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Tú, mi destino

Autora: Eleen, venezolana

26 min. A veces el destino puede ser muy caprichoso, se empecina en reescribirles los planes a las personas. Y Lucia no era la excepción.

Una tarde de Abril, Lucia no podría imaginarse que ese día su vida estaba a punto de cambiar, por el simple hecho de llegar tarde a una clase de Derecho Penal.

Lucia corría por los pasillos de la universidad, no le gustaba llegar tarde a ningún lado, maldecía por lo bajo al chofer del autobús, porque ella salió a tiempo, pero el autobús iba muy lento; ya que hoy no iba poder evitar retrasarse para su primera clase del día, trataría de tardar lo menos posible; al alcanzar a la puerta del salón se doblo posando sus manos en su estomago, le ardían los pulmones, estaba muy agitada, y rápidamente intentaba controlar sus respiraciones.

Una vez calmada, abrió la puerta del aula y todos la miraron. Siempre era lo mismo cada vez que alguien entraba tarde todos lo miraban como si se tratara de un ser extraño, Lucia quería pasar desapercibida y fallo rotundamente.

-Oh disculpe profesor, permiso. –Dijo Lucia apenada al entrar a la clase.

-Entre, le estaba dando a sus compañeros las instrucciones para un trabajo practico. –Dijo el profesor. –Es en parejas, pero como llego tarde, las parejas se conformaron y tendrá que hacerlo sola.

-Está bien. –Dijo Lucia sentándose en un asiento vacío al final de salón.

La puerta se abrió abruptamente y entro al aula Daniela, con toda la fuerza que le caracterizaba haciéndose notar por todos, a diferencia de Lucia, ella no quería pasar desapercibida.

-Ya pueden estar tranquilos, llego la diversión de la casa. –Dijo Daniela, casi a gritos y riendo mientras buscaba con la mirada un lugar donde sentarse.

-¡Señorita Antúnez! esto no es un mercadillo me hace el favor y se comporta. –Dijo el profesor, y luego continúo dirigiéndose a Lucia. –Bueno señorita Behrens creo que acaba de conseguir pareja.

-Mierda. – Dijo Lucia muy bajo, mirando a Daniela, ella le devolvió la mirada y en su cara había cierto asco, por la pareja que le toco, era obvio que ella tampoco quería que trabajaran juntas.

Esto saldrá muy mal. –Pensaba Lucia. Ella y Daniela no podían ser más diferentes.

Daniela era del tipo de personas que lo habían tenido todo en la vida y muy fácil, hija de padres ricos, creía que podía comprar a todas las personas, era antipática, engreída e irresponsable. Era muy hermosa, era otra cosa que acentuaba más lo injusta que puede llegar a ser la vida, unas personas lo tenían todo y otras no tenían nada; Daniela era de las que lo tenían todo.

Era muy alta, tenía el cabello rojo natural, de esos que no parecen reales, su cabello era largo, ondulado y caía en su espalda despreocupado; sus ojos eran de color verde aceituna, muy grandes y brillantes, y sus pestañas eran muy largas y gruesas, aunque no se notara mucho porque al igual que su cabello eran rojas. Tenía la nariz respingada adornada por una cuantas pequitas, y unos labios carnosos y muy rojos; también tenía un muy lindo cuerpo, al que sabia sacarle provecho con la ropa que usaba. Ese día en particular vestía unos pantalones negros ajustados, rotos en una rodilla, con unas botas altas, tenía una franelilla blanca y una chaqueta de cuero roja, cualquiera podría confundirla fácilmente con una modelo.

Lucia, en cambio, no podía considerarse una persona fea, era muy linda tenía el rostro en forma de corazón y unos ojos muy grandes y redondos marrones-ámbar, muy expresivos que contrastaban y resaltaban mucho con el trigueño de su piel, sus pestañas aunque no eran muy largas, eran muy negras y espesas, daban el efecto de tener los ojos delineados; tenía el cabello largo, negro y muy liso, y sus labios eran curiosos, por su forma parecía que siempre estuviere dando un pequeño beso, sin lugar a dudas eran muy sexys. Lucia tenía una especie de belleza rara y exótica, aunque no le sacara mucho provecho. Siempre usaba ropas muy holgadas, que parecían una o dos tallas más grandes de lo que debían ser, no usaba maquillaje y siempre tenía el cabello recogido en una trenza.

La vida para Lucia había sido lo opuesto que había sido para Daniela; Lucia tenía 15 años cuando se escapo de su casa, termino el bachillerato en un colegio público, entro en la universidad del estado para estudiar danza, las artes escénicas eran su debilidad, consiguió una beca para estudiar Derecho en una Universidad privada y también trabajaba medio turno en una farmacia. Por todas las cosas que le tocaron vivir Lucia era muy responsable, humilde y sencilla.

Al terminar la clase Lucia se dirigió al escritorio del profesor.

-Profesor disculpe ¿Me dejaría hacer sola el trabajo? –El profesor se la quedo mirando con cara de pocos amigos y ella se apresuro a decir. –Es que Daniela es una persona muy difícil y no quiero que me cause problemas.

-Ejercer esta profesión no es fácil y siempre tendrás que lidiar con personas problemáticas, lo siento no hay cambios, las parejas se quedan como están. –Dijo el profesor rotundamente.

Lucia se fue del aula a su próxima clase maldiciendo por lo bajo, y pensando buscar luego a Daniela y obligarla a trabajar, no podía darse el lujo de perder la materia o podría perder la beca.

Cuando terminaron las clases Lucia busco por todos lados a Daniela pero no la encontró, lo intentaría al otro día, pero ahora tenía que irse, si quería llegar a tiempo al trabajo.

Pasaron dos días y nada que aparecía Daniela, esto estaba inquietando mucho a Lucia pues necesitaba de ese trabajo si quería aprobar la materia. Una tarde vio a Daniela yendo al estacionamiento y la abordo.

-Necesitamos hablar. –Dijo Lucia mientras se paraba frente a Daniela con los brazos cruzados sobre el pecho.

-¿Te conozco? –Pregunto Daniela desorientada, con un olor a alcohol importante, claramente se notaba que había estado tomando.

-Soy Lucia, estamos juntas en el trabajo de Derecho Penal, ¿lo recuerdas? –Ya Lucia estaba perdiendo la paciencia.

-Ah, bueno eso no me interesa, hazlo sola si quieres, no pienso mover ni un dedo. –Dijo Daniela quitándole importancia y siguió caminando.

-No puedo. –Grito Lucia siguiéndola. –Necesitamos entregar una hoja de asistencia firmada por las dos del tribunal, y si no la firmas el profesor no recibirá mi trabajo y perderé mi materia.

-Ese no es mi problema, yo… -Daniela interrumpió lo que decía, cuando llego al carro y vio que uno de los vidrios estaba roto. – ¡Maldición! –Grito.

Lucia tomo una nota que estaba sobre el carro y decía: “Te dije que te arrepentirías perra”, ella se lo muestra a Daniela, esta solo se ríe y dice: -Debe ser de una de mis novias. –Tambaleándose ligeramente al intentar abrir el carro, pero no puede y Lucia le quita las llaves.

-Estás loca. –Dijo Lucia. –No puedes manejar en ese estado, estás muy borracha puedes tener un accidente.

-Dame mis llaves, sabes los meritos que tienes que hacer para llevarme a pasear. –Dijo Daniela en tono burlón.

Lucia muy enojada y ruborizada le lanzo las llaves diciendo: -Muérete. – Y se fue indignada.

Daniela se quedo ahí parada, mirando cómo se iba Lucia, tomo sus llaves y se monto en su carro, llego a su casa y no había nadie en ella, subió a su habitación mientras iba quitándose la ropa y dejándola tirada por todas partes, entro en su baño, tomo una ducha, se envolvió en la toalla, se tiro en la cama y quedo profundamente dormida.

Tumbaron a Daniela de la cama, despertándola violentamente.

-Pero… ¿Que mierda sucede contigo? –Reclama Daniela sin ver quien la había despertado.

-Tenía mucho tiempo llamándote y no te despertabas. –Respondió su papá con voz molesta.

-Bueno ya estoy despierta ¿Qué quieres? –Pregunto Daniela, ella siempre era así, no respetaba a nadie, ni siquiera a sus padres.

-Me llamó Javier. –Dijo el Padre de Daniela.

-¿Quién es? –Pregunto Daniela sin interesarle verdaderamente la respuesta.

-Tu profesor de Derecho Penal. –respondió el padre enérgicamente, ante la aptitud de su hija.

-Bueno y eso a mi ¿Qué?

-Daniela mira te lo diré muy claro, me dijo que tienes que hacer algo en tribunales y mas te vale que apruebes tus materias o de lo contrario te aseguro que, te quitare el carro, cancelare tus tarjetas y no te daré más dinero, te lo advierto. –Sentencio el Padre. –Vamos a ver si todas esas chicas escandalosas te siguen queriendo cuando estés sin dinero ni carro. –Dicho esto le dio la espalda a Daniela y se fue sin dejar que su hija le respondiera.

Daniela se quedo malhumorada en su habitación, se vistió porque aun estaba con la toalla puesta después de haberse bañado, se peino y bajo a la cocina, se preparo un sándwich que dejo a medio comer; luego tomo las llaves del carro de su mamá, por que el de ella tenían que cambiarle el vidrio que le habían roto, hasta ahora no le había importado, pero ahora tenía curiosidad y quería saber quien fue.

Daniela manejaba a través de las calles sin saber muy bien a donde iba, solo quería salir de su casa, se estaciono en una plaza, se sentó sobre el capote del carro, encendió un cigarrillo y empezó a fumar. Pensaba en que no podía dejar que su papá le quitara el dinero, tendría que pasar las materias, tomo su teléfono y busco la lista de contacto, vio el número de Megan.

Megan era una chica con la que a veces salía de fiesta, marco su número y espero mientras sonaba el teléfono de su amiga.

-Aló. –Contestaron del otro lado de la línea.

-¿Megan? Hola soy Daniela, quería pedirte un favor. –dijo Daniela a través de su celular.

-Oh no me asustes, cada vez que quieres me pides un favor se trata de algo como quebrantar una ley. –Respondió Megan. –Esto ...
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