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-=Fabulas de Felix Maria Samaniego =-

20 Fabulas



FABULA I EL ASNO Y EL COCHINO

Envidiando la suerte del Cochino, un Asno maldecía su destino. «Yo, decía, trabajo y como paja; él come harina, berza, y no trabaja: a mí me dan de palos cada día; a él le rascan y halagan a porfía.» Así se lamentaba de su suerte; pero luego que advierte que a la pocilga alguna gente avanza en guisa de matanza, armada de cuchillo y de caldera, y que con maña fiera dan al gordo Cochino fin sangriento, dijo entre sí el jumento: Si en esto para el ocio y los regalos, al trabajo me atengo y a los palos.

FABULA II LA CIGARRA Y LA HORMIGA

Cantando la Cigarra pasó el verano entero, sin hacer provisiones allA para el invierno; los fríos la obligaron a guardar el silencio y a acogerse al abrigo de su estrecho aposento. Viose desproveída del preciso sustento: sin mosca, sin gusano, sin trigo y sin centeno. Habitaba la Hormiga allí tabique en medio, y con mil expresiones de atención y respeto la dijo: «Doña Hormiga, pues que en vuestro granero sobran las provisiones para vuestro alimento, prestad alguna cosa con que viva es te invierno esta triste Cigarra, que, alegre en otro tiempo, nunca conoció el daño, nunca supo tenierlo. No dudéis en prestarme; que fielmente prometo pagaros con ganancias por el nombre que tengo.» La codiciosa Hormiga respondió con denuedo, ocultando a la espalda las llaves del granero: ¡Yo prestar lo que gano con un trabajo inmenso! Dime, pues, holgazana ¿qué has hecho en el buen tiempo? «Yo, dijo la Cigarra, a todo pasajero cantaba alegremente, sin cesar ni un momento» «¡Hola! ¿con que, cantabas cuando yo andaba al remo» Pues ahora, que yo como, baila pese a tu cuerpo.»

FABULA III EL MUCHACHO Y LA FORTUNA

A la orilla de un Pozo, sobre la fresca yerba, un incauto Mancebo domía a pierna suelta. «Gritóle la Fortuna: Insensato, despierta; ¿no ves que ahogarte puedes, a poco que te muevas? Por ti y otros canallas a veces me motejan, los unos de inconstante, y los otros de adversa. Reveses de Fortuna llamAis a las miserias; ¿por qué, si son reveses de la conducta necia?

FABULA IV LA CODORNIZ

Presa en estrecho lazo la Codorniz sencilla, daba quejas al aire, ya tarde arrepentida. «¡Ay de mí miserable infeliz avecilla, que antes cantaba.libre, y ya lloro cautiva! Perdí mi nido amado, perdí en él mis delicias, al fin perdílo todos pues que perdí la vida. ¿Por qué desgracia tanta? ¿Por qué tanta desdicha? ¡Por un grano de trigo! ¡Oh cara golosina!» El apetito ciego ¡a cuAntos precipita, que por lograr un nada, un todo sacrifican!

FABULA V EL AGUILA Y EL ESCARABAJO

Que me matan; favor: así clamaba una liebre infeliz, que se miraba en las garras de un Aguila sangrienta. A las voces, según Esopo cuenta, acudió un compasivo Escarabajo, y viendo a la cuitada en tal trabajo, por libertarla de tan cruda muerte, lleno de horror, exclama de esta suerte: «¡Oh reina de las aves escogida! ¿Por qué quitas la vida a este pobre animal, manso y cobarde? ¿No sería mejor hacer alarde de devorar a dañadoras fieras, o ya que resistencia hallar no quieras, cebar tus uñas y tu corvo pico en el frío cadaver de un borrico?» Cuando el Escarabajo así decía, la Aguila con desprecio se reía, y sin usar de mas atenta frase, mata, trincha, devora, pilla y vase. El pequeño animal así burlado quiere verse vengado. En la ocasión primera vuela al nido del Aguila altanera, halla solos los huevos y arrastrando, uno por uno fuelos despeñando; mas como nada alcanza a dejar satisfecha una venganza, cuantos huevos ponía en adelante se los hizo tortilla en el instante. La reina de las aves sin consuelo, remontaba su vuelo, a júpiter excelso humilde llega, expone su dolor, pídele, ruega remedie tanto mal. El dios propicio, por un incomparable beneficio, en su regazo hizo que pusiese el Aguila sus huevos, y se fuese; que a la vuelta, colmada de consuelos, encontraría hermosos sus polluelos. Supo el Escarabajo el caso todo: astuto e ingenioso hace de modo que una bola fabrica diestramente de la materia en que continuamente trabajando se halla, cuyo nombre se sabe, aunque se calla, y que, según yo pienso, para los dioses no es muy buen incienso. Carga con ella, vuela, y atrevido pone su bola en el sagrado nido. júpiter, que se vio con tal basura, al punto sacudió su vestidura, haciendo, al arrojar la albondiguilla, con la bola y los huevos su tortilla. Del trágico suceso noticiosa, arrepentida el Aguila y llorosa aprendió esa lección a mucho precio: A nadie se le trate con desprecio, como al Escarabajo, porque al más miserable, vil y bajo, para tomar venganza, sise irrita, ¿le faltará siquiera una bolita?

FABULA VI EL LEON VENCIDO POR EL HOMBRE

Cierto artífice pintó una lucha, en que, valiente, un Hombre tan solamente a un horrible León venció. Otro león, que el cuadro vio, sin preguntar por su autor, en tono despreciador dijo: bien se deja ver que es pintar como querer, y no fue león el pintor.

FABULA VII LA ZORRA Y EL BUSTO

Dijo la Zorra al Busto, después de olerlo: «Tu cabeza es hermosa, pero sin seso.» Como éste hay muchos, que aunque parecen hombres, sólo son bustos.

FABULA VIII EL RATON DE LA CORTE Y EL DEL CAMPO

Un Ratón cortesano convidó con un modo muy urbano a un Ratón campesino. Diole gordo tocino, queso fresco de Holanda, y una despensa llena de vianda era su alojamiento, pues no pudiera haber un aposento tan magníficamente preparado, aunque fuese en Ratópolis buscado con el mayor esmero, para alojar a Roepan Primero. Sus sentidos allí se recreaban; las paredes y techos adornaban, entre mil ratonescas golosinas, salchichones, perniles y cecinas. Saltaban de placer, ¡oh qué embeleso! de pernil en pernil, de queso en queso. En esta situación tan lisonjera llega la despensera. Oyen el ruido, corren, se agazapan, pierden el tino, mas al fin se escapan atropelladamente por cierto pasadizo abierto a diente. «¡Esto tenemos! dijo el campesino; reniego yo del queso, del tocino y de quien busca gustos entre los sobresaltos y los sustos.» Volvióse a su campaña en el instante y estimó mucho más de allí adelante, sin zozobra, temor ni pesadumbres, su casita de tierra y sus legumbres.

FABULA IX EL HERRERO Y EL PERRO

Un Herrero tenía un Perro que no hacía sino comer, dormir y estarse echado; de la casa jamás tuvo cuidado; levantábase sólo a mesa puesta; entonces con gran fiesta al dueño se acercaba, con perrunas caricias lo halagaba, mostrando de cariño mil excesos por pillar las piltrafas y los huesos. «He llegado a notar, le dijo el amo, que aunque nunca te llamo a la mesa, te llegas prontamente; en la fragua jamás te vi presente, y yo me maravillo de que, no dispertándote el martillo, te desveles al ruido de mis dientes. Anda, anda, poltrón; no es bien que cuentes que el amo, hecho un gañán y sin reposo, te mantiene a lo conde muy ocioso.» El Perro le responde: «¿Qué más tiene que yo cualquier conde? Para no trabajar debo al destino haber nacido, perro, no pollino.» «Pues, señor conde, fuera de mi casa; verás en las demás lo que te pasa.» En efecto sal¡ó a probar fortuna, y las casas anduvo de una en una. Allí le hacen servir de centinela y que pase la noche toda en vela, acá de lazarillo y de danzante, allá dentro de un torno, a cada instante, asa la carne que comer no espera. Al cabo conoció de esta manera. Que el destino, y no es cuento, a todos nos cargó como al jumento.

FABULA X A LA ZORRA Y LA CIGUEÑA

Una Zorra se empeña en dar una comida a una Cigüeña; la convidó con tales expresiones, que anunciaban sin duda provisiones de lo más excelente y exquisito. Acepta alegre, va con apetito; pero encontró en la mesa solamente jigote claro sobre chata fuente. En vano a la comida picoteaba, pues era para el guiso que miraba inútil tenedor su largo pico. La Zorra con la lengua y el hocico limpió tan bien su fuente, que pudiera servir de fregatriz si a Holanda fuera. Mas de allí a poco tiempo, convidada de la Cigüeña, halla preparada una redoma de jigote llena; allí fue su aflicción, allí su pena; el hocico goloso al punto asoma al cuello de la hidrópica redoma, mas en vano, pues era tan estrecho, cual si por la Cigüeña fuese hecho. Envidiosa de ver que a conveniencia chupaba la del pico a su presencia, vuelve, tienta, discurre, huele, se desatina, en fin se aburre; marchó rabo entre piernas, tan corrida, que ni aun tuvo siquiera la salida de decir: estAn verdes, como antaño. También hay para pícaros engaño.

FABULA XI LAS MOSCAS

A un panal de rica miel dos mil Moscas acudieron, que por golosas murieron, presas de patas en él. Otras dentro de un pastel enterró su golosina. Así, si bien se examina, los humanos corazones perecen en las prisiones del vicio que los domina.

FABULA XII EL LEOPARDO Y LAS MONAS

No a pares, a docenas encontraba las Monas en Tetuá, cuando cazaba, un Leopardo; apenas lo veían, a los Arboles todas se subían, quedando del contrario tan seguras, que pudiera decir: no están maduras. El cazador, astuto, se hace el muerto tan vivamente, que parece cierto. Hasta las viejas Monas, alegres en el caso y juguetonas, empiezan a saltar; la más osada baja, arrímase al muerto de callada, mira, huele y aún tienta, y grita muy contenta: «Llegad, que muerto está de todo punto, tanto, que empieza a oler el tal difunto.» Bajan todas con bulla y algazara: ya le tocan la cara, ya le saltan encima, aquélla se le arrima, y haciendo mimos, a su lado queda; otra se finge muerta y lo remeda. Mas luego que las siente fatigadas de correr, de saltar y hacer monadas, levantase ligero, y más que nunca fiero, pilla, mata, devora, de manera que parecía la sangrienta fiera, cubriendo con los muertos la campaña, al Cid matando moros en España. Es el peor enemigo el que aparenta no poder causar daño; porque intenta, inspirando confianza asegurar su golpe de venganza.

FABULA XIII EL CIERVO EN LA FUENTE

Un Ciervo se miraba en una hermosa cristalina Fuente; placentero admiraba los enramados cuernos de su frente, pero al ver sus delgadas, largas piernas, al alto cielo ...


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