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Beatríz Sarlo:

"Escenas de la vida posmoderna": Capítulo 1:
1. CIUDAD
(...)El paisaje: el shopping-center, es un simulacro de ciudad de servicios en miniatura, donde todos los extremos de lo urbano han sido liquidados: la intemperie, que los pasajes y las arcadas del siglo XIX sólo interrumpían sin anular; los ruidos, que no respondían a una programación unificada; el claroscuro, que es producto de luces diferentes, opuestas, que disputan, se refuerzan o, simplemente, se ignoran unas a otras; la gran escala producida por los edificios de varios pisos, las dobles y triples elevaciones de los cines y teatros, las superficies vidriadas tres, cuatro, cinco veces más grandes que el más amplio de los negocios; la proliferación de escritos de dimensiones gigantescas, arriba de los edificios, sobre las marquesinas, en grandes letras pegadas sobre los vidrios de decenas de puertas vaivén, en chapas relucientes, escudos, carteles pintados sobre el dintel de portales, pancartas, afiches, letreros espontáneos, anuncios impresos, señalizaciones de tránsito.
Estos rasgos, producidos a veces por el azar y otras por el diseño, son (o fueron) la marca de una identidad urbana. Hoy, el shopping opone a este paisaje del "centro" su propuesta de cápsula espacial acondicionada por la estética del mercado. (...) El shopping no recorre de una punta a la otra, como si fuera una calle o una galería; el shopping tiene que caminarse con la decicion de aceptar, aunque no siempre, aunque no del todo, las trampas del azar. Los que no acepten estas trampas alteran la ley espacial del shopping, en cuyo tablero los avances, los retrocesos y las repeticiones no buscadas son una estrategia de venta. El shopping, responde a un ordenamiento total pero, al mismo tiempo, debe dar una idea de libre recorrido: se trata de la ordenada deriva del mercado; es una cápsula donde, si es posible no encontrar lo que busca, es completamente imposible perderse.
(...) El shopping tiene una relación indiferente con la ciudad que lo rodea: esa ciudad es el espacio exterior, bajo la forma de autopista con villa miseria al lado, gqan avenida, varrio suburbano o peatonal. En el shopping no sólo se anula el sentido de la orientación interna sino que desaparece por completo la geografía urbana. La ciudad no existe para el shopping porque éste ha sidop construído para reemplazarla. Cuando el shopping ocupa un espacio marcado por la historia lo usa como decoración y no como arquitectura. El shopping es todo futuro: construye nuevos hábitos, se convierte en un punto de referencia, acomoda la ciudad a su presencia, acostumbra a la gente a la gente a funcionar en el shopping. (...) Se nos informa que la ciudadanía se construye en el mercado y los shoppings pueden ser vistos como los monumentos de un nuevo civismo. En los shoppings no podrá descubrirse, como en las galerías del siglo XIX, una arqueología del capitalismo sino su realización más plena.
(...) En el shopping de intención preservacionista la historia es paradojalmente tratada como sowvenir y no como soporte material de una identidad y temporalidad que siempre le plantean al presente un conflicto. Evacuada la historia como "detalle", el shopping sufre una amnesia necesaria a la buena marcha de sus negocios, porque si las huellas de la historia fueran demasiado evidentes y superaran la función decorativa, el shopping viviría un conflicto de funciones y sentidos: para el shopping, la única máquina semiótica es la de su propio proyecto. En cambio, la historia despilfarra sentidos que al shopping no le interesa conservar, porque en su espacio, además los sentidos valen menos que los significantes. El shopping es un artefacto perfectamente adecuado a la hipótesis del nomadismo contemporáneo. (...) Cuando el espacio extranjero, a fuerza de incomunicación, amenaza como un desierto, el shopping ofrece el paliativo de su familiaridad.
(...) Los puntos de referencia son universales: logotipos, siglas, letras, etiquetas no requieren que sus intérpretes estén afincados en ninguna cultura previa o distinta de la del mercado. Así, el shopping produce una cultura extraterritorial de la que nadie puede sentirse excluído(...) Su extraterritorialidad tiene ventajas para los más pobres. El shopping es exactamente una realización hiperbólica y condensada de cualidades opuestas y, además, como espacio extraterritorial, no exige visados especiales. Los pobres van los fines de semana cuando los menos pobres y los más ricos prefieren estar en otra parte. El mismo espacio cambia con las horas y los días mostrando esa cualidad transocial que, según algunos, marcaría a fuego el viraje de la posmodernidad.el mercado, potenciando la libertad de elección (aunque sólo sea de toma de partido imaginario), educa en saberes que son, por un lado, funcionales a su dinámica, y, por el otro, adecuados a un deseo joven de libertad antiinstitúcional. La velocidad con que
el shopping se impuso en la cultura urbana no recuerda la de ningvn otro cambio de costumbres, ni siquiera en este siglo que está marcado por la transitoriedad de la mercancia y la inestabilidad de los valores. (...) En ciudades que se fracturan y se desintegran, este refugio antiatómico es perfectamente adecuado al tono de una época. Donde las instituciones y la esfera pública ya no pueden construír hitos que se piensen eternos, se erige un monumento que está basado precisamente en la velocidad del flujo mercantíl. El shopping presenta el espejo de una crisis del espacio público donde es difícil construir sentidos; y el espejo devuelve una imagen invertida en la que fluye día y noche un ordenado torrente de significantes.
2. MERCADO
(...) Las identidades, se dice, han estallado. En su lugar no está el vacío sino el mercado. Las ciencias sociales descubren que la ciudadanía también se ejerce en el mercado y que quien no puede realizar allí sus transacciones queda, por así decirlo, fuera del mundo. El mercado unifica, selecciona y, además, produce la ilusión de la diferencia a través de los sentidos extramercantiles que toman los objetos que se obtienen por el intercambio mercantíl. (...) El deseo de lo nuevo es, por definición, inextinguible. (...) Hoy el sujeto que puede entrar en el mercado, que tiene dinero para inverir en él como consumidor, es una especie de coleccionista al revés. En lugar de coleccionar objetos, colecciona actos de adquisición de objetos. Para el coleccionista al revés, su deseo no tiene objeto que pueda conformarlo, porque siempre habrá otro objeto que lo llame. Colecciona actos de compra-venta, momentos perfectamente incandescentes y gloriosos. Es, una colección de actos de consumo en la que el objeto se consume
antes de ser ni siquiera tocado por el uso. En el polo opuesto al coleccionista al revés están los excluidos del mercado(...) Cuando ni la religión, ni las ideologías, ni la política, ni los viejos lazos de la comunidad, ni las relaciones modernas de la sociedad pueden ofrecer una base de identificación ni un fundamiento suficiente a los valores, allí está el mercado, un espacio universal y libre, que nos da algo para reemplazar a los dioses desaparecidos. Los objetos son nuestros íconos(...) Aquello que los hace deseables, también los vuelve volátiles.(...) Los objetos privados envejecen rápido y de esta vejes sólo podría salvarlos el diseño perfecto. Los objetos de diseño "común" sólo se conservan cuando no pueden ser reemplazados por otros más nuevos y mejoreres. El tiempo fue abolido en los objetos comunes del mercado porque son completamente transitorios.(objetos hipersignificantes). Hoy, el mercado puede tanto como la religión o el poder: agrega a los objetos un plus simbólico fugaz pero tan potente
como cualquier otro símbolo.(...) Frente a una realidad inestable y fragmentada, en proceso de metamorfosis velocísimas, los objetos son un ancla, pero un ancla paradojica, ya que ella misma debe cambiar todo el tiempo, oxidarse y destruirse, entrar en abolescencia el mismo día de su estreno.(...) Se sueñan objetos qud modifican nuestros cuerpos y este es el sueño más feliz y aterrdor. El deseo, ha encontrado en la construcción de objetos a partir del propio cuerpo el non plus ultra donde se unen dos mitos: belleza y juventud. En una carrera contra el tiempo, el mercado propone una ficción consoladora: la vejez puede ser diferida y, no es posible afirmarlo ahora pero quizás si mañana, posiblemente vencida para siempre.(...) ¿Quién habla en nuestros sueños de bellez? ¿Qué pasará con nosotros si logramos no sólo prolongar la vida sino, sencillamente, abolir la muerte?
3. JOVENES
(...) Desde los años 60, la cultura rock, hizo del traje una marca central del estilo. El rock fue más que una música y se movió desde el principio con el impulso de una contracultura que desbordó sobre la vida cotidíana. El rock identificó de modo extramusical: sostenida por la música, la cultura rock definió los límites de un territorio donde hubo movilización, resistencia y experimentación. El rock fue un desafio juvenil y no se equivocaron quienes señalaban su potencial subversivo fundado en la emergencia de ideologías libertarias. La rebeldía del rock anuncia un espíritu de contestación que no puede ser escindido de la oleada juvenil que ingresa en la escena política a fines de los 60. Podían no ser los mismos protagonistas, pero, incluso diferentes, incluso ignorándose unos a otros, eran parte de un clima cultural. El rock cumplió uno de sus destinos posibles: ha dejado de ser un programa para convertirse en un estilo.
Como estilo, el mercado recurre a él, saquea a sus padres fundadores, subraya lo que en ellos había de música pop. Todo puede recurrir al rock, en la medida en que se ha convertido en una veta de la cultura moderna y sus aspectos subversivos se borran con la muerte de sus héroes o el más piadoso discurso (ecologista, naturista, espiritualista, new age) que adoptan los viejos sobrevivientes. Si el rock, encontró en el traje una marca de excepcionalidad, la idea del traje como diferenciación entre tribus culturales se despliega hoy en todas sus peripecias.(...) Hasta el jean y la minifalda no existió una moda joven, ni un mercado que la pusiera en circulación. Hoy la juventud es más prestigiosa que nunca, como conviene a culturas que han pasado por la desestabilización de los principios jerárquicos. La infancia ya no proporciona un sustento adecuado a las ilusiones de felicidad, ...
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