peperonity.net
Welcome, guest. You are not logged in.
Log in or join for free!
 
Stay logged in
Forgot login details?

Login
Stay logged in

For free!
Get started!

Text page


manos ajenony - Newest pictures Wallpaper pics Wallpaper
reflexiones.peperonity.net

-=Manos=-

Hands ( Colaboracion de Silvia Gallina)



MANOS

Manos, de Durero. Una historia preciosa. Un Hermoso Mensaje

Durante el siglo XV, en una pequeña aldea cercana a Nuremberg, vivía una familia con 18 niños.
Para poder poner pan en la mesa para tal prole, el padre, y jefe de la familia, trabajaba casi 18 horas diarias en las minas de oro, y en cualquier otra cosa que se presentara.
A pesar de las condiciones tan pobres en que vivían, dos de los hijos de Albrecht Durer tenían un sueño. Ambos querían desarrollar su talento para el arte, pero bien sabían que su padre jamás podría enviar a ninguno de ellos a estudiar a la Academia.
Después de muchas noches de conversaciones calladas entre los dos, llegaron a un acuerdo. Lanzarían al aire una moneda. El perdedor trabajaría en las minas para pagar los estudios al que ganara. Al terminar sus estudios, el ganador pagaría entonces los estudios al que quedara en casa, con las ventas de sus obras, o como fuera necesario.
Y lanzaron al aire la moneda un domingo al salir de la Iglesia. Albretch Durer ganó y se fue a estudiar a Nuremberg. Albert comenzó entonces el peligroso trabajo en las minas, donde permaneció por los próximos cuatro años para sufragar los estudios de su hermano, que desde el primer momento fue toda una sensación en la Academia.
Los grabados de Albretch, sus tallados y sus óleos llegaron a ser mucho mejores que los de muchos de sus profesores, y para el momento de su graduación, ya había comenzado a ganar considerables sumas con las ventas de su arte.
Cuando el joven artista regresó a su aldea, la familia Durer se reunió para una cena festiva en su honor. Al finalizar la memorable velada, Albretch se puso de pie en su lugar de honor en la mesa, y propuso un brindis por su hermano querido, que tanto se había sacrificado para hacer sus estudios una realidad.
Sus palabras finales fueron: "Y ahora, Albert hermano mío, es tu turno. Ahora puedes ir tú a Nuremberg a perseguir tus sueños, que yo me haré cargo de ti".
Todos los ojos se volvieron llenos de expectativa hacia el rincón de la mesa que ocupaba Albert, quien tenía el rostro empapado en lágrimas, y movía de lado a lado la cabeza mientras murmuraba una y otra vez: "No… no… no…".
Finalmente, Albert se puso de pie y secó sus lágrimas. Miró por un momento a cada uno de aquellos seres queridos y se dirigió luego a su hermano, y poniendo su mano en la mejilla de aquel le dijo suavemente: "No, hermano, no puedo ir a Nuremberg. Es muy tarde para mí. Mira lo que cuatro años de trabajo en las minas han hecho a mis manos. Cada hueso de mis manos se ha roto al menos una vez, y últimamente la artritis en mi mano derecha ha avanzado tanto que hasta me costó trabajo levantar la copa durante tu brindis… mucho menos podría trabajar con delicadas líneas el compás o el pergamino y no podría manejar la pluma ni el pincel. No, hermano… para mí ya es tarde".
Más de 450 años han pasado desde ese día.

Hoy en día los grabados, óleos, acuarelas, tallas y demás obras de Albretch Durer pueden ser vistos en museos alrededor de todo el mundo.
Pero seguramente usted, como la mayoría de las personas, sólo recuerde uno. Lo que es más, seguramente hasta tenga uno en su oficina o en su casa.
Un día, para rendir homenaje al sacrificio de su hermano Albert, Albretch Durer dibujó las manos maltratadas de su hermano, con las palmas unidas y los dedos apuntando al cielo. Llamó a esta poderosa obra simplemente "Manos", pero el mundo entero abrió de inmediato su corazón a su obra de arte y se le cambió el nombre a la obra por el de "Manos que oran".
La próxima vez que vea una copia de esa creación, mírela bien. Permita que sirva de recordatorio, si es que lo necesita, de que nadie, nunca, triunfa solo.

****************

HANDS

Hands of Durer. A beautiful story. A Beautiful Message

During the fifteenth century, in a small village near Nuremberg, lived a family with 18 children.
In order to put bread on the table for that child, the father and head of the family, worked almost 18 hours a day in the gold mines, and anything else that could occur.
Despite the very poor living, two of Albrecht Dürer's children had a dream. They wanted to develop his talent for art, but well knew that his father never could send any of them to study at the Academy.
After many nights of quiet talks between the two reached an agreement. Launched a coin into the air. The loser would work in the mines to pay for studies andalusia won. Upon completion of their studies, then the winner would pay the school to make it at home, with sales of their works, or as necessary.
And the money went to air on Sunday to leave the Church. Albretch Durer won and went on to study at Nuremberg. Albert then began the dangerous work in mines, where he remained for the next four years to cover the studies of his brother, from the beginning was quite a sensation at the Academy.
The prints of Albretch, their carvings and paintings came to be much better than many of their teachers, and by the time he graduated, he had already begun to earn considerable sums from sales of his art.
When the young artist returned to his village, the Durer family met for a festive dinner in his honor. At the end of the memorable evening Albretch stood in its place of honor at the table, and proposed a toast to his beloved brother, who had been sacrificed to make their education a reality.
His final words were: "And now, my brother Albert, it's your turn. Now you can go to Nuremberg to pursue your dreams, I'll do it by yourself."
All eyes were again full of expectation towards the corner of the table occupied Albert, who had his face drenched in tears, and moved from side to side while the head grumbled again and again: "No ... no ... no ...."
Finally, Albert stood up and wiped away her tears. Looked for a moment to each of those loved ones and went after his brother, and putting his hand on the cheek that told him gently: "No, brother, I can not go to Nuremberg. It's too late for me. Watch what four years of work in the mines have done to my hands. Every bone in my hand was broken at least once, and lately the arthritis in my right hand has advanced so much that I took to work to lift the cup for your toast ... much less sensitive lines could work with the bar or the scroll and can not handle the pen or brush. No, brother ... for me it's too late. "
Over 450 years have passed since that day.

Today engravings, oil paintings, watercolors, carvings and other works of Durer Albretch can be seen in museums around the world.
But surely you, like most people, just remember one. What's more, you have an up in your office or at home.
One day, to pay tribute to the sacrifice of his brother Albert, Albretch battered Durer drew the hands of his brother, with palms together and fingers pointing to heaven. This powerful book called simply "Hands," but the whole world immediately opened her heart to her artwork and renamed it the work of the Hands who pray. "
The next time you see a copy of that creation, or watch. Allow to act as a reminder, if ever needed, that nobody ever succeeds alone.


This page:




Help/FAQ | Terms | Imprint
Home People Pictures Videos Sites Blogs Chat
Top
.