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La aparecida de la ruta 3



La aparecida de la ruta 3

Fuera de esta sumisa anécdota, que referiré a continuación, no existen, que yo sepa, otras visiones de la Aparecida o de la Madre de la Ruta 3. Sin embargo, he podido comprobar que es tal el sobrecogimiento que invade indefectiblemente al ánimo del auditorio cuando se cuenta esta leyenda, tanto el miedo y la angustia que sobreviene ante su sola mención, que acaso no hay otra tan impactante como ella en todo el catálogo de los misterios salteños. Ésta me fue referida, casi al azar, en conversaciones privadas con uno de los propios involucrados en el hecho. Cierta noche muy lluviosa, un camionero que regresaba a Salto por la Ruta 3 luego de haber dejado en Río Grande un cargamento de naranjas, divisó, poco antes de llegar a la entrada de Belén, a una mujer que gesticulaba y hacía ademanes, presa de notoria ansiedad. El camionero, al principio, no sospechó nada en particular, pues para la gente de su profesión encontrarse con peregrinos que hacen dedo a la vera del los caminos, incluso bajo un diluvio y en medio de la nada, es pan de todos los días. No obstante, y conforme las luces de los focos del camión fueron acercándose al sitio en el que la mujer se hallaba, sus impresiones comenzaron a tomar una dirección muy diferente, más aún cuando pudo comprobar que algunos cuantos metros más adelante, justo en la naciente de una curva, había un auto volcado, con signos de haberse estrellado recientemente y que ya comenzaba a encenderse en llamas.

Al divisar esto, el camionero detuvo violentamente la máquina, y bajó precipitadamente a prestar auxilio a la mujer. Pudo advertir entonces que se trataba de una jovencita seriamente lastimada; sangraba profusamente, cojeaba de una pierna y tenía una herida muy profunda a un costado de la cabeza. No obstante, y para sorpresa del camionero, ésta no parecía mayormente interesada en su propia salud.

-¡Ayude, por favor, a mi hijo! gimió, casi suplicante, la joven-. ¡Mi hijo está atrapado en el auto! ¡Si no sale de allí pronto se va a morir! ¡Por favor, ayúdelo! Al camionero le costó trabajo reaccionar. Dijo entonces lo primero que se le pasó por la mente: le preguntó a la mujer si se encontraba bien, o si había sufrido ella misma algún tipo de herida que necesitara atención inmediata. Pero la mujer no parecía escucharlo.
-¡Mi hijo! gritaba angustiada-. ¡Por favor, salve a mi hijo!

El camionero, todavía perplejo, se alejó entonces de la mujer y salió corriendo a todo galope en dirección al auto accidentado. Al llegar a él, le costó bastante trabajo encontrar algún hueco por donde asomar la cabeza; el auto había dado muchas vueltas y casi no era otra cosa que un puñado de chatarra humeante y retorcida. Además, la fuerza del agua, mezclada con el hedor a nafta desparramada, tornaba casi imposible la respiración. Y hay que sumar a todo esto que la presencia de las llamas auguraba una inminente explosión. De todos modos, y haciendo acopio de su valor, el camionero se las ingenió para llegar a los asientos traseros, luego de romper una ventanilla, donde pudo notar que se hallaba un bulto de color blanco. Prestando mayor atención, pudo advertir también que, envuelto en aquellas mantas, se encontraba acurrucado un niño en su más tierna infancia, casi un bebé, que sollozaba bajito.

El camionero lo sacó del auto presurosamente, tratando de alejarlo del peligro. Sin embargo, y cuando ya comenzaba a creer que su tarea había terminado con éxito, pudo advertir, para su sorpresa, un elemento que no había previsto: un segundo cuerpo yacía atrapado entre los hierros.

En eso, otra camioneta se detuvo en la ruta. Se trataba de una pareja de oficiales de la Policía Caminera que, al advertir el accidente, frenaron a prestar ayuda. El camionero fue a su encuentro con el niño en brazos y en dos palabras, jadeante, les explicó la situación. Puso especial énfasis en la necesidad de obrar con velocidad. Dicho esto, los dos oficiales tomaron de la parte trasera de la patrulla un bomberito y salieron corriendo en dirección al auto a prestar ayuda a la segunda víctima, mientras el camionero aplicaba los primeros auxilios al bebé. Afortunadamente, se encontraba sano y salvo. Cuando por fin pudo cerciorarse de esto, y tener un segundo de descanso y reflexión, es verosímil suponer que el camionero no pudo sin dudas dejar de advertir que la mujer que lo había detenido en medio de la ruta, solicitándole ayuda, hacía ya un largo rato que había desaparecido. Lo que sigue a continuación, el final de la historia, seguramente el lector ya lo habrá adivinado. Los dos oficiales llegaron al auto, y luego de forzar una puerta, con grave dificultad, consiguieron sacar la segunda víctima al exterior. Se trataba de una mujer, casi completamente desfigurada por las heridas, pero que el camionero pudo reconocer, estupefacto, como la misma que lo había detenido en la ruta. Era, en efecto, la propia madre de la criatura rescatada, salvo el hecho inexplicable de que hacía varios minutos que estaba muerta. Según mi testigo estrella, resulta innegable que la Aparecida de la Ruta 3 había sido el propio espíritu o el fantasma de la madre del niño, que una vez muerta en el accidente, y antes de emigrar al reino tenebroso, había querido asegurarse de dejar a buen resguardo la vida del pequeño.

********************

The appearance of the Route 3

Outside of this submissive anecdote, which will address below, no, I do know that other views of Aparecida, or Mother of Route 3. However, I could see that this is the unfailingly sobrecogimiento that invades the mind of the audience when you have this legend, so much fear and anguish that occurs before its mere mention, that perhaps there is no other like her so impressive in the entire catalog the mysteries salteños. This was referred to me, almost at random, in private conversations with one of those involved in the incident. Some very rainy night, a truck driver who was returning to Leap by the Route 3 after he left Rio Grande in a cargo of oranges, currency, shortly before arriving at the entrance to Bethlehem, a woman who gesticulate and make gestures, dam notorious anxiety. The truck driver, at first, not suspected anything in particular, because for the people of their profession meet with pilgrims who make finger at the side of the road, even under a deluge and in the middle of nowhere, it is bread every day. However, under the glare of the lights of the truck were approaching the site where the woman was, their impressions began to take a very different direction, even more so when it found a few meters ahead, right in the nascent a curve, he had a car dump, with signs of having crashed recently and that was beginning to light up in flames.

To see that, the truck driver stopped the machine violently, and fell precipitously to render assistance to women. He was able to warn then that it was a young woman seriously injured, bleeding profusely, cojeaba one leg and had a very deep wound to the side of the head. However, to the surprise of the truck driver, it did not seem mostly interested in their own health.

- Help, please, my son! GIMI, almost supplicant, the young woman. My son is trapped in the car! If you do not quit soon there is going to die! Please help him! Truck driver cost him his job to react. He said the first thing he went through the mind: he asked the woman if he was right, or if she herself had suffered some kind of wound that required immediate attention. But the woman did not seem to hear it.
- My son! shouted distraught. Please save my son!

The truck driver, still perplexed, he turned away from the woman and then ran out to every gallop in the direction of the car injured. When you reach him, cost him his job rather find some place where you poke your head, the car had many laps and almost was not anything other than a handful of smoky and twisted scrap metal. In addition, the force of water, mixed with the stench of gasoline scattered, became almost impossible to breathe. And we have to add to this that the presence of flame heralded an imminent explosion. Anyway, and stockpiling of its value, the truck driver was managed to reach the rear seats, after breaking a window, where he noted that he was a bundle of white. More attention, could also warn that those wrapped in blankets, he was a boy nestled in his early childhood, almost a baby, who sollozaba short.

The truck driver pulled out of the car as pressure, trying to zoom out of danger. However, it was beginning to believe that his task was completed successfully, could warn, to their surprise, an element that had not expected: a second body was lying trapped between the irons.

In this case, another truck was stopped on the road. It was a couple of police officers that road, to warn the accident stopped to assist. The truck driver went to his encounter with the child in his arms and in two words, panting, I explained the situation. He put special emphasis on the need to act with speed. That said, the two officers took from the rear of a patrol bomberito and ran towards the car to help the second victim, while the truck driver applied first aid to the baby. Fortunately, he was unharmed. When I finally was able to verify this, and have a second of rest and reflection, it is plausible to assume that the truck driver could not stop without doubt warn that women who had stopped in the middle of the road, requesting aid, was already a long while it was gone. What follows below, the end of the story, surely the reader will have already guessed. The two officers arrived at the car, and then to force a door with serious difficulty, the second victim managed to get outside. This was a woman, almost completely disfigured by wounds, but the truck driver was able to recognize, stupefied, as the same that he had been arrested on the route. It was, in fact, the mother of the child rescued, except for the inexplicable fact that for several minutes he was dead. According to my star witness, it is undeniable that the Apparition of Route 3 had been the very spirit or the ghost of the child's mother, who once killed in the crash, and before emigrating to the kingdom scary, had wanted to make sure to leave good stewardship of the small life.


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