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El reencuentro, 20 años después (b)

Autora: Lomb69, mexicana

30 min. - ¿Estas fotos? –todas eran fotografías donde aparecíamos ella y yo.

-Te dije que no había permitido que mi mamá las rompiera.

-Sí, pero esto… es decir ¿por qué las tienes todas así?

-¿Así?

-¡Sí!

-No te entiendo.

Mi mente iba muy rápido, pero aún se negaba a aceptar lo que toda la noche habías estado diciéndome, me senté en la cama, intenté calmarme, pero no podía.

-¿Estás bien? Te pusiste pálida, déjame te traigo algo, recuéstate.

Te dejé hacer, volviste al rato con un té. Intenté levantarme pero no me dejaste.

-Quédate así un rato, y tómate el té.

-Pero estoy mojando tu cama.

-No importa, podemos cambiarla al rato.

Te obedecí.

-Ya está, creo que es mejor que me vaya.

-¿A esta hora? ¿Así? no creo.

-¿Así? –Tuve miedo que descubrieras que lo sabía.

-Sí, toda mojada. Ven, te llevo a bañarte.

-¡Pero si no traigo ropa! –empecé a sentir pánico.

-No te preocupes, te presto algo.

-No creo que me quede tu ropa.

-Tú confía en mí.

Otra vez obedecí, empezaba a preocuparme mi actitud tan sumisa hacia ti.

-Aquí está el agua caliente, el shampoo, y todo lo que necesitas. Voy a buscarte algo de ropa y te la traigo.

-Gracias.

-No es nada – me guiñaste un ojo y saliste.

Me deshice rápidamente de la ropa y entré a la ducha, tenía miedo que regresaras y me encontraras desnuda. Estaba muy preocupada, ¿en qué momento sucedió? ¿Por qué? ¿¿¿¿Cómo no me di cuenta???? Muchas cosas empezaban a tener sentido, pero… ¡sí eras una niña! No, no puede ser. Entraste y mis pensamientos se interrumpieron.

-¿Todo bien?

-Sí, gracias.

-¿Quieres que te acompañe?

-¡No! no es necesario.

-Ok, voy a preparar algo.

Con razón te caía mal Eduardo, por eso no te despegabas de mí. ¿Qué voy a hacer? ¿Cómo que qué voy a hacer? ¡Nada! Voy a salir y seguir como siempre, solo eres una niña y no sabes lo que dices, sólo es un recuerdo al que quieres aferrarte. Salí, tenía ya muy claro todo.

-¿Tienes hambre?

-Un poco, sí.

-Espero que te guste.

-Claro, gracias.

Comimos en silencio, no me atreví a decir nada, tenía la cabeza agachada.

-Estás muy pensativa ¿qué tienes?

-Nada, es el cansancio.

-¿Quieres ir a dormir? Pensé que podríamos platicar otro rato.

-¿De qué? Ya todo está claro.

-No todo.

-¿No?

-No, falta saber que pasará de ahora en adelante.

-…

-¿Quieres que sigamos como si nada hubiera sucedido o, que hagamos de cuenta que este encuentro nunca sucedió?- había temor en tus palabras, pero esperanza en tus ojos.

-…

-¿Por qué callas?

-No sé que decir. No quiero que estemos lejos –sonreíste- Pero ¿tus papás?

-¿Qué con ellos?

-Si se enteran…

-¿Qué pasa?

-Recuerda lo que sucedió…

-Ya no soy más una niña, no pueden decirme a quien ver o no, no pueden controlar mis sentimientos, nunca han podido a pesar de sus esfuerzos, no pienso esconderme o dejar que tú lo hagas ¡por Dios tengo veinticinco años! ¡No soy una niña! ¡Deja de pensar que lo soy!

-Es cierto.

-Si lo aceptan, perfecto y si no… peor para ellos.

-No quiero que tengas que elegir.

–No me hagas hacerlo.

–Nunca lo haría, primero es tu familia.

–Si me quieren tienen que apoyarme, no hay conflicto, no para mí. ¿Tú lo tienes? Lo que siento por ti es lo suficientemente fuerte, mírame después de tanto tiempo, y espero que lo que lo que sientes por mi lo sea.

-¿Y qué crees que siento por ti? –dije con la temblando.

-Esto –te acercaste y me besaste dulcemente, cerré los ojos y me dejé llevar, nunca me habían besado así. Mi cuerpo flotaba, mi estómago cosquilleaba, te abracé, te correspondí. Dejé que tu lengua invadiera mi boca, la mía fue a su encuentro y danzaron al unísono, estrechaste más el abrazo. Sentí un sabor salado en los labios, abrí los ojos y vi los tuyos, estaban cerrados y llenos de lágrimas. Te tomé los hombros y te separé.

-Lía, esto no puede ser –traté de controlar el temblor, estaba horrorizada- Piénsalo, soy casi tu madre. Tú estás enamorada de la imagen que tienes de aquella muchachita que yo era, no de la mujer madura que ahora soy. Son casi veinte años, ambas hemos cambiado.

-No eres mi madre, quizá cuando era muy niña yo creí que así te veía. Pero he crecido y sé que no es así ¿crees que no soy consciente de tu edad? Sé que has cambiado, pero no en esencia, al hablar contigo me lo has demostrado. Te amo y sé que lo seguiré haciendo.

-No creo poder con esto.

-¿Con qué?

-¡Con todo esto!

-¿Con qué? ¿Con mi amor? Dime que no me amas y no insisto.

-…

Tomaste mi cara entre tus manos, pegaste tu frente a la mía y repetiste.

-Sólo dime que no me amas, y aunque duela, te dejare ir.

-No puedo volver a herirte.

-No quiero lástima, quiero la verdad. No voy a llevar tu amor como lastre en mi vida, he dicho lo que siento y no me arrepiento, y si tú no sientes lo mismo continuaré con mi vida. Sólo pido la verdad.

Abrazos y llanto

¿Qué podía decir? ¿Qué aquél beso me hizo sentir algo que no creí que sintiera? ¿Qué deseaba volver a sentir tus labios tiernos y mi cuerpo vibrar? ¿Qué estaba muerta de miedo? ¿Tenía razón Rosalba? ¿¡en qué momento pasó por el amor de Dios!? Podía entenderlo de ti, ¡pero de mi! Ahora no sólo era una lesbiana, sino una lesbiana vieja con una jovencita. No, no podría con eso. Si no pude defender lo que sentí con Rosalba, menos podría defender esto que era indefendible, sentí que me había aprovechado de ti, de tu confianza, que tu madre había tenido razón al alejarte de mi… era demasiado. Pero ¿cómo rechazarte sin herirte? ¿Sin tener que salir otra vez de tu vida?

-Alicia, dime que no me amas –Tomaste mi barbilla y me miraste directamente a los ojos.

-Te quiero mucho Lía.

-Querer no es amar.

-No, no lo es –me solté y bajé la vista.

-Tu boca, tu cuerpo, tus ojos me dicen otra cosa.

Volviste a besarme tiernamente, pensé no corresponder; pero tenías razón, mi boca y mi cuerpo me traicionaban. Pedían más, mi boca exigía con urgencia más intimidad, el beso se hizo más profundo, mordí tus labios y jugué con tu lengua, te dejaste hacer ahora era yo quien llevaba la batuta. Te levanté sin dejar de besarte y te senté en mis piernas, te acomodaste a horcajadas y pasaste tus brazos alrededor de mi cuello y yo los míos de tu cintura y te apreté a mí. Bajaste tus manos por mi espalda y metiste las manos debajo de la camiseta, tuve que soltar tus labios y suspiré; metí mis manos bajo tu blusa y recorrí tu espalda ¡no llevabas sostén! Abrí los ojos y miré tu rostro, lo vi hermoso como nunca, radiante de felicidad y deseo….

-¡No puede ser! -Me levanté bruscamente y casi te tiro. Estabas decepcionada, casi a punto de llorar pero no dijiste nada, solo me mirabas- No puede ser Lía.

Cruzaste los brazos: -No te preocupes, entiendo.

-¿Entiendes?

-Entiendo, tienes miedo.

-…

-Ven, vamos a la sala –hiciste el intento de tomar mi mano, disimuladamente tomé mi taza de café para no tener que tocarte nuevamente –Siéntate.

-Lía, no hay más que hablar.

-Quizá tu no tienes que decir, pero yo sí.

-Nada me hará cambiar de opinión.

-Pero no has dicho que no me amas –intenté decir algo- y no te dejaré mentir así que escúchame. Te amo Alicia, y en parte tienes razón: amo a la jovencita que me hizo entrar a la escuela y gozar ir cada día durante seis años, amo a la mujer que me llevó a la playa y me dejó dormir abrazada a su cuerpo, amo a la mujer de mis fantasías, amo a la mujer que ha ocupado mis sueños, amo a la mujer que compartió su vida con Rosalba y la cuidó sus últimos días, amo a la mujer que dejó atrás todo para empezar de nuevo, amo a la mujer que me besó apasionadamente, amo a la mujer que tengo enfrente temblando de miedo, y eso ni tú podrás evitarlo. Cuando era niña pensaba que era hermoso ser tu consentida y me llenaras de mimos, cuánta vanidad me daba que dijeran que era tu hija; después empezó a molestarme ¿Recuerdas lo mal que empecé a ir en la escuela cuándo ya no fuiste mi maestra? Todo con tal de estar más tiempo contigo; sacar diplomas, enfermarme, odiar a Eduardo y cualquier otro que se te acercara, hacer mil cosas para que estuvieras al pendiente de mí. No poder entender esa necesidad de estar contigo, de tocarte, de que me tocaras; crecer imaginando lo que podría ser si tú me amaras como yo, querer decirte “Te amo” y tú estar quien sabe dónde, tener que tragármelo por tantos años… (Respirabas agitada) Y ahora estás aquí, queriendo negar lo que cada poro de tu cuerpo ...
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