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Fantasía de colegiala

Hoy he cumplido una fantasía que tenía en mi mente desde hace tiempo. En realidad la he visto tantas veces en los vídeos para adultos, que ya era una cosa que tenía que probar.

Me he vestido de colegiala para sorprender a mi pareja, jeje. Dos coletas, una blusa, una corbata estrecha, falda por las rodillas de cuadritos con tablas, calcetines altos tupidos y zapatos.

Así me he presentado en el cuarto donde estaba mi pareja y le he dicho con carita de inocencia; “me he escapado del cole, me vas a tener que castigar” a la vez que jugaba con un rizo de mi cabeza.

Mi pareja se asombró y tras unos segundos sin saber que hacer, se levantó del sofá y vino hacia mi. Me dio un cachete en el culete y me dijo; “Pues habrá que castigarte entonces. Venga a la habitación”.

Nos dirigimos a la habitación los dos y allí me senté en el borde de la cama haciéndome la modosita. Como si no hubiera roto un plato nunca. Mi pareja se sienta al lado y me pregunta “¿Por qué has sido mala?” a lo que yo le respondo; “Porque quiero que me castigues por ser mala”.

Entonces me agarra por la corbata y tira para que me tumbe sobre su regazo. Me sube la falda hasta que se me ven las bragas y me da un azote flojo apostillando “esto es lo que les pasa a las chicas malas” y me vuelve a golpear. Yo le respondo con que he sido muy mala. En ese momento noto como intenta meter las manos por debajo mía, y sin darme más explicaciones tira de mis bragas hasta dejármelas a medio muslo.
Hoy he cumplido una fantasía que tenía en mi mente desde hace tiempo. En realidad la he visto tantas veces en los vídeos para adultos, que ya era una cosa que tenía que probar.

Me he vestido de colegiala para sorprender a mi pareja, jeje. Dos coletas, una blusa, una corbata estrecha, falda por las rodillas de cuadritos con tablas, calcetines altos tupidos y zapatos.

Así me he presentado en el cuarto donde estaba mi pareja y le he dicho con carita de inocencia; “me he escapado del cole, me vas a tener que castigar” a la vez que jugaba con un rizo de mi cabeza.

Mi pareja se asombró y tras unos segundos sin saber que hacer, se levantó del sofá y vino hacia mi. Me dio un cachete en el culete y me dijo; “Pues habrá que castigarte entonces. Venga a la habitación”.

Nos dirigimos a la habitación los dos y allí me senté en el borde de la cama haciéndome la modosita. Como si no hubiera roto un plato nunca. Mi pareja se sienta al lado y me pregunta “¿Por qué has sido mala?” a lo que yo le respondo; “Porque quiero que me castigues por ser mala”.

Entonces me agarra por la corbata y tira para que me tumbe sobre su regazo. Me sube la falda hasta que se me ven las bragas y me da un azote flojo apostillando “esto es lo que les pasa a las chicas malas” y me vuelve a golpear. Yo le respondo con que he sido muy mala. En ese momento noto como intenta meter las manos por debajo mía, y sin darme más explicaciones tira de mis bragas hasta dejármelas a medio muslo.
Así comienza a juguetear con sus dedos por mis nalgas y las piernas. Como si dibujara con sus dedos en mi cuerpo. Alguna vez, de forma casual sus dedos se aproximan a mi entrepierna. Pero no me provoca más que una suave caricia al rozarme la piel.

Después de una sesión de caricias muy morbosas, me pregunta ¿Vas a seguir siendo mala? Y yo lo respondí; “por supuesto” su siguiente frase fue: demuéstramelo

Yo salté de sus piernas y me puse de pie, moví un poco las caderas para que las bragas terminaran de bajar y me las quité completamente. Luego me aflojé la corbata y me la saqué por la cabeza, por último me desabroché con energía la blusa y también me la quité tirándola por el suelo.

Solo me dejé el sujetador y la falda. Me puse de rodillas sobre la cama montada sobre sus piernas, y le empujé el cuerpo contra la cama. Acto seguido me lancé a su boca y la besé apasionadamente. Sin apenas dejar que se moviera, le saqué la camiseta y le desabroché su sujetador y fui a por sus pechos, a pasar mi lengua por ellos y lamérselos.

En ese momento se desató la pasión en ese dormitorio, esa cama era el reino del placer.

No tardó en quitarme el sujetador mío y volver a fusionarnos en besos y caricias. El contacto piel con piel de sus pechos con los míos era muy excitante para las dos y nos fuimos calentando.

Yo fui la primera en llegar al máximo de temperatura, no tardé mucho en quitarle sus pantalones y sus bragas y tenerla desnuda a mi disposición. Su vagina estaba pidiendo atención, y yo le presté toda mi atención. Era el momento de realizarle un ardiente sexo oral y disfrutar de sus labios vaginales, unas caricias con mis dedos. Era su turno para que ella me devolviera el placer. Sin duda lo hizo, noté como de su boca salía placer y entraba en mi ser por mi vagina y me recorría entera.
Según fue subiendo el placer nos fuimos las dos convirtiendo en una, fuimos fusionando nuestros placeres en un apasionado 69 a la vez que no dejábamos de movernos por la cama de un lado a otro. Unas veces yo arriba, otras ella. Y todo para terminar dándonos placer mutuamente con nuestras manos hasta que ambas llegamos al orgasmo y ahogamos el placer con nuestros gemidos.

A continuación vino un silencio estremecedor con nosotras dos desnudas tiradas en la cama.


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