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:*:'Los brazos de Dios:*:'



Los Brazos de Dios

Introducción: No creamos que sólo cuando se es niño se puede tener el consuelo de unos brazos que nos alcen cuando nos sentimos tristes o tenemos miedo. Pensemos que aún siendo adultos, esos brazos se extienden para contenernos en los peores momentos.

Para un niño no hay consuelo mayor que los brazos de sus padres. Si se caen, se lastiman, si un juguete se rompió o alguien les dijo algo feo, si se asustaron o les duele algo, el mejor lugar, el más cálido, son los brazos de papá o mamá.

Parecería ser que hacerle upa a un hijo fuera un acto mágico. Casi instantáneamente desaparecen el dolor, la angustia, el miedo y si no se van del todo, se atenúan y mucho.
Este es alguno de los tantos beneficios de ser niño, ante una dificultad, el consuelo llega rápido, siempre están extendidos los brazos de nuestros padres, dispuestos a hacernos ese “upa” mágico que parecería que, más que elevarnos del suelo, nos llevase hacia otra dimensión, suave, tierna, donde nada duele ni asusta demasiado.

No hay dolor para un niño que no se calme estando en brazos de sus papás.

¿Pero qué ocurre cuando crecemos?

Cuando somos adultos todo cambia. No es que cuando tengamos dolor, pena, miedo, no haya consuelo, no es así, pero ya nadie nos hace upa. Y claro, “estamos grandes para eso”. Nuestros cuerpos pesan mucho y nuestros padres, si bien mantienen intacto su amor hacia nosotros, han perdido la fuerza, la rapidez, el reflejo para extender esos brazos sanadores. Nosotros ya estamos grandes en tamaño y nuestros padres, grandes en edad. Incluso, algunos ya no están con nosotros y nos cuidan desde otro lugar.
Pero el hecho de crecer y convertirse en adulto no nos exime de los dolores, angustias y miedos, muy por el contrario. ¿Qué hacemos entonces cuando nos sentimos mal, tristes, angustiados, temerosos?

Cuando realmente el dolor o el miedo es grande, no se por qué razón, uno se siente chiquito, muy chiquito e indefenso ante el peligro que asecha, sea una enfermedad, la muerte, la falta de amor, el abandono, etc. Es como si ante las situaciones límites nuestro cuerpo se mantuviera intacto por fuera, pero nuestro corazón se hiciera pequeño y pidiera a gritos que nos alcen a upa. En el dolor más profundo uno se siente indefenso.
En esos momentos, siempre hay alguien o algo que nos consuela, familia, hermanos, abrazos, manos apretadas, caricias, y no es que todo esto no sirva, todo lo contrario, pero aún así, uno está solo en su dolor y en apariencia nadie “nos alza en brazos”. El grito ahogado del corazón chiquito, sufriente y abatido se hace sentir con una fuerza inaudible, que sólo Dios puede percibir.

Es allí, en el peor de los momentos, en que sí nos hacen upa. Si nos abandonamos (en el mejor de los sentidos) en Dios, sí dejamos que él nos acompañe y le contamos nuestra angustia, miedo o dolor con humildad, con la sencillez e inocencia de la niñez, Dios, nuestro Padre, no hace upa. Grande como somos, pesados, arrugados, no importa. Dios rescata a su hijo. Sabe que sus brazos son el mejor de los consuelos y nos alza, y en esa dimensión y a pesar del dolor, llega la paz, la confianza absoluta de que todo está en sus buenas y poderosas manos.

Allí y sólo allí nace la paz. En sus brazos, todo se siente mejor, el miedo se atenúa, el dolor mengua, la esperanza crece y la confianza nos domina.

Como antes, como cuando éramos chiquitos, Papá nos está haciendo upa, nos está alzando en brazos.
Sólo se trata de confiar, de tener fe, de amar a Dios como lo que es, nuestro padre, y pedirle humildemente ayuda, descargar en él nuestro pesar, y pedirle en el más amoroso de los sentidos que nos alce a upa.
Sentiremos como sus brazos nos toman y consuelan, como lo que parecía insostenible se puede tolerar, como se puede mantener la calma en medio del dolor y ¿por qué no?, esbozar un pequeñita sonrisa, como ésas que hacen los niños cuando están en el lugar donde se sienten más seguros, los brazos de sus papás.

Dejémonos alzar por ese Dios papá que nunca abandona y que tiene, no sólo en su regazo, el amor más grande y sublime para brindarnos.

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The Arms of God

Introduction: Not only when we believe a child can have the consolation of some arms that lift us when we feel sad or afraid. Consider that although adults are extended to these arms in the worst moments.

For children there is a greater comfort that the arms of their parents. If you fall, hurt, if a toy is broken or someone told them something ugly, or scared if something hurts, the best place, the warmer they are the arms of mom or dad.

It would seem that you were a child upa a magic act. Almost instantly disappear pain, anguish, fear, and if not go at all, and many are mitigated.
This is one of the many benefits of being a child, with a difficulty, consolation comes fast, the arms are always out of our parents are willing to make the "UPA" magic would seem that rather than raise the ground, leads to another dimension, soft, tender, where nothing frightens or hurts too much.

No pain for a child not to be calm in the arms of her parents.

But what happens when you grow up?

When we are all adults changed. It is not that when we have pain, sorrow, fear, there is consolation, it is not, but nobody makes us upa. And of course, are great for that. " Our bodies weigh much and our parents, while still keeping intact his love toward us, have lost the strength, speed, the reflex to extend those arms healers. We are already big in size and our parents, great age. Even some are no longer with us and caring from another location.
But the fact of growing up and becoming an adult does not relieve us of pain, anguish and fear, quite the contrary. What do we do when we feel bad, sad, anxious, fearful?

When you really fear or pain is great, why do not you feel small, and very little defense against the danger asecha, is an illness, death, lack of love, abandonment, etc.. It is as if the face of extreme situations the body is kept intact on the outside, but our heart is small and would ask that we rise to cries upa. In the deepest pain you feel helpless.
At that time, there's always someone or something that we take, family, brothers, hugging, hands tight, caresses, and is not that all this will not help, just the opposite, but still, one is alone in their grief and in appearance anyone we hike in arms. " The cry of the heart chiquito drowned, shot and suffering is felt with a force inaudible, that only God can perceive.

Is there, in the worst of times, that it makes us upa. If we leave (in the best sense) in God, they let him join us and we count our anxiety, fear or pain with humility, simplicity and innocence of childhood, God our Father, does upa. We are big, heavy, wrinkled, no matter. God rescues his son. He knows that his arms are the best of the consolations and we hike, and in this dimension, and despite the pain, it's peace, absolute confidence that everything is good and powerful in their hands.

There was born there and only peace. In his arms, everything feels better, the fear fades, the pain subsides, the hope and confidence grows dominates us.

As before, like when we were young, we're doing upa Dad, we are rising up in arms.
Only this is trust, have faith, to love God and what is our father, and humbly ask for help, even though our download it and ask the most loving of our senses to lift upa.
We feel like their arms and take comfort, as what appeared to be unsustainable can tolerate, as you can remain calm amid the pain and why not, outline a little smile, like these children are doing when they are in where they feel safer, the arms of her parents.

Let us lift this by God and Dad never leaves you have, not only in his lap, the largest and most sublime love to give.


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