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<<Volver a los diecisiete>>

Tenía 17 años, y vivía en Chile, en un barrio periférico de Santiago. Yo era el menor y el único varón, de un total de cinco hijos. Había sido un niño muy especial: rubio de ojos verdes ,inocente y mimado, y era como un angelote, de cara redonda, grandes ojos oscuros, pestañas muy largas, bucles cayendo sobre mi frente. Mis hermanas mayores me consentían y me llamaban "El principito". Mi padre me ignoraba y mi madre me trataba como a un niño pequeño, aunque ya era un adolescente con diarias pajas, o nocturnas emisiones.


"Eras bien pajero, el rey de la paja, pero para salvar tu alma te ibas a confesartus pecados a la misa de 11 de los domingos"


Alvarin, tu crecerás y me dejarás sola, me decía mi vieja. Pero tu tienes al papi , decía yo, y ella como sin resignarse a ese matrimonio sin amor, a ese destino de mujer excluída, asentia con una gran tristeza. Si lo tengo al papi, decía , pero igual estoy sola. Tu padre es un chileno a la antigua, me decía y como tal el dueño de la casa y de mi vida.. Mi padre era machista, severo, imponía su disciplina en ese sitio desdichado, y oscuro que era nuestro hogar.


"Tu te identificabas con tu madre. Hasta usabas sus perfumes y talcos. Eras un flor de mariconazo"


Mi madre, era argentina, muy hermosa, de largos cabellos castaños y rostro impecable. Venía de Córdoba, la segunda ciudad de la Argentina, la ciudad de los doctores y era muy moderna, sofisticada, fina. Las mujeres del vecindario, la envidiaban y hablaban por lo bajo. Ahí va la argentina orgullosa, decían. En realidad ninguna se le podía comparar en belleza, señorío y educación.


"Tu eras como ella, moderno sofisticado y fino. Quizás demasiado fino. Bien afeminado también"


Por una compatriota de mi madre, conoci a Rodolfo, un pintor también argentino, que se había instalado en Santiago desde muy joven huyendo de no se cuáles problemas famiiares.


"Te lo comiste con los ojos apenas lo viste,Alvarito: no sacabas la mirada de su bulto espectacular y lo volviste loco al pobre hombre con tus miradas insistentes y sin disimulo"


Intimamos enseguida con Rodolfo. La segunda vez que nos vimos, en una fiesta de una muchacha conocida, nos escapamos en el medio de la reunión y terminamos en su departamento, cogiendo como animales. Era mi primera vez, y mi excitación era tal que acabé como dos litros de semen, era toda mi leche acumulada desde que habia nacido. Aquella primera vez, el quiso penetrarme, pero yo no lo permití.


No duele me dijo, o sí apenas un poco al comienzo pero luego es un placer increíble. Para demostrarlo me ofreció su culo peludo y grande y ayudado por su mano, lo penetré y lo cogí curante una media hora por lo menos, hasta que acabé un torrente en su culito tortuoso. Culo maravilloso, culo de primera calidad, culo para hacerle un monumento.

Aquella cogida fue sin preámbulos, y mi pija adolescente dura y fina, se introdujo en aquel agujero adulto una y otra vez , despertándo sus gemidos y gritos de placer que podrían despertar a la vecina de al lado.


Lo di vuelta y puse sus piernas sobre mis hombros y volvi a penetrarlo y ya no pude detener sus gritos apasionados. Cogeme chilenito decía, cogeme mi angel rubio, mi niñito.


Mi verga recién estrenada se hundía mas y más, estimulada por sus gritos y yo gritaba enloquecido, "te cojo argentino te cojo, entrégame ese culo peludo que quiero partirlo en dos" El se entregaba a cada una de mis estocadas gritando "si así, sigue asi, ahhh mi niñito…"


Yo era eso, un niñito. Mimado, sobreprotegido, amado sin reservas por mi madre y hermanas mayores, me iniciaba en el sexo, por placer y por deseo, pero sin poderme despegar de esas polleras que me protegían del mundo exterior.


"La verdad que aquel huevón te tuvo paciencia, mucha paciencia, si hubiera sido otro te rompía el culo a vergazos"


No seguimos viendo en su atelier, siempre para coger, siempre para entregarnos al juego de los cuerpos, el mío lampiño y adolescente, el suyo velludo y fuerte. Con Rodolfo dejé de ser vírgen un dia de septiembre de 1973, en las vísperas de la caída del gobierno de Allende y de la asunción del gobierno de Pinochet. Habíamos comido en un pequeño restaurante, donde iban humildes obreros y bebido mucho del rico vino chileno. Yo nunca había tomado antes. Era demasiado joven, demasiado inexperto, demasiado infantil. Llegamos a su atelier, y el comenzó a acariciarme, a recorrer con sus manos mis nalgas, mi espalda, mi vientre, tocando mi verga, besando con sus labios quemantes mi cuello, mi boca, mis orejas. Introduciendo su lengua en mi garganta, su lengua ardiente que quemaba mi boca de deseo y pasión. Yo me entregaba a sus besos, a sus caricias, sin pensar en las marcas que su boca, que sus dientes dejaban en mi cuello adolescente. El fue sacando una a una las prendas que yo vestía: mi saco, mi camisa y al llegar al pantalón, desabrochó mi bragueta y tirado en el piso, comenzó a felarme, a chuparme la verga con mucha fuerza, con mucho deseo mientras mi polla se deshacía de deseo en su boca. Que hermosa es tu verga papito me decía , es como un carmelo de dulce y yo enloquecido de pasión seguía y seguia cogiendo su boca golosa y salvaje.


Comencé a temblar antes de acabar, y casi lo volteo contra el piso en uno de esos arranques nerviosos que me llevaban a hundir mi verga en aquella garganta caliente.


Y cuando mi leche asomó a la luz, bañé su boca con mi leche joven que el decía lo rejuvenecía como la mejor crema hidratante.


"El puto del argentino usaba tu leche como crema anti-arrugas, como un "lifting" de sustancias naturales, y vos le dabas leche ehhh…Vaya si le dabas leche al huevón ese"


Cuando me repuse, el me dio vuelta y alli sentí la fuerza de sus brazos, de su pecho , de sus piernas fuertes, y de su miembro, abriendo la cerradura de mi ano deseoso. Y con mucha ternura y casi sin dolor, entró en mi, con su verga dura, gruesa, larga y grité , lloré, insulté, de placer , de dolor, de culpa , con la sensación de haber perdido lo mas valioso de mi.


Dame tu culo hermoso, mi angelito, repetía, Abrite a mi papito. Dejame que te haga mío para siempre. Y sus estocadas perforaban mis entrañas, mi corazón y mi alma. Su daga caliente se hundía en mi carne, estrenando un camino que otros recorrerían luego, pero nunca nadie despertaría el ardor de mi sangre de ese modo. Nunca nadie me cogíó con tanto deseo , tanto amor , tanta desesperación. Venite conmigo gritaba, acabá conmigo Alvarito, ahhh.


Su leche caliente me sacudió las entrañas, como un bautismo pagano y violento, hacia una nueva vida para la cual no estaba preparado.


"El argentino te cogió y recogió por horas, te hizo suyo y vos bien putón como sos, te abriste como una cajita de música, te abriste a aquella verga gigantesca y gorda que tanto habías deseado tener en tu culo desde el primer día…"


Luego de bañarnos mutuamente nos fuimos desnudos y tomados de la mano a la cama y el me hizo acostar, mirando hacia los pies de la cama, y con un almohadón grande en mi espalda, y alli contra mis protestas, me sacó una fotografía con flash.


"Bien que te dio placer posar en bolas. Tirado sobre la cama, mostrando el orto, la verga y los huevos a todo el mundo. Sos un impúdico, un inmoral. Un pervertido"


Será sólo para recordarte, solo para mi , me dijo. Para tenerte cerca. No me convenció pero le hice prometerme que nunca exhibiría esa foto. Que me moriria de vergüenza. Nadie había podido verme desnudo en años y ahora este hombre que había despertado mi sensualidad me inmortalizaba en una foto obscena y sugestiva..


Una tarde nos citamos muy cerca del centro de la ciudad y allí hablamos de nosotros y de nuestro futuro. Me dijo, "quiero que te vengas a vivir conmigo. No quiero separame mas de ti…." Cuando nos despedimos caminé por las calles casi sin rumbo. Desorientado. Confundido. ¿ Qué hacer?.


Lloviznaba y en mi mente se sucedían los hechos: yo no podía ir a vivir con el. Mis padres no sabían nada de mi homosexualidad, yo era muy chico, muy ingenuo. Rodolfo era mi primer hombre. El era un hombre adulto, que venía de vuelta en su vida. Cómo explicar en mi casa, tradicional y conservadora, pacata y piadosa, que era puto y que me iba a vivir con otro hombre, No era el momento ni yo estaba preparado. Era demasiado jóven y amaba a Rodolfo, como sólo se puede amar una vez en la vida, pero lo que me pedía era mucho para mi. Asumir mi condición, abandonar mi casa, crecer de golpe. Iniciar a los 17 años una vida de adulto enfrentándome a la sociedad anticuada y hostil en la que vivía.


Unos pocos días después de que Pinochet se hiciera con el poder en Chile y bañara de sangre las calles de Santiago, mis padres abandonaron Chile en dirección a Buenos Aires, paso previo hacia el exilio en Suecia, y esa fue la ocasión que mi subconciente utilizó para no afrontar ese amor que me confundía, esas exigencias que me superaban, la asfixia de vivir con proyectos que otros diseñan para uno.


Preferí quedarme a trabajar en la Argentina viviendo con una hermana de mi madre. En Buenos Aires, uno de mis primos diseñaba escaparates de comercios distinguidos y aprendí con el, aquel oficio muy cercano a mis inquietudes estéticas y artísticas. En Buenos Aires , mi vida cambió. Era una ciudad cosmopolita y muy europea. No obstante los gobiernos militares y la represión, era más facil ser gay en Buenos Aires que en Santiago. Había todo un ambiente, una movida, a veces secreta, a veces evidente que me recibió sin reservas. Acepté mi condición, me fui a vivir con unos amigos, concocí a otros hombres. Muchos hombres. Amores, parejas, compañeros de cama, amantes, amores inciertos. Amores de una noche sin desayuno y sin nombres. Ingresé a la noche gay de Buenos Aires sin culpas ni prejuiicios. Gocé del sexo mientras pude, todo lo que pude. Despertaba la ternura de señores mayores con mi pelo largo y rubio. Atraía a los de mi edad, con mi cuerpo esbelto y mi simpatía tímida. Pero ya nunca mas me podría enamorar. Mi amor había quedado en Santiago, y yo había cortado abruptamente todos los lazos. Había escapado entre gallos y medianoche, sin dejar ni una carta, ni un mensaje, ningún rastro.


"Por cagón. Perdiste al amor de tu vida por cagón y cobarde y huevón. Hiciste tu vida pero dejaste a Rodolfo a aquel hombre, que te haba abierto el mundo, abandonado ...
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