within marriage demands we have as many wives of leaders and women associated with the ministry! We can easily see how science weekly activities, the work needs and requirements of our home are eroding day by day the different areas of our lives. One of those areas which unfortunately risk is often found in our relationship.

The leadership required to be in good health and emotional stability in our lives, and we must be prepared ...


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