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Las noches de Perséfone - 1

Autora: Joliene, mexicana

9 min. La verdad es difícil explicar la situación en la que me encuentro el día de hoy, estoy aquí, sosteniendo la mano de Perséfone, esperando que lo inevitable pase, no sé si la muerte o que por fin alguien nos encuentre aquí. Pero supongo que, como todas las cosas sería más fácil de explicar si comenzamos por el inicio.

Mi nombre es Joliene, si, como la canción… eso es el resultado de tener un padre americano y una madre mexicana, terminar con un nombre mal traducido… pero bueno.

Yo crecí en el sur de Estados Unidos, en una cultura permeada un poco de ambos mundos, donde todo era capaz de convivir en una extraña armonía. Cuando cumplí suficiente edad y viendo que lo que más me gustaba en el mundo era viajar, decidí ir a vivir al centro de México, contra los deseos expresos de mi padre, pero al final, era joven (al menos más joven), recuerdo poco de ese entonces, la verdad es que paso muy rápido y de manera muy atropellada.

Recuerdo la despedida, ver a mi madre, como toda buena latinoamericana acercarse a mi y darme la bendición, y recuerdo a mi padre, como todo buen americano, diciéndome que tuviera mucho cuidado... quizás debí hacerle caso, tener más cuidado… pero en este punto no lo se.

Recuerdo montarme al avión, recuerdo las horas de viaje, recuerdo las escalas… recuerdo sobrevolar ciudad de México y tener esa sensación en la boca del estomago de que algo pasaría, en ese momento, en mi inconciencia, lo tome como la excitación previa de la nueva vida, de lo que ahora se avecinaba ante mi y era imposible controlar, la sensación mas pura de aventura en todo su esplendor… de haberlo sabido… no habría bajado del avión. El plan en ese momento era, viajar y seguir viajando, tenia amigos y familiares repartidos por todo México, asi que mi plan simplemente era conocer, esa parte de mi vida, de mi historia que sentía que estaba perdida.

Recuerdo la línea enorme del aeropuerto en ciudad de México, la fila de migración, y verla ahí, parada, era una mujer hermosa, al menos a mi me lo parecía, morena clara de ojos grandes muy obscuros y una sonrisa confiada que solo se consigue con los años.

Me miro fijo, la mire de regreso… me sonrió y yo le sonreí… supongo que eso sello el pacto.

La vi quedarse ahí mientras esperaba mi maleta, mientras la recogía, mientras buscaba la salida, mientras tomaba un taxi que me llevara a la casa de Luis, un amigo de la infancia…

De golpe, mientras el taxi se alejaba despacio me pregunte lo mismo de siempre, ¿Por qué no le había hablado?, estaba sola en un lugar nuevo y me gustaría tener amigos, al final a eso venia, a la aventura, y aunque siempre había tenido el gusanito de salir con una chica, de besarla, de estar con ella, por alguna cosa o por otra jamás había pasado. Cosa que no tardo mucho en resolverse, supongo que fue el destino, solo vi como una camioneta negra se nos cerró en el camino, vi como el taxista levanto las manos al frenar, yo me llene de pavor, solo pensaba en mi madre, en mi padre, en la horrible sensación de vacío que tenía en la boca del estómago.

No puedo decir que me trataron con violencia, porque no fue así. Un hombre moreno, mal encarado se bajó de la camioneta, mi primera intención fue huir, pero al ver que portaban armas pensé que era mejor ser prudente, no tenía nada de mucho valor así que, bueno, esperaba tener suerte.

Se paró al lado de mi puerta y se limitó a decirme.

-Señorita, acompáñenos por favor -, yo me limite a asentir con la cabeza, tenia demasiado miedo para tratar de huir, para correr, me subieron a la camioneta con mi maleta…

- yo no he hecho nada, ¿dónde me llevan?, les juro por dios que no tengo dinero, por favor déjeme ir – me deshacía en suplicas, en peticiones, en tratar de conseguir una explicación coherente a lo que estaba pasando pero se limitaban a no hablar conmigo.

Manejaron por la carretera por espacio de media hora, mientras yo trataba de pensar como salir de esto viva… al final era todo lo que me importaba. Estacionaron en una reja de metal, se abrió para dejarnos entrar, manejaron entre la seguridad, hasta que estacionamos.

-Baje por favor señorita – se limitaron a decirme, mientras alguien mas bajaba mi maleta.

-yo no he hecho nada, ¿Por qué estoy aquí? – me limite a preguntar entre llantos.

Nadie contestaba, había una secrecía total respecto a todo, me condujeron entre llantos a una casa tipo villa, muy bien decorada, con muebles muy lindos, ventanas enormes, que llevaban a ver un jardín lleno de rosas en una propiedad totalmente asegurada, amurallada.

Me sente ahí, viendo a la nada, llorando tratando de entender, de escapar de este lugar extraño en el que ahora estaba sin ningún motivo, no puede mas, me tape la cara con las manos tratando de evadirme de todo esto. Hasta que la escuche llegar…

-Hola, ¿por qué has huido? - me dijo una voz, al levantar la cara la vi ahí, la misma mujer del aeropuerto, ahí , me miraba fijo con la misma sonrisa.

-tu… ¿qué deceas tu de mi? – le dije extrañada

-solo quiero saber porque te has marchado asi, ¿has visto todo lo que he tenido que hacer para traerte a mi lado?, hemos perdido tiempo valioso y el tiempo es dinero.

- no te entiendo, déjame ir por favor, yo no he hecho nada, no sé quién eres y no sé qué deseas – me limite a decir atropellando las palabras – quiero llamare a mi casa, no tengo dinero, soy una persona común y corriente, por favor, solo déjame ir – dije mientras me deshacía en llanto.

Me vio extrañada por un momento – ¿de donde vienes? – se limito a decir.

Entre llantos, alcance a pronunciar - vengo de Texas -.

-¿Cómo te llamas? – dijo un poco más curiosa, yo me limite a sacar de mi maleta mi pasaporte, mis identificaciones, - me llamo Joliene – se tocó la frente y respiro profundo…

Tomo el teléfono que desde hace rato jugueteaba entre sus dedos, marco un numero al azar y empezó a gritarle a alguien – Tenias un trabajo y solo uno… me has traído a la chica equivocada, ¿qué quieres que haga ahora?, ni siquiera es mexicana eres un idiota, sabes el problema en el que nos vamos a meter por esto – se escucho un silencio profundo y la escuche decir al final – si quieres matarla ven y mátala tu -.

Me quede quita, inmóvil, en ese momento tuve mas miedo que nunca.

Se sento frente a mi con una calma que me aterraba y con la misma sonrisa inmutable me dijo – lo lamento, todo esto ha sido un error, van a venir por ti en un rato, mientas estas en tu casa –dijo mientas se ponía de pie para salir de la sala.

-Vas a dejar que me maten, porque han cometido un error – dije entre llantos –cuando menos déjame llamar a mi casa.

- el error no fue mio pequeña, asi que no es mi culpa ni mi obligación solucionarlo, en cuanto a la llamada, me es imposible… ¿vas a decir qué? , ¿qué te matare? o ¿qué estas secuestrada?... no puedo confiar en ti.

-solo quiero hablar con mi mama – me limite a decir, entre llantos.

Ella me vio, quizás con compasión… - gánate mi confianza y puede ser – entendí en ese momento que, jugar el juego que ella me proponía, era la única oportunidad de salir con vida.

-Será como tu desees- dije limpiándome las lágrimas, tratando de pensar que si de alguna manera me ganaba su confianza, un día podría volver a casa… la pérdida del juego ya la tenía segura… quizás… podría ganar.

Se limito a sentir con la cabeza, mientras sonreía, se quedo ahí viéndome, mientras trataba de incorporarme, a pesar de todo, de mantener la calma, de verme fuerte.

-Bueno Joliene, que hace una criaturita como tu sola en Mexico ,¿no sabes que existe gente mala?, ¿qué es peligroso que las niñas pequeñas anden solas? – me dijo de manera sínica.

- ¿Qué podría pasarme?, ¿me van a secuestrar?- dije enojada, lo cual, hiso que se riera.

- bueno, al menos todavía tienes sentido del humor – dijo mientras las dos veíamos como el mismo tipo que me había sacado del taxi entraba a la sala…

- Señorita acompáñeme por favor - dijo tomándome del brazo con ira, mientras con la otra mano tomana mi maleta.

- Suerte pequeña – se limito a decir la mujer mientras salía del cuarto.

Yo hize un esfuerzo sobre humano por zafarme, termine jaloneada por la ropa pero logre tomarla da la mano… - no dejes que me lleven, por favor, déjame quedarme contigo – dije en medio de una suplica, mientras le tomaba la mano tan fuerte como un niño que no quiere ir a la escuela…me miro, sonrió de nuevo, me acaricio el dorso de la mano con el dedo pulgar y respirando profundo se limitó a decirme.

-Eres muy linda, eso es un problema… Julio, suéltala… ahora es mía – dijo de una manera muy firme, acto seguido el hombre me soltó, soltó mis cosas… salió de la habitación.

Yo termine por aferrarme a su cuerpo mientras le agradecía, en voz bajita una y otra y otra vez que me permitiera quedarme, que me permitirá vivir.

-Bueno… es suficiente – dijo alejándome de su cuerpo en un tono serio –vas a tener que quedarte aquí un tiempo, hasta que pueda confiar en ti – asentí con la cabeza – puedes estar en la casa, pero no puedes salir de ella, si necesitas algo dile a cualquier persona de servicio, aquí eres mi invitada, así que espero que sigas mis reglas – dicho esto tomo mi maleta y la puso dentro de una habitación se sentó en la cama, mirándome fijo me dio su teléfono mientas decía – llama a tu casa, yo también tuve mama-

Marque con apuro antes de que se arrepintiera de su subido gesto y medí cada unas de mis palabras tratando de contenerme, de no hablar de mas y no llorar. Me limite a decir que estaba bien, que México era hermoso ...
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