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<<Jardines de la Constitución Española>>

Buenas, lo primero me voy a presentar, me llamo Eduardo, tengo 23 años y actualmente estoy trabajando en la plaza de Legazpi para una importante empresa de telecomunicaciones. Todos los días salgo del curro sobre las 21:00 y entre que recojo mis cosas y hablo un poco con los compañeros, suelo salir un poco más tarde.


Ese día vi salir al autobús 45 de la dársena donde siempre lo cojo de regreso a mi casa, así que tuve que esperar al próximo mientras escuchaba mi disco nuevo de Matinée.

No se hizo mucho de esperar y enseguida vino el siguiente, me coloqué en la parte trasera ya que los asientos son más anchos y así me caben mejor mis piernas.


Por fin cerraron las puertas y nos pusimos a subir el Paseo de las Delicias que, por las numerosas obras que se están acometiendo para ampliar la línea 3 de metro, se tarda un montón hasta que se llega a Atocha, de allí, pude contemplar por el Paseo de la Castellana como el secano verano empieza a alejarse para dar paso al otoño en mi querida ciudad de Madrid.


Al pasar justo por la Plaza de la Cibeles eché una mirada melancólica a la torre de Nuestra Señora de las Telecomunicaciones, (en un futuro, nueva sede del Ayuntamiento de Madrid), pues justamente en ese emplazamiento estaba la llama olímpica que representaba la candidatura de Madrid a los Juegos Olímpicos de 2012... pero no pudo ser, se los llevó Londres... aaaaiihhhhh (suspiro).

Mientras, el autobús siguió su ruta por el Paseo de Recoletos hacia la Plaza de Colón, en ésta parada empezaron mis piernas a temblar y mi miembro a levantarse pues entre otra gente, se subió un chico que me la clavó con sólo mirarme desde que picó su billete hasta donde yo estaba, se sentó justo enfrente sin dejar un solo segundo de mirarme. Yo estaba muy nervioso y no sabía donde mirar pero siempre mis ojos se dirigían hacia él, chico delgadito, bien morenito del verano, con pantalones vaqueros desgastados, camisa blanca de lino medio abierta, la cual, dejaba escapar sus pelillos negros de su pecho... puff, que morbazo me dio.


Emprendimos de nuevo el camino. Con disimulo fue rozando su rodilla contra la mía, esto hizo que mi polla se manifestase y como llevaba pantalones blancos se me notaba muchísimo el hinchazón. Así continuamos hasta que el chico levantó su brazo y pulsó el timbre para bajarse en la próxima parada, no dude en seguirlo ni tres segundos.


Cuando bajamos del autobús empezó a andar a un buen paso y se adentró en los Jardines de la Constitución Española mirando de vez en cuando para atrás para saber que le seguía. Se metió entre unos arbustos y allí me esperó. Como era ya de noche, apenas le veía pero me tragué el miedo de no saber a donde iba y aparté algunas ramas del árbol y me metí dentro de él.


Vi al chico junto al tronco y me acerqué a él, cuando estaba ya cerca, pude ver que se había abierto la bragueta y que se había sacado los huevos y su polla. Mientras me clavaba de nuevo sus ojos en los míos, se iba acariciando sus huevos que eran parecidos al caballo de Espartero.

Me cogió con una mano mi cabeza y me morreó hasta casi dejarme sin aire, mientras, me iba desabrochando el botón y bajando la bragueta para meterme su mano en mi paquete erecto.


Nos seguimos besando hasta que el chico sacó de su bolsillo un preservativo, lo abrió y se lo puso en su oscura polla, me dio la vuelta, me bajo el pantalón y me empezó a follar. Como la cogida se hizo sin lubricante, las tres primeras embestidas dolieron de lujo así que me agarré a una rama mientras el perforaba mi culo con su herramienta velozmente.

No tardó en gemir, al hacerlo, agarró mi escopetón y empezó a pajearlo casi a la vez que me la metía. No tardamos mucho en corrernos, él me la sacaba de mi culo y la metía a toda pastilla por cada trallazo que daba dentro de la goma y yo contraía mi ojete lanzando mi leche hasta el tronco del árbol. Para terminar, me cogió de las caderas y me la metió tan fuerte que grité, me dijo en voz baja: "eso para que siempre me recuerdes".

La sacó de mi vientre, se quitó el condón corrido y lo hizo un nudo, yo me vestí rápido pero en cuanto salimos del arbusto, el chico tiró el preservativo a una papelera y se largó corriendo.


Bajé la cuesta con dirección de la parada del autobús para volver a retomar mi viaje dirección a casa muy relajadito, con una media sonrisa en mi rostro y pensando -quien me follara de ésta forma todos los días-.


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