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Ella, mi debilidad - 5

Autora: Chana, chilena

19 min.
Paula: tenemos que hablar – le dije mientras tomaba suavemente su brazo –

………………………………………………………………………

Mónica: no hay nada de que hablar, lo de anoche me hirió profundamente – dijo haciéndose la victima –

Paula: - tuve que morderme para no sacarle el cinismo a patadas – por lo mismo, me siento muy mal por aquel episodio, quiero disculparme contigo
Mónica: y como se supone que olvidare eso? – dijo mientras caminaba a su oficina –
Paula: no lo sé, no quiero que lo olvides porque eso es ilógico, pero sí que me perdones – la seguía a su oficina y cerró la puerta detrás de mí –.
Mónica: ¿por qué me rechazas tanto? – me dijo en un susurro entre mi oído y cuello –.
Paula: eres la viuda de mi padre o no lo recuerdas? – dije mientras intentaba no parecer nerviosa –.
Mónica: si, pero tu padre ya no está y yo sigo teniendo las mismas necesidades.

Puso su mano sobre mi abdomen y la subió, bajo lentamente el cierre de mi polerón mientras sus ojos se clavaban en los míos y me sentía completamente inútil, no sabía que hacer, solo que el plan estaba funcionando aun sin que yo lo quisiera, me di valentía y la tome fuerte por la cintura y comencé a besarla, a besarla con rabia, con despecho, con asco… pero le encantaba, miro por la ventana del patio y ahí estaba Claudia, pendiente de la situación, me sentía una actriz porno en este momento, Mónica se volteo por lo que vi a Claudia desaparecer botándose al piso, yo la volví para concentrarla en mí y no supe que hacer, solo una cosa que decir.

Paula: quiero que me hagas tuya aquí donde estamos.
Mónica: ves, no había necesidad de mentir, sé que me deseas.

Solo le sonreí y la volví a besar con los ojos abiertos para ver como Claudia abría la ventana sigilosamente y se metía a la oficina sin hacer ningún ruido, estaba pendiente de ella cuando siento la mano tibia de Mónica bajando por mi abdomen y desabrochándome el pantalón, no podía detenerla… aunque en este momento siento que en realidad no quiero hacerlo, Claudia busca en su chaqueta y me da la señal que no está, justo cuando ella introduce su mano en mi sexo y comienza acariciar mi clítoris, no pude controlar el gemido que salió de mi garganta y la lleve hacía el escritorio, Claudia asustada y un poco asqueada se esconde bajo este, esperando las prendas de Mónica que yo ahora tendría que sacar, ella ya había sacado mi polera y jugueteaba con mis senos cuando la separe de mí y comencé a sacarle la ropa, mala costumbre de las mujeres de ponerse los teléfonos en el brasier, se lo saque mientras nos sonreíamos.

Mónica: es que tengo cosas importantes ahí.
Paula: pero ahora no necesitas llamar a nadie – dije mientras se lo sacaba –.

Lo deje sobre el escritorio y Claudia sin mirar lo buscaba sobre la mesa cuando por fin lo tomo, pude suspirar medianamente aliviada, porque ella volvía a meter su mano y esta vez dos dedos se adueñaron de mí, comencé a tocar sus senos mientras ella me penetraba y yo gemía, Claudia intenta salir de debajo del escritorio pero se golpea haciendo que Mónica me suelte, se gire, la vea y nos descubra.

Mónica: que mierda haces aquí? – pregunto mientras se tapaba –.
Claudia: - con el teléfono visiblemente en la mano solo calló.
Paula: no es lo que tú piensas – dije revelando todo el plan de inmediato –.
Mónica: ¿y que es lo que pienso Paula? ¿Todo esto fue para tomar mi teléfono? – preguntó matándome con la mirada y quitándole el teléfono a Claudia –.
Paula: - solo la mire y Claudia estaba estática mirándome espantada –.
Mónica: solo me utilizas.

Vi venir su mano, mire a Claudia que cerraba los ojos y ponía cara de dolor por mí, sentí su mano firme sobre mi rostro y en seguida el portazo que dio al salir de la oficina, me toque la mejilla y estaba ardiendo por el fuerte golpe y ahora sí, tuve que controlarme para no matar a Claudia.

Claudia: creo que no funciono – dijo mientras trataba de sonreírme –.
Paula: ¿enserio? – dije molesta –.
Claudia: fue culpa del escritorio – se excusó –.
Paula: más bien de tu cabezota – dije abrochándome los pantalones –.
Claudia: tendremos que olvidar este plan – dijo mientras pasaba por mi lado para escapar –.
Paula: por el contrario – dije tomando su brazo –.
Claudia: no creo que quiera acostarse contigo.
Paula: nadie estaba hablando de mi… cuánto me amas hermanita?
Claudia: lo suficiente como para negarme a lo que estás pensando.
Paula: pero si no tienes idea cual es el plan.
Claudia: por tu cara sé que no me conviene.
Paula: tendrás que ayudarme porque si no fuera por tu cabezota – desordenándole el pelo – todo estaría a nuestro favor.
Claudia: pero Paula – protesto –.
Paula: Paula nada, además yo recibí la cachetada, mínimo de compasión – dije abrazándola para salir de la oficina –
Claudia: ¿entonces que se te ocurre? – preguntó mientras salíamos de la oficina –.
Paula: tendrás que acostarte con Miguel – dije sin percatarme que al frente estaba Flor –.

Claudia:

La mire y ella esquivo por primera vez mis ojos, se perdió en el pasillo y yo no sabia que hacer, como reaccionar, por que se sentía así y por que yo me sentía así, no sabía nada…

Paula: no fue apropósito lo juro – me dijo disculpándose –
Claudia: por que siento que tendré que darle explicaciones? – pregunte sin escucharla –
Paula: - se Safo del abrazo y me miro inquieta – te estas enamorando?
Claudia: - reí para luego quedar pensativa – siempre he pensado que uno se enamora solo de quien se enamora de uno
Paula: por la cara que puso, ella esta loca por ti
Claudia: no lo se, ese es el problema
Paula: por que no vas hablar con ella?
Claudia: y que quieres que le diga? – pregunte totalmente en blanco –
Paula: cuéntale nuestro plan, de alguna manera se que nos podrá ayudar
Claudia: - golpee en el brazo – ni siquiera pienses que ella se va a dejar tocar por alguien
Paula: -rió de mi enojo – no dejaría que nadie toque a la mujer de mi hermana – se alejo riendo –

Dejándome sola y sin saber que hacer, bueno hice lo de siempre, improvise… corrí al jardín y corte torpemente una de las flores que había ahí, entre a la casa nuevamente y la fui a buscar, la encontré en la cocina preparando el almuerzo junto a su madre, me pasee frente a la puerta y no me vio, volví hacerlo y tampoco llame su atención, pueden imaginarse lo ridícula que me veía paseándome frente a la puerta con un ramo de flores?... si, si, bastante estupida, al no conseguir nada fui al patio y corrí a la ventana que estaba frente a ella, comencé a saltar para que me viera y cuando por fin llame su atención me ignoro por completo y siguió en su tarea, le hice señas nuevamente pero esta vez para que saliera, perdida en sus gestos no me percate que su madre me vio, así que cuando la vi mirándome me hice la tonta y camine mas allá, volví a la entrada y ella se secaba las manos esperándome

Flor: necesita algo señorita? – pregunto sin mirarme –
Claudia: si, verte cada mañana al despertar – dije embobada por sus ojos –
Flor: que cosas dice? - preguntó encontrando mi mirada –
Claudia: - caí en cuenta de lo que había dicho – que, te traje flores – estire mi brazo para dárselas –
Flor: - quiso sonreír pero se contuvo – no se las puedo aceptar señorita
Claudia: no me digas señorita, soy Claudia – le dije subiendo los dos escalones que nos separaban –
Flor: - retrocedió un escalón – tengo cosas que hacer – intentó subir –
Claudia: y yo cosas que explicarte – tome su brazo y baje hasta su mano para acercarla a mi –
Flor: usted no tiene nada que explicarme, si le gusta Don Miguel no es mi asunto – dijo mirando nuestras manos mientras yo contenía la risa – que le causa gracia?
Claudia: que pienses que a mi me gusta él
Flor: por lo que dijo denantito su amiga, creo que le gusta y mucho – dijo cruzando los brazos –
Claudia: sabes lo que me encanta de ti – le dije acercándome otra vez sin permitirle escapar – que no te des cuenta que quien me gusta eres tu
Hilda: - se secaba las manos en la puerta – Flor, tenemos que terminar el almuerzo
Claudia: discúlpeme doña, es que les mostraba unas flores a la niña
Hilda: y para que quiere esas flores usted?
Claudia: se las iba a dar a una princesa, pero ella no las quiso
Hilda: pues que chica mas tonta que no le acepto el regalo – dijo ella, bajo mi asombro de aceptar mi condición –
Claudia: doña – le grite mientras Flor subía por las escaleras –
Hilda: dígame – tomando la manos de Flor –
Claudia: usted cree en los amores imposibles?
Hilda: no mija, el amor es amor y solo eso importa
Flor: - me miró con ternura, con vergüenza y con asombro –
Claudia: doña usted me permitiría regalarle estas flores a usted ya que la otra niña no me las quiso aceptar
Hilda: claro señorita Claudia. Las pondré en el florero junto con las que corto Flor
Claudia: eso sería genial – dije mientras doña Hilda se volteaba y yo aprovechaba para guiñarle el ojo a Flor que me volvía a sonreír –
Paula: - apareciendo atrás ...
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