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:::ME GUSTA MUCHA EL SEXO:::

Recuerdo como nuestras sesiones de sexo eran generalmente maratonianas, y a los dos nos ponía mucho hacerlo al aire libre. Contigo descubrí la pasión del mar y la playa y recuerdo especialmente cuando retozando los dos, tuve un orgasmo tremendo rozándome con la finísima arena de una duna en nuestra playa.

Te acuerdas cuando a menudo íbamos a la playa entre semana a hacer surf, a pescar, o incluso a pasear también?, lo mejor eran las muchas veces que follábamos en la playa escondidos entre las dunas, metidos entre dos rocas, o simplemente en la orilla salpicados por las olas. Los bikinis que mi niña se ponía contribuían a tenerme absolutamente excitado todo el día. El diminuto tanguita de WW... Joder!!!! Parecías un poster del Play boy.
De ir tantas veces fuimos quedándonos con las horas y los lugares en los que mejor podíamos estar, porque te encantaba tomar el sol desnuda (a mi por asimilación también me dejó de dar corte y la verdad es que tiene un encanto incomparable a estar tapado y prisionero del traje de baño).
Bueno, pues yendo al asunto, el caso es que lo mejor de la playa era lo inaccesible, tenía un montón de dunas de todos los tamaños, de una arena finísima y muy blanca. Allí hemos pegado polvos increíbles, de día, de noche, a la mañana, al mediodía, por la tarde, escondidos, en medio de la playa, en la orilla, nadando, incluso en el islote de rocas y algas entre las gaviotas y los cormoranes........ Bufffff!!!!Pero aquel día, retozando en pleno octubre después de estar buceando y haciendo surf, nos entró la calentura en el momento justo en que el sol empezaba a esconderse. Hacía un viento fresco típico de octubre, pero un día de calor extraño para esa época, hizo que todo el día (un día entre semana) la playa estuviera desierta todo el día, y las dunas resguardadas del aire todavía mantenían la arena caliente. Te recuerdo con una camiseta blanca, mostrando disparados los pezoncitos de tus preciosos pechos pequeños, y por debajo sin nada como era habitual cada vez que veníamos a esta playa. Yo menos friolero que tú, como siempre, estaba desnudo leyendo mientras abandonando tu lectura empezaste, como tantas veces, a meterte conmigo.
Enseguida los dos expresábamos nuestras calenturas espontáneas tan pronto nos atacaban, y esta vez fuiste tú la que se acercó a mi y recostándose en mi vientre comenzaste a jugar con mi polla hasta hacerla ponerse dura. Ese juego que teníamos los dos, que consistía en tocarnos uno al otro, ratos larguísimos jugando con nuestro placer, y un juego que te ponía mucho era tocarme y tocarme lentamente hasta la exasperación durante un montón de tiempo manteniéndomela dura sin más. Algunas veces lo hacías cuando estaba ocupado (mi poderosa concentración, ¿verdad?), otras, simplemente era uno de nosotros el que le dedicaba al otro horas de placer sin fin. Seguro que te acuerdas de los rosarios de orgasmos (siempre recordaré esa expresión para definir tus días de records de explosiones sin fin).
Esta vez, como estaba leyendo, te dejé hacer sin abandonar la lectura, sabiendo que te divertía y te ponía muy cachonda (a veces te oía masturbarte mientras me lo hacías y no me dejabas intervenir hasta que te corrías o decidías hacerme terminar a mi). Esta vez, fui yo el que quise romper las reglas del juego, y abandoné mi lectura. Busqué tu piel bajo la camiseta y metí mis manos bajo la tela hasta conseguir sacártela por la cabeza. Desnuda por completo, hermosísima como siempre, quise ponerte sobre mi, pero te soltaste de mi abrazo impidiéndomelo (otro jueguecito para ponerme frenético). Te alejaste saliéndote de la toalla para mirarme y hacerme entender que eras tú la que mandaba. Te pusiste de pie y comenzaste a retroceder poco a poco. Sin decirnos nada, solo mirándonos decidí seguirte a distancia. Te diste la vuelta y subiendo una duna baja, vi como desaparecías momentáneamente hasta ver tu cabeza asomando tras unas hierbas y hasta verte subir a lo alto de la duna siguiente. Te sentaste en lo alto iluminada por los rayos del sol del atardecer, y refugiada tras unas hierbas te sentaste ligeramente abierta de piernas enseñándome tu sexo depilado y empezaste a tocarte. Nos gustaba vernos dándonos placer a nosotros mismos, y así conjugábamos de esta manera un cierto afán voyeurista/exhibicionista de los dos (tú más bien exhibicionista y yo el mironcete). Te recostaste en la ladera iluminada por el sol y desde detrás de la duna como un mirón cualquiera escondido, pude verte tocarte. Apretabas entre los dedos, tus pezones sensibles, comenzando a retorcerte como una culebra. El silencio de las olas rompiendo se rompía por tus gemidos contenidos. Dejaste de mirarme y fue cuando me sentí una vez más ese espía que descubre el tesoro para sus ojos. Recostada tus dedos se encaminaron a tu sexo, y los primeros golpes de tus dedos en el sexo, machacando tu clítoris entre los dedos me hicieron abandonar mi posición privilegiada para encaminarme furtivamente hacia ti.
Poco a poco y como un cazador acechando con mi "escopeta" cargadísima a punto de reventar me acerqué a ti. Me sentiste llegar, porque levantaste la mirada justo cuando me acerqué gateando hacia ti y abriste las piernas invitándome a entrar por tu puerta abierta. Ese sexo tan apetitoso, manjar exquisito, fuente de los flujos más deliciosos que he podido consumir en mi vida. Escondite del clítoris sensible y endurecido, brillaba de tus jugos, con el miembro levantado desafiándome y llamándome entre los labios limpios, sin pelillos, brillantes, esperándome ansioso. Acaricié tus muslos provocándote un fuerte gemido que te anunció el placer que te esperaba y dirigí mis labios a tu entrepierna. Situé mis manos bajo tus nalgas y levantándolas hacia mí ligeramente, enterré mi boca en tu orificio, pasando mi lengua por toda la hendidura rosada, ardiente y encharcada. Que latigazo de placer te dió!. Recuerdo un gran estremecimiento al sentir mi lengua blanda y húmeda aleteando por todo tu sexo. Llevé sobre el durísimo clítoris mi lengua, y empecé a alternar los lametones con chupadas, tirando de tu placer que llegaba como un torbellino. Siempre pude predecir tu orgasmo al notar vibrar el interior de tu sexo entre la tensión que te hacía encogerte y tensarte hasta explotar sin control. Ahora te sobrevino como un gran latigazo, mientras apretabas mi cabeza con gran fuerza entre tus piernas. Me dejé caer sobre la cálida arena abrazando tus espasmos y descubrí una suavísima caricia sobre mi durísimo miembro. La arena escurría sobre mi sexo, acariciándolo semienterrado. No pude evitar embestirla, perforando superficialmente los finísimos granitos que me envolvían. Me sacudí observando tus últimas sacudidas abrazada ahora a tus pechos, y muy sorprendentemente me corrí, penetrando la cálida y finísima arena de la duna. ¡¡¡Que explosión me sobrevino!!!!Expulsé a largos borbotones todo el semen almacenado en mis testículos, vaciándome de aquella extraña manera.
Recuerdo la gracia que te hizo ver la arena pastosa pegada sobre mi piel.
Que bueno. La verdad es que no fue una experiencia aislada, porque he podido repetirla varias veces, y es una sensación fantástica.
Alguna vez más que fui yo solo a la playa, tomando el sol, acostado boca abajo sin la toalla directamente sobre la arena, me excitaba y podía pasar largos ratos siendo acariciado por la fina arena con el miembro semienterrado. Podía estar la gente paseando "cerca" de mi, que lo único que podían suponer era un tío acostado boca abajo poniéndose el culo moreno.
Otras acostado sobre la arena de una duna, hacía caer oleadas sobre mi sexo acostado en la ladera, moviéndome hasta correrme... lo he hecho un montón de veces masturbándome a escondidas cuando no había nadie en la playa.
Otras contigo acariciándome inocentemente o intencionadamente la espalda o el culo, sintiéndome excitado.
Qué grandes momentos nos ha dado la playa.
Como la última vez os conté de alguna técnica de Xose de masturbación (la mosca), quisiera saber si algún lector se ha animado a probar y me gustaría que me contase como le fue. Si alguno más se anima a probar lo de la arena, os agradecería que me lo contaseis porque es realmente alucinante ser acariciado por la arena finísima. Buscad alguna playa y animaos a probarlo.
Incluso las chicas, porque creo que gracias a Xose, aprendí a buscar la caricia de la arena (al principio me molestaba estar llena de arenitas, pero con el tiempo he limitado el uso de la toalla para secarme y yo también me acuesto en la arena directamente sintiendo la caricia inimitable de los granitos cuanto más finos mejor). Hemos tenido sexo muchas veces directamente sobre la arena, también en el agua, y sobre las toallas, y semi tapados para que la gente no nos viese (tan solo una vez nos descubrieron, y creo que les dio más vergüenza a las dos señoras que a nosotros). También entre las rocas, de pie, "sufriendo" la dureza e incomodidad...
Recuerdo con mucha excitación cuando Xose me penetraba por detrás, acostada en la fina arena con mis pezones rozándose y escarbando entre los minúsculos granos. La única molestia es cuando se quedaban pegados a los flujos o a la piel, que me tengo comido muchos pegados al pollón de Xose... Guau!!!! Muchos besos, espero impaciente vuestras respuestas. Me comprometo a escribiros más a menudo.
LouiseÚltimamente ando un poco ocupado en hacer fotos


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