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El reencuentro, 20 años después (a)

Autora: Lomb69, mexicana

30 min. El reencuentro, lugar oscuro por la tarde-noche

Era un sitio desconocido, el azar, la casualidad o el destino me llevaron hasta allí. La realidad es que iba en busca de una persona que me dijeron podía recomendarme para un trabajo. Se hacía tarde y no lograba dar con la calle, ninguna tenía nombre y los pocos transeúntes que encontré a mi paso me pedían alguna referencia para poder ubicarla. Empezaba a oscurecer y decidí intentarlo por última vez antes que la noche cayera y no fuera capaz de salir de ahí.

Hacía poco me había mudado a esa ciudad, deseaba dejar atrás mi vida pasada, y para ello era necesario cambiar por completo mi ambiente, olvidarme de todo y todos…

Vi de espaldas a una mujer, no quedaba nadie más en la calle y corrí tras ella pues caminaba a paso rápido, por un momento temí que no la alcanzaría; toqué su hombro pues me encontraba sin aliento, al voltear vi un rostro joven que me resultó vagamente familiar. No podía hablar, así que me tomé un tiempo para recuperarme, creí leer en sus ojos algo entre sorpresa y hostilidad, aunque el resto de su cara no expresaba emoción alguna. Cuando pude explicarme me dijo que sí conocía la calle y trató de explicarme como llegar, entendí a medias su explicación y probablemente mi rostro lo reflejó pues dijo que me acompañaría para evitar que me perdiera. El lugar no estaba lejos de ahí, caminamos en silencio, la notaba tan concentrada en sus pensamientos que no me atreví a interrumpirlos.

-Aquí es –dijo, y tocó el timbre.

-Muchas gracias.

-No sé si te diste cuenta, pero no hay luces encendidas y temo que no se encuentra nadie.

Miré de forma alternada la casa y a la chica, me sentía confusa, entonces dijo:

-¿Tienes el telefóno para localizar a quién vienes a buscar?

-Lo anoté pero no lo traigo.

Con un poco de fastidio dijo “bueno, pues… parece que tendrás que volver otro día”. Se dio la media vuelta para irse.

-Oiga, perdón pero no tengo ni idea de cómo salir de aquí.

Me miró con cara de incomodidad, suspiró con resignación y dijo “sígueme”.

Caminamos unas cuantas calles y me sentí realmente apenada, no sabía que decir. Fue ella quien rompió el silencio:

-Te llevo al sitio de taxis, con la hora que es dudo que pase pronto el colectivo.

-Está bien, gracias.

Llegamos al lugar, estaba vacío.

-Muchas gracias, no sé que hubiera hecho sin su ayuda.

No se movió de donde estaba.

–No quiero entretenerla ya hizo mucho por mi. Tendí mi mano para agradecer, se la quedó mirando y sin tomarla respondió que esperaría a que llegara una unidad, así no me quedaría sola.

Nos sentamos en una banca para los clientes.

El sitio de taxis- recuerdos

Yo la miraba de reojo, ella estaba ensimismada y no me atrevía a distraerla, sin cambiar de expresión dijo:

-Te conozco.

Ni siquiera lo pensé y con una sonrisa mal disimulada contesté:

-¿Sí? Yo creo que me confunde, hace menos de un mes que llegué a vivir a esta ciudad y antes nunca estuve aquí.

Hizo una mueca de disgusto.

-Piensa… –dijo entre dientes y un poco impaciente

La observé por un momento y empecé a reflexionar en voz alta.

-Compañera de escuela… no, es demasiado joven; de trabajo tampoco por la misma razón (saqué unos lentes de mi bolsa me los puse y me volví para verla) ¿podría darme alguna pista? –Ahora sí su cara era de franca diversión, incluso su boca dibujaba una sonrisa.

-Nos conocimos cuando no usabas lentes.

-¿Me puede decir algo más?

-Fue hace diecinueve años

-¿En serio? Seguro que entonces era una niña ¡Si aún lo es!

Volvió a ponerse seria.

-¿Dije algo malo?

-¿De verdad no te acuerdas? Yo he pasado todo este tiempo pensando en ti.

Me dio un escalofrío, pensé “esta chica me está tomando el pelo ¿en qué me metí?” la observé realmente concentrada. Esos ojitos me hablaban, no lograba entender lo que me decían pero sabía que me estaban diciendo algo.

-¿Puede darme más referencias? no logro imaginar dónde pude conocerla; calculo que cuando mucho tendrá treinta años.

-25 para ser precisos... ¿Puedes tutearme? Me haces sentir realmente incómoda.

-Lo siento... Entonces… ¿habrá tenido... 6 años cuándo nos conocimos? –Vi un breve destello en sus ojos– ¿Fuiste mi alumna el primer año que trabajé? ¡No!

-Sí, ¿sabes quién soy? ¿Recuerdas mi nombre? –Me dijo, y creí escuchar entusiasmo en su voz.

-Dame un minuto, a mi edad ya no es tan fácil... –se rió cuando dije esto–

-Cuarenta años tampoco es tanto.

La miré con detenimiento, cabello oscuro y lacio, cara terminada en un mentón un tanto cuadrado, fuerte, frente mediana rematada en una nariz pequeña aunque aguileña, ojos rasgados con pestañas medianas, boca mediana y de labios finos. Pero sobre todo, los ojos… no podía ser, la vida me estaba jugando una mala pasada. Yo estaba intentando huir y me topaba de frente con el pasado.

-Eres... ¡¿la chillona?!

Hizo una mueca de disgusto y dijo: ¿Así que no recuerdas mi nombre?

-Claro que sí Lía. ¡Tú nombre es Lía! -Dije con el orgullo de quien ha aprobado un examen difícil.

El comienzo

–Sí, ese es mi nombre, después de todo no te has olvidado de mí -y creí percibir tristeza en su voz.

Me entusismé de haberla encontrado.

-Pero cuéntame que ha sido de tu vida, ¿qué haces viviendo aquí? ¿A qué te dedicas? ¿Dónde está tu familia?

-Demasiadas preguntas para alguien que desapareció de mi vida hace tanto tiempo y jamás hizo por comunicarse ¿no crees? –dijo con amargura.

No pude mirarla.

-Tienes razón no tengo derecho de preguntar nada.

Bajé mi rostro y ambas permanecimos lado a lado sin pronunciar palabra, yo estaba sumida en mis recuerdos, conteniendo las lágrimas e intentando deshacer el nudo que se había formado en mi garganta, hasta que ella rompió el silencio, dijo que era tarde y tenía que marcharse, que esperara y seguro llegaría un auto en cualquier momento. Asentí con la cabeza y le di las gracias, no se movió por un rato hasta que volvió a hablar intentando contener un grito:

-¡Pensé que darías una explicación! -y se levantó de forma brusca. Creí que se había marchado y me levanté para caminar, sabía porque se sentía tan herida conmigo, pero también que ya no podía hacer nada para cambiarlo. Al levantar la cara la tenía frente a mi, sus ojos penetraron los míos, su mirada hablaba de mucho dolor, me tomó por los hombros, pegó su frente a la mía y rompió a llorar.

-¡Eres tan injusta y tan fría! –Dijo mirándome con furia- Tantos años y ni una sola llamada, ni una carta contestada, ni una dirección donde buscarte, dijiste que me querías. Tonta de mi al creerte, solo fui una más entre tantos niños.

Estaba desconcertada, después de todo ese tiempo… ella no sabía lo que había ocurrido. Por un momento creí que me golpearía, pero en vez de eso me abrazó y yo sentí estremecerme.

-Lía mírame -su cabeza se había recorrido hasta quedar oculta en mi cuello, ya se había tranquilizado pero no soltaba el abrazo. Claro que me acuerdo de ti –una sonrisa escapó de mi boca y sólo entonces me soltó, volvimos a sentarnos.

–¿Cómo olvidarme de aquella chiquilla de vestidito bordado y dos coletas que lloraba y lloraba a la entrada de la escuela? Era mi primer día de trabajo. Al llegar, vi que tu madre intentaba hacerte entrar, otras maestras te prometían dulces si entrabas y dejabas de llorar; en vano, ni soltabas a tu mamá ni dejabas de llorar. Sentí mucha ternura y me acerqué:

-Hola ¿cómo te llamas? —Levantaste tu carita hacia mí y dijiste con una vocecita:

-Lía.

-Yo soy Alicia, ¿quieres entrar a jugar conmigo y otros niños un ratito? -Dejaste de llorar.

-¿Puede venir mi mami?

-Creo que por hoy no, pero otro día la podemos invitar también -Volteaste a verla y ella asintió con la cabeza, se agachó y te besó. Soltaste su mano y tomaste la mía.

-¿Tienes juguetes Alicia?

-No, pero podemos conseguir.

Fui a la dirección a presentarme, te pedí que me esperaras afuera. Estuviste con la carita pegada al vidrio todo el rato, vigilando lo que ocurría. Me asignaron a primer grado, pero tú no estabas en la lista de mi grupo y vuelta a llorar nuevamente cuando traté de dejarte en tu grupo. La maestra, una mujer de edad avanzada y poca paciencia, dijo que era mejor que te llevara conmigo.

Me observabas muy fijamente:

-No pensé que te acordaras tan bien, hasta de la ropa y el peinado.

-Pues ya ves que sí.

Mientras hablaba miraba sus manos que jugaban en el regazo.

-Después nunca te soltaba, en broma los maestros decían que era tu hija y hasta lograron encontrarnos parecido. Tú sólo te reías y me abrazabas… y yo era la niña más feliz del mundo. Vivía preocupada por mis labores en la escuela, siempre me presentaba voluntaria para cualquier actividad con tal que estuvieras pendiente de mi. En segundo volviste a ser mi maestra, para entonces mis papás y tú llevaban una relación cercana, me ...
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