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:♥:Papa Olvida:♥:

PAPÁ OLVIDA

Escucha hijo: voy a decir esto mientras duermes, una manecita metida bajo la mejilla y los rubios rizos pegados a tu frente humedecida. He entrado solo en tu cuarto.

Hace unos minutos, mientras leía mi diario en la biblioteca, sentí una ola de remordimiento que me ahogaba. Culpable, vine junto a tu cama.

Esto es lo que pensaba, hijo: me enojé contigo. Te regañé cuando te vestías para ir a la escuela, porque apenas te mojaste la cara con una toalla.

Te regañé porque no te limpiaste los zapatos. Te grité porque dejaste caer algo al suelo.

Durante el desayuno te regañé también. Volcaste las cosas. Tragaste la comida sin cuidado. Pusiste los codos sobre la mesa. Untaste demasiado el pan con mantequilla.

Y cuando te ibas a jugar y yo salía a tomar el tren, te volviste y me saludaste con la mano y dijiste:

-¡Adiós, papito!

Y yo fruncí el ceño y te respondí:

-¡Ten erguidos esos hombros!

Al caer la tarde todo empezó de nuevo. Al acercarme a casa te vi, de rodillas, jugando en la calle. Tenías agujeros en las medias. Te humillé ante tus amiguitos al hacerte marchar a casa delante de mí.

Las medias son caras, y si tuvieras que comprarlas tú, serías más cuidadoso. Pensar, hijo, que un padre diga eso.

¿Recuerdas, más tarde, cuando yo leía en la biblioteca y entraste tímidamente, con una mirada de perseguido? Cuando levanté la vista del diario, impaciente por la interrupción, vacilaste en la puerta.

-¿Qué quieres ahora?, -te dije bruscamente.

Nada respondiste, pero te lanzaste en tempestuosa carrera y me echaste los brazos al cuello y me besaste, y tus bracitos me apretaron con un cariño que Dios había hecho florecer en tu corazón y que ni aún el descuido ajeno puede marchitar.

Y luego te fuiste a dormir, con breves pasitos ruidosos por la escalera.

Bien, hijo; poco después fue cuando se me cayó el diario de las manos y entró en mí un terrible temor. ¿Qué estaba haciendo de mí la costumbre? La costumbre de encontrar defectos, de reprender; esta era mi recompensa a ti por ser niño.

No era que yo no te amara; era que esperaba demasiado de ti. Te medía según la vara de mis años maduros.

Y hay tanto de bueno y de bello y de recto en tu carácter. Ese corazoncito tuyo es grande como el sol que nace entre las colinas. Así lo demostraste con tu espontáneo impulso de correr a besarme esta noche.

Nada más que eso importa esta noche, hijo. He llegado hasta tu camita en la oscuridad, y me he arrodillado, lleno de vergüenza.

Es una pobre expiación; sé que no comprenderías estas cosas si te las dijera cuando estás despierto. Pero mañana seré un verdadero papito. Seré tu compañero, y sufriré cuando sufras, y reiré cuando rías.

Me morderé la lengua cuando esté por pronunciar palabras impacientes. No haré más que decirme, como si fuera un ritual:

-No es más que un niño, un niño pequeñito.

Temo haberte imaginado hombre. Pero al verte ahora, hijo, acurrucado, fatigado en tu camita, veo que eres un bebé todavía.

Ayer estabas en los brazos de tu madre, con la cabeza en su hombro. He pedido demasiado, demasiado.

W. Livingston Larned


*****************


Listen son, I say this while you sleep, a manecita involved in the cheek and the blond curls glued to your face wet. I came alone in your room.

A few minutes ago, while I read my diary in the library, I felt a wave of remorse that I was suffocating. Guilty, I came next to your bed.

This is what I thought, son, I got upset with you. Regañé you when you dressed up for school, just because you mojaste face with a towel.

Regañé because you do not clean the shoes. I screamed because it let something fall to the ground.

At breakfast you regañé too. Overturn things. Swallow the food without care. You put your elbows on the table. Untaste too much bread with butter.

And when you were going to play and I went out to take the train, you come back and greeted me with his hand and said:

- Bye, Daddy!

I frowned and you answered:

- Keep those shoulders upright!

In the evening it all started again. When I saw you closer to home, on his knees, playing in the street. Had holes in the middle. Humbled himself before you get your friends to go home before me.

The averages are expensive, and if you had to buy them, it would be more careful. Think, child, a parent say that.

Remember, later, when I read in the library and timidly entered with a look of persecution? When I lifted the light of the newspaper, impatient for the interruption, teeters on the door.

- What do you want now?, "I said sharply.

Answered nothing, but you threw in stormy career and I miss his arms around his neck and kissed me and squeezed me bracitos your sweetheart with a flower that God had done in your heart and even the neglect of others may wither.

And then you went to sleep, with brief noisy Pasitos the stairs.

Well, son, soon after was when I fell the daily hands and took me a terrible fear. What was making me the habit? The habit of finding faults of reprimand, and this was my reward you for being a child.

It was not that I do not love, it was expected that from you too. We measured as the beam of my mature years.

And there are both good and nice and straight into your character. That your heart is big as the sun comes from the hills. This is demonstrated by your spontaneous impulse to run to kiss me tonight.

Nothing matters more than that tonight, son. I have come to your bed in the dark, and I was kneeling, full of shame.

Atonement is a poor, know that these things would not understand if you read those when you're awake. But tomorrow I will be a real daddy. I will be your companion, and suffer when they suffer, and laugh when they laugh.

Bite my tongue when pronouncing words by impatient. I will not say that, like a ritual:

No more than one child, a little boy.

Haberte imagined fear man. But to see you now, son, nestled, in your bed tired, I see you're still a baby.

Yesterday you were in the arms of your mother, with her head on his shoulder. I asked too much, too.

W. Livingston Larned


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