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Emily

Autora: TeQuieroMujer, dominicana

27 min. Siempre he sostenido que no se puede odiar lo que no se conoce. No encuentro la lógica en sentir desprecio por algo de lo que no tienes suficiente conocimiento. La chica de la que voy a hablar a continuación aprendió esto de un modo un tanto cruel, pero seamos sinceros, ¿cómo más podía yo hacerla recapacitar? ; )

Esto sucedió a principio de mi último año en el bachillerato. Al haberme mudado a los Estados Unidos y no tener mucho conocimiento de la cultura americana ni hablar fluidamente el idioma, el consejero de mi clase pensó que sería una buena idea tomar una hora tres veces por semana para charlar con otra estudiante de mi misma edad en lugar de tomar notas o algo así. A mí me pareció muy tentadora la idea de pasar una hora hablando de trivialidades en lugar de estar sentada en un aula aburrida y haciendo tareas, y por lo que sé, Emily (así se llama la chica) pensó exactamente lo mismo que yo, además de que le darían créditos extra por “ayudar” a una nueva estudiante.

El día que conocí a Emily, se notaba muy simpática y divertida, y aunque no sentí ninguna atracción física o sexual hacia ella, estaría mintiendo si dijese que no era una hermosura. Pero en vez de desearla por sus ojos verdes, su melena ondulada y negra, su rostro angelical y travieso a la vez, o su atlético cuerpo, me pareció que en realidad podíamos llegar a ser amigas o por lo menos disfrutar el tiempo que pasaríamos juntas; pero mis teorías estaban muy lejos de la realidad... Ese primer día, Emily y yo nos presentamos. Teníamos casi la misma edad, estábamos en el mismo grado, ambas teníamos la misma hora de almuerzo, en fin, todo era perfecto como para poder formar una amistad.

Emily y yo nos estábamos llevando de maravilla, ya había pasado la primera semana y no habíamos tenido dificultad en encontrar temas de conversación. Para ese entonces, Emily tenía novio y me hablaba muy frecuentemente de él. Ella no era la típica chica romántica que siempre quería más y más detalles por parte de su chico, lo que hacía que él se sintiera cómodo con ella por no ser “como las demás”. Aunque Emily se llevaba muy bien con él, ella me contaba que él era más como un amigo para ella, y en un momento de sinceridad (y debido a la conversación que estábamos sosteniendo) me confesó que no era bueno en la cama.

Hasta ese entonces todo era muy entretenido con ella, hasta me hacía olvidar que había dejado a mis amigos más viejos en la República Dominicana. El consejero que en un principio nos presentó, notó la amistad que crecía entre nosotras. Como siempre estábamos sentadas en una antesala de su oficina, decidió darnos un permiso para salir a comprar unas hamburguesas o unas batidas fuera de la escuela. Emily y yo no desaprovechamos su oferta, y enseguida tomamos el pequeño papelito que nos permitiría salir sin ser detenidas o castigadas.

Ya que Emily tenía carro, fuimos al parqueo y allí localizó su vehículo, que para ser ella tan joven, su auto era muy moderno. Inmediatamente presionó el botoncito para quitar el seguro, abrí la puerta y procedí a montarme… ¡No lo podía creer, que desastre tenía ahí dentro! Y muchas colillas de cigarrillo. Era como si hubiese pasado un huracán o algo parecido (reí para mis adentros al pensar esto).

-Disculpa el desorden- decía Emily un poco divertida al notar mi cara de asombro- No he tenido tiempo de lavar el auto esta semana.

Al cabo de unos minutos pude evitar que mi rostro volviera a esa expresión de antipatía y repugnancia, en fin, quien era yo para juzgarla porque con apenas 18 años era tan adicta al cigarrillo; como ya dije al principio, no se puede juzgar lo que no se conoce, y yo nunca he experimentado adicción al tabaco.

Estuve entretenida mirando los autos que nos rebasaban y respirando el aire “puro” de la ciudad—digo “puro” porque aunque en la ciudad no es posible apreciar un aroma fresco, era ciertamente imposible respirar propiamente en el auto de Emily.

-Oye, -me sacó Emily de mi trance.

-Sí, dime?- le contesté con una sonrisa

-Sé que en tu país esto tal vez no sea tan común pero, ¿Te molesta que fume?- tomó un segundo para mirarme

-No, para nada.-Le sonreí- Lo que pasa es que no sabía que fumabas, eso es todo. Además, mi mamá fuma igual o más que tu- ambas reímos. Ella sacó un cigarrillo de su cartera y luego lo encendió. Sostenía en cigarrillo entre su dedos índice y mayor (corazón) de su mano izquierda. ¡Se veía tan sensual que no pude evitar quedarme observándola mientras abrazaba el cigarrillo con sus finos labios y luego precedía a expulsar el humo suavemente con sus ojos entreabiertos. Si bien yo no fumaba, me encantaba ese estilo suyo de hacerlo.

Cuando llegamos al sitio, ordenamos nuestras batidas, hablamos un poco más mientras las bebíamos, y nos fuimos directamente a la escuela. Había sido agradable salir, pero no podíamos excedernos del tiempo acordado.

Al volver a la oficina y volver a sentarnos en las mismas sillas en las que habíamos estado sentadas las últimas cuatro semanas, ambas sentimos un cansancio y un aburrimiento extraño en nosotras. Tomábamos lo que quedaba de nuestras batidas cuando a Emily le dio un calambre en su pierna izquierda por estar sentada tanto tiempo en la misma posición. Yo le recomendé que la agitara, así se le pasaría más rápido y no sentiría tanto la molestia del calambre en sí. Emily procedió a agitar la pierna y se veía tan graciosa de ese modo que no aguante echar una carcajada, ella me decía que no era gracioso, pero también se reía a carcajadas mientras me regañaba. Entre las risas y el movimiento de pierna, Emily tropezó con el estante provocando que unos libros se cayesen. Reímos un poco más y tomé dos de los libros para volver a colocarlos en su lugar, al parecer uno de los libros le había llamado la atención a Emily, ya que mientras yo organizaba los libros que había tomado, ella observaba la portada de uno de los libros que había recogido del suelo.

-Ewwww!- Expresó Emily con repugnancia al darse cuenta de que se trataba el libro.

-¿Qué pasa, tan malo es el libro?- dije divertida

-No solo es malo, es asqueroso!

-No puedes juzgar un libro solo por su portada

-Lo que digas, pero para que veas que no me equivoco, escucha la descripción de detrás. – tomó el libro y procedió a leer.

Sería imposible describir mi decepción y expresión facial al saber de qué se trataba el dichoso libro. Cada palabra que Emily leía de la parte trasera del libro añadía a su rostro otra expresión de repulsión, y en mí provocaba decepción y algo de tristeza saber que una historia romántica de lesbianas le provocaba (a la chica que yo pensaba podía ser mi amiga) semejante reacción. Lo único que pude pensar, o más bien preguntarme, fue ¿Qué diría, o pensaría ella si supiese que todas estas semanas ha estado lidiando con una lesbiana?

-Es asqueroso como dos mujeres pueden estar juntas.- opinaba Emily- Estar con una mujer es como estar con un hombre sin pene, son inservibles para el sexo- Añadía con aun más rudeza que al principio.- Se visten como hombres, se cortan el pelo como ellos- continuaba- Su problema es tan severo que hasta la iglesia está en contra de todos los maricas y esas putas lesbianas que siempre andan mirándonos las tetas a nosotras las normales.- Se expresaba con repugnancia, indiferencia, ignorancia, y podría decirse que hasta odio mientras apartaba el libro de su vista.

Después de escuchar esto, ya no me sentía decepcionada, sorprendida, ni nada parecido, más bien me sentía fastidiada e indignada. Se notaba que Emily no sabía de lo que hablaba, que no había tenido una amiga o un amigo homosexual. Era obvio que si sabía de lesbianas y chicos gay, era porque los veía de lejos en lugar de haber tenido real interacción con ellos. El simple hecho de tener en su mente ese estereotipo tan simplificado y en muchas ocasiones desacertado de las lesbianas me molestaba de sobremanera.

Ese día llegué a mi casa y me encontraba un tanto hastiada, enfurecida y ansiosa debido a lo que Emily había dicho. Sentía que tenía que “darle una lección” por tener esa visión tan errada de las lesbianas y por referirse a nosotras como putas que solo andamos mirándoles los pechos a las “normales”. Pero que podía decirle, “soy lesbiana y no tengo pelo corto”? o algo como “Soy lesbiana y no ando mirándote las tetas”? Tenía que ser algo que realmente la hiciera cambiar su punto de vista o por lo menos pensar un poco más al respecto para que no ande por ahí ofendiendo gente con sus comentarios sin fundamento.

En la noche, cuando me iba a dormir algo pasó;

-¡Lo tengo!- dije de la nada y en voz alta- Claro, como no se me había pasado por la mente- seguía conversando conmigo misma- ¡La mejor manera de hacer que piense más las cosas es seduciéndola!-(Juro que en el momento no reconocía lo descabellada que era esta idea)- Si la seduzco y le gusto, se estará comportando y sintiendo como lo que con tanto odio erróneamente describió y denigró!- Me decía a mí misma con determinación- ¡Que brillante soy!

Al día siguiente en la escuela, estaba planeando cada detalle de lo que haría: cuándo, cómo, qué, y dónde. Siempre he sido muy determinada y buena para hacer planes así que estaba segura de que esto iba a salir perfecto. No recordaba haber implementado mis “habilidades” para un acto tan macabro, pero esto no solo me emocionaba sino que también me hacía sentir que iba a hacer algo bueno dándole una lección a Emily usando ese procedimiento. El día pasó volando, y en lo que a mí me pareció poco tiempo, ya estaba en mi casa cuadrando los últimos detalles de mi excelso plan ya que al día siguiente me tocaba comenzar a ...
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