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:*:'La fe, la oración y la palabra de Dios :*:'

http://www.youtube.com/watch?v=_IP3zEnSDQU

La fe
La oración
Palabra de Dios


LA FE
Solamente se puede llegar a descubrir la oración, cuando se ha descubierto qué es la fe
Todos aprendimos una definición de la fe, cuando éramos niños, en un catecismo.
Esa definición de la fe la definía así el Concilio Vaticano I: "La fe es una virtud sobrenatural, un hábito o un acto por el cual, con la gracia de Dios, el hombre admite determinadas verdades no porque sean evidentes en sí mismas, sino porque Dios, que no puede engañarse, ni puede engañarnos, las ha dicho."
Normalmente, cuando hemos tomado esta definición desde pequeños, hemos hecho un subrayado, que quizá en nuestra conciencia continúa teniendo el máximo de importancia.
Es admitir determinadas verdades que nosotros no las percibimos, no las entendemos; es admitir lo oscuro; es admitir lo difícil; incluso tenemos una palabra clásica: es admitir el misterio.
Sin embargo, en la definición hay algo mucho más importante. Lo importante de la fe no es admitir una determinada verdad oscura, sino el admitirla porque Dios lo ha dicho. A partir de esto, la fe es una palabra que Dios dirige al hombre
Cuando la palabra divina ha sido recibida por el hombre y el hombre le dice al Señor: "Acepto tu palabra", entonces ese hombre comienza a vivir en dimensiones de fe.
El hombre dialoga con Dios y Dios dialoga con el hombre
Esto es lo que se llama fe. Después, Dios me dirá esto o aquello, está claro o será oscuro...
Lo importante, lo inédito, lo maravilloso y lo sorprendente es que Dios le ha hablado al hombre y que el hombre ha escuchado la palabra de Dios y ha aceptado esa Palabra de Dios. Eso es ser creyente.
Esta es la estructura de la fe: Dios y el hombre como interlocutores: Dios y el hombre dialogando.
CONTENIDO DEL DIÁLOGO
En un diálogo siempre se tiene que hablar de algo determinado y concreto.
¿De qué nos habla Dios? ¿Qué es lo que nos manifiesta?
El Concilio Vaticano I nos dice que Dios no nos habla en ese diálogo de la fe, de las cosas que nosotros podemos conocer por otros caminos, como por ejemplo la ciencia.
En el diálogo de la fe, como dice el Con. Vaticano I, Dios nos habla de sí mismo, de lo que lleva dentro de su corazón.
Frecuentemente nos olvidamos de que Dioses una persona, que tiene algo dentro, lo mismo que lo tenemos cada uno de nosotros; que puede manifestarlo libremente a quien quiera y cuando quiera.
Lo maravilloso de Dios en el diálogo de la fe es que Dios, de pronto, abre su interior y comienza a decirle lo que lleva en su propio corazón. Este es el sentido de los misterios.
Con frecuencia decimos que misterio es lo que no se entiende, no. Misterio es el interior, la intimidad de cada persona.
Nosotros podremos encontrarnos con un cráneo de hace miles de años; podremos determinar su estatura; si era hombre o mujer, etc. Lo que nunca podremos saber, de quien se enamoró, en quien soñó... Eso sólo lo podríamos saber si esa persona nos lo dijera.
Eso son los misterios de Dios. Es lo que lleva dentro de sí mismo, que solamente puedo conocerlo si Él me lo dice.
Después le entenderemos o no, como cuando explicamos a un niño determinadas cosas y él no las comprende porque todavía es pequeño.
Dios un día decidió hablarnos de Sí mismo. ¿Y qué es lo que nos dijo?
El diálogo de la fe no tiene más que un punto de comparación: habla de Sí mismo, pero habla como un enamorado habla a la persona de quien se ha enamorado.
Dios no ha dicho más que una palabra, exclusivamente una palabra: "Que de tal manera habla a los hombres y a cada persona en concreto que está dispuesto a sacrificar a su Hijo unigénico por la salvación de los hombres".
Es decir, Dios no nos ha revelado más que una cosa: que ama al hombre, la realidad más grande de toda la creación sobre la que Él ha depositado todo el cariño de su corazón.
Dicho de otra manera, el misterio de la revelación de Dios se centra fundamentalmente en esta palabra: "Dios es amor para el hombre"; o de otra manera, es la palabra de Dios que nos dice a cada uno de nosotros: "Yo te amo".
CALIDAD DEL DIÁLOGO
Un diálogo para que sea auténtico necesita que el que habla y el que recibe la palabra se coloquen a un mismo nivel.
Cuando una persona habla de su intimidad, no puedeexigir más que una respuesta, y es una respuesta de amor: "Yo acepto tu cariño y además pongo mi car´ño a tu disposición". Eso es la fe.
La fe es haber escuchado a un Dios que se vuelca de pronto sobre el hombre y le dice: "Yo te quiero" y entonces no puede haber más que una respuesta auténtica: "Seññor, yo también te quiero a Tí".
Es la palabra de Dios que nos dice en un momento determinado: "Yo te lo doy todo, incluso mi Hijo unigénico", y la respuesta de la fe no puede ser más que una:"Señor, yo te lo doy todo y me pongo totalmente en tus manos porque te constituyo en el centro de mi vida"
La fe es el diálogo entre dos enamorados.
Por tanto, un creyente, desde este punto de vista, no es más que un hombre que se ha enamorado de Dios, porque se encontró con un Dios que, previamente, se había enamorado de él.
Lógicamente, la fe tiene una serie de consecuencias: si yo me he enamorado de Dios, yo entonces creo en Dios, pongo mi confianza en el Señor; si me he enamorado de Dios, tengo que serle fiel y en todo momento intento hacer realmente su voluntad; si yo me he enamorado de Dios, me centro en Dios, Dios se hace el valor, la realidad, la persona más importante de mi vida.
Comprendemos entonces, desde esta dimensión, qué es un creyente. Un creyente es Pablo: es un hombre que se ha encontrado con Dios, con esta visión de enamoramiento, de fidelidad, de confianza, de centro, y entonces no tiene más que una urgencia: comunicar eso que lleva por dentro a los demás y por eso entonces la fe es esencialmente misionera.
LA ORACIÓN
Si la fe es un diálogo amoroso entre Dios y el hombre, ¿qué es la oración?
La oración, normalmente, la hemos definido como un diálogo amoroso entre Dios y el hombre. Según esta definición, nos encontramos en que fe y oración es lo mismo.
No es que yo soy creyente y soy después persona orante. No. Es que ser creyente es encontrarse ya en trance de oración.
Por eso decimos, y lo oímos decir, y es verdad, que la vida entera tiene que ser oración.
No en este momento o en el otro: la vida entera tiene que ser un diálogo con Dios; tiene que ser una situación de enamoramiento con Dios.
Entonces, ¿qué diferencia hay entre fe y oración?
La fe la podríamos definir como diálogo amoroso existencial entre Dios y el hombre.
La fe, como diálogo existencial, vendría a ser como la vida de un enamorado está orientada hacia él, aunque no se piense en él; institivamente en la vida se procede como a la otra persona le gusta, sin pensarlo.
Así, la fe, como diálogo existencial en el que mi vida está orientada a Dios, necesita, lo mismo que ocurre en un matrimonio, no sólo que las vidas estén orientadas existencialmente. Hace falta decirlo. En la vida es muy importante expresar lo que uno lleva por dentro.
En la vida, es normal buscar la soledad para comunicarse.
PALABRA DE DIOS
Meta que persigue:"hacer que nuestra fe crezca", que sea más vital, eficiente y verdadera.

Tiene la pretensión - audaz y hermosa al mismo tiempo -de poner en relación al hombre con Dios.

Sólo hay fe cuando se entra en esta relación, o cuando esta relación se robustece. Lo cual no se consigue por el hecho de comunicar unos enunciados, aunque estos sean realmente comprendidos e incluso aceptados como verdaderos.

Lo nuclear en la fe es la relación vital; el puente o contacto real entre Dios y nosotros.

Pretender que la Palabra de Dios se haga presente al hombre o aun grupo concreto... depende siempre de una comunicación gratuita de Dios. Es gracia.

Decir "Palabra de Dios" es aludir a un mensaje, un contenido, un anuncio que descubre para el hombre una perspectiva y un horizonte.

Es "lo dicho" en la Palabra; poniendo el acento en lo que se dice.

Pero sosteniendo este contenido está algo, sin duda, existencialmente estremecedor, que es la presencia misteriosa e inefable, pero real, de Dios mismo que se acerca como don y presencia.

Esto es lo grande, que sea "Palabra de Dios", que encierre su aliento y cercanía; no es un dicho muerto, sino una comunicación real.

Los dos aspectos - contenido y presencia - son inseparables; la gran noticia es que Dios se nos da, se nos comunica, nos habla, que su Palabra llega a nosotros. Este es el gran contenido.

El Concilio Vaticano II resume la plenitud de la revelación hecha en Cristo: " que Dios esta con nosotros para liberarnos de las tinieblas del pecado y la muerte y hacernos resucitar a una vida eterna" (D.V.4).

Es preciso estar alerta para no caer en la tentación de "cosificar" la Palabra de Dios y reducirla a unos simples enunciados inteligibles o a unos hechos históricos desnudos; cuando se hace esto se destruye lo más vital, se olvida considerarlos precisamente como de Dios, como mediaciones de su comunión real y gratuita con nosotros. Tenemos el peligro de caer en la tentación de cosificar la Palabra de Dios, tal como hemos hecho con frecuencia con la " gracia" y los "sacramentos" ; seria traicionar lo más característico de la Palabra: ser vehículo de comunicación interpersonal.

Hablar de Palabra de Dios es referirse a una "comunicación real y efectiva" entre Dios y el pueblo; entre Dios y el creyente.

Dios habla para comunicarnos su designio de salvación; su pasión por el hombre.

La Palabra de Dios es una Palabra reveladora de su voluntad de salvación. Dios quiere que el hombre viva.

Dios habla siempre para nuestro ...


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