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/*-*/Amor gratis/*-*/

Qué hace que mi vida valga la pena cuando ella ha dejado de estar a mi lado. Quizá no hice nada salvo amarla sin demostrárselo. Era tan extrovertido con los demás que sólo le daba mi cansancio. Recuerdo sus grandes ojos, separados por una caribeña nariz aplastada y encima de unos hermosos labios, de una boca que nunca cerraba. Su pelo siempre estaba cambiando, sometido a todas las gamas de tintes y cortes posibles. Podía aparentar todo tipo de belleza (apolínea, helenística, exótica, etc.) sin dejar de viajar de sí misma.

Cambió un continente arrasado por la guerra por otro arrasado por los sentimientos; miserias humanas por míseros humanos; ilusión ante las pequeñas cosas por la desilusión del todo; el abrazo de los suyos por el desprecio de desconocidos; la ingenuidad aprendida por la maldad vivida; y sobretodo, se quedó sin sonrisa para vivir según nuestro sistema.

Toda mi vida he ido guiado por mi madre, una señora de estoica vida y víctima del alcoholismo de un personaje llamado marido. Un hombre que se gastaba el salario en cervezas y máquinas tragaperras. Cada día lo iba a buscar por todos los bares del barrio para traerlo a casa, donde nos realizaba un crudo recital de palizas e improperios. Jamás leyó un libro, aunque creó que pudo haberse aprendido algunos párrafos de Maquiavelo.

La protección materna me enseñó, desde muy adolescente, que nunca sufriría por nada ni nadie. Con el tiempo fui creciendo separado de todo lo malo, que mi bondadosa progenitora apartaba de mí ferozmente.

Luego, al acercarme a la madurez, empecé a tropezarme con situaciones que no podía admitir o entender.

Mi chica siguió con la protección e hizo que me independizara junto a ella en un apartamento por el que debía luchar. Por primera vez veía como mi dinero cambiaba de sitio, mi cuenta corriente disminuía a causa de las innumerables facturas que costaba mi vida; lo que pagaron mis padres, sin protestar, para crear a un desagradecido e irascible treintañero.

Me resultaba novedoso contemplar como la comida, antes de llegar a mi plato, pasaba por mis manos que transportaban las bolsas desde el súper. La comida buena y gratis de mi madre pasó a ser un conjunto de alimentos escasos y congelados que mi sueldo llegaba a pagar.

Empezaron las peleas con mi compañera debidas a mi obstinación por visitar a mi envejecida mamá. A veces incluso agotaba la jornada enlazando con la cena y la leche caliente, que me tomaba en la habitación que siempre me había acompañado. Al cabo de dos días aparecía por el piso para escuchar una lista de agravios y amenazas que no impedía segundas escapadas. La relación tomó carácter de urgencia madurez. Cómo había logrado semejante putada, me lo preguntaba una y otra vez. Para qué había abandonado mi “mundo feliz”. Realmente necesitaba emparejarme con una histérica que me castigaba sin amor cada vez que fallaba en aquello que no sabía. Porqué rechistaba para repetirme una y otra vez que ella no era mi madre. El cariño de mi novia podía ser mejor que el de mi madre, aunque cada vez era más nefasto por culpa de su cansancio; algo que nunca vi en la maravillosa persona que me trajo al mundo, y dueña del único amor incondicional recibido gratis en este mundo.

Pensaba que debía agradecerme que dejase mi cómoda vida familiar con la aventura de estar a su lado. Pasé unos meses entendiendo esa lección a la que llamaban compromiso y responsabilidad. Pude acariciar el entendimiento, pero siempre volvía a la búsqueda de la protección materna.

Fallé en mi relación y confundí a la mujer que amaba con la mujer de la que provengo. Hice las maletas y, después de cuatro años, volví a la casa de siempre. Aunque mis padres ya no eran los mismos de antes. No me ayudaban y me empezaba a sentir como un invitado transitorio.

Pasó el verano para llegar a un traumático invierno sin besos y paseos con la mujer que me los había dado durante tanto tiempo.

Una tarde empecé a llorar y agarré el teléfono para llamarla, casi no podía teclear su número, las manos me temblaban. Por suerte, escuché la voz de mi madre para que fuese a la cocina para comer la merienda que aún me preparaba.

Óscar Valderrama Cánovas

***************

Love /*-*/ free /*-*/

What makes my life worthwhile when she has ceased to be by my side. Maybe I did not love anything except to be proved. He was so outgoing with others who only gave him my tiredness. I remember their big eyes, separated by a Caribbean squashed nose and above beautiful lips, a mouth that never closed. Her hair was always changing, subject to all ranges of dyes and possible cuts. I could pretend all kinds of beauty (Apollonian, Hellenistic, exotic, and so on.) While traveling from itself.

It changed a continent ravaged by war for another ravaged by feelings; human miseries by miserable human illusion to the little things for the disappointment of all, the embrace of his disdain for some unknown; naivete learned by the evil lived; and above all, was unsmiling to live according to our system.

All my life I have been guided by my mother, a lady of estoica victim of alcoholism and life of a character called husband. A man who spent wages in beer and slot machines. Every day I went to look for all the bars in the neighborhood to bring him home, where we performed a recital of beatings and crude posts. I never read a book, although that could have been created learned a few paragraphs of Machiavelli.

The maternal protection taught me, from a very young person who never suffer for anything or anyone. Over time I was growing separate from everything bad that my caring parent away from me ferociously.

Then, to get close to maturity, I started tripping over situations that could not accept or understand.

My girl continued with the protection and independence that I made next to her in an apartment for which they had to fight. For the first time he saw as money changed my site, my current account decreased because of the many bills that cost my life, what my parents paid without protest, to create an ungrateful and irascible treintañero.

I was contemplating as a novel food before reaching my plate, passing through my hands that carrying bags from the superstar. The good food and free from my mother became a package of frozen food scarce, and that came to pay my salary.

They started fights with my partner due to my obstinacy to visit my aged mother. Sometimes even exhausted the day linking with dinner and the hot milk, which I took in the room that had always accompanied me. After two days appeared across the floor to hear a list of grievances and threats that did not prevent second getaway. The relationship took urgent maturity. How had made similar putada, I asked again and again. Why had left my "brave". We really needed a pair punished without hysterical that I love every time I failed in what they did not know. Why rechistaba to repeat again and again that it was not my mother. The love of my girlfriend might be better than my mother, although it was increasingly grim because of his fatigue, something we never saw in the wonderful person who brought me into the world, and owner of the only unconditional love received free in this world.

I thought I should thank me to leave my comfortable life with the adventure of being at his side. I spent a few months understood that lesson to the callers commitment and responsibility. I was able to caress the understanding, but always returned to the search for the maternal protection.

Failed in my relationship and confused the woman he loved with the woman I come from. I made the bags and, after four years, I returned to the house forever. Although my parents were no longer the same as before. Not helped me and I started to feel like a guest transitional.

He spent the summer to reach a traumatic winter without kisses and walks with a woman who had given me for so long.

One afternoon I began to mourn and grabbed the phone to call her, almost could not enter their number, I was shaking hands. Luckily, I heard the voice of my mother to make it to the kitchen to eat snacks that have prepared me.

Oscar Valderrama Canovas


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