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Tren

Carajo, no puede ser – exclamé con disgusto

-¿Qué te pasa, Mariana? – preguntó Mónica, mi amiga, quien, junto con Marcela y Maricarmen, me acompañaban a este viaje por España. Las cuatro nos conocíamos desde la preparatoria y habíamos hecho un bonito grupo de amigas. Cada año acostumbrábamos hacer un viaje de dos semanas, hasta hace siete años, en que las cuatro nos casamos. Los viajes se suspendieron y no fue hasta ahora que decidimos reanudar nuestra antigua tradición.

-Que ese hombre me está siguiendo – dije señalando a un atractivo hombre que estaba que hojeaba un periódico a unos metros de nosotras-. Me di cuenta desde que salimos de Madrid.

-¿Y eso te enoja? – preguntó con una sonrisa pícara Marcela-. Yo en tu lugar estaría encantada de que un bombón así me siguiera.

- El problema – respondí- es que estoy segura de que Ramiro lo contrató para seguirme.

Ramiro era mi marido. Mi celoso marido, para ser más exacta. El viaje estuvo a punto de cancelarse debido a las dudas que Ramiro sembró en Ángel, Sergio y Xavier, los maridos de mis amigas. Ellos de normal no son celosos, aunque, claro, con las constantes insinuaciones de Ramiro, pues hasta el más seguro de su esposa se pone a dudar.

-No inventes y ¿qué vas a hacer? – terció Maricarmen.

¿Qué iba a hacer? No lo sabía bien. Estaba enojada por esa actitud posesiva de Ramiro que me daban ganas de ir a golpear al fulano aquél, aunque siempre quedaba la duda si, efectivamente, tal y como había sugerido Marcela, no era un admirador mío. O a lo mejor ni siquiera me seguía a mi, vanidosa, sino a alguna de mis amigas.

-Nos vemos – les dije a mis amigas despidiéndome de un beso de cada una.

Esto las tomó por sorpresa, que no alcanzaron a decir nada, y se limitaron a verme partir en un taxi. Volteé y pude ver, además de la cara de asombro de ellas, cómo el tipo corría a abordar un taxi y se lanzaba detrás de mí.

-¿A dónde la llevo, señorita? – preguntó el chofer

-A la estación de trenes ¿Hay alguno que salga de inmediato? – pregunté

-Pues son las nueve y media, así que, si le acelero, podrá alcanzar el tren que sale a Bilbao, a las diez.

Yo sólo asentí. El taxi del hombre aun nos seguía, así que mis suposiciones de que era a mi a la que seguía eran ciertas. Subiría al tren nocturno a Bilbao, y ya después pensaría en un plan para desenmascararlo. Veinte minutos más tarde ya estaba en la estación comprando mi boleto.

- ¿Preferente, Litera o Gran Clase? – me preguntó la encargada

-Gran clase – contesté pensando en la cara que pondría Ramiro al ver que, por sus estúpidos celos, su mujercita había gastado 114 euros, así nomás.

Apresuradamente abordé el tren y me dirigí a mi camarote. Por la ventana del pasillo pude ver al misterioso hombre que se subía al tren. Apenas subió las puertas se cerraron y el tren comenzó a andar. Busqué mi compartimento y entré. Me senté y comencé a reír de mi. No podía creer lo que estaba haciendo. Eran las diez y cinco de la noche y me encontraba en un tren, que se dirigía a Bilbao, perseguida por un hombre que, o le atraía hasta la locura o era un espía de Ramiro. Lo segundo era lo más convincente, de lo contrario el hombre ya me hubiera abordado días antes.

Me senté a leer mi boleto y vi que llegaríamos a Bilbao cerca de las ocho de la mañana. Por primera vez me puse a pensar en lo que había hecho. Para empezar, no traía pijama, así que tendría que dormir en ropa interior. Sólo esperaba que no hiciera mucho frío. Tampoco traía conmigo nada para leer, salvo mi boleto, así que no me quedaba de otra mas que dormir. Dormir o enfrentar al tipo que me venía siguiendo. Decidí hacer lo segundo, así que me arreglé para ir a buscarlo. Seguramente andaría cerca de mi. Unos golpecitos en la puerta hicieron que mis pensamientos se alejaran.

-Vengo a hacer la cama- dijo la mujer que se encontraba en el pasillo

-Adelante – respondí permitiéndole el paso.

-Pronto llegaremos a Sant Vicenc de Calders – dijo la mujer mientras arreglaba mi cama.

-Ah – contesté al no saber si eso era bueno, malo o sólo un simple comentario

-Es un pueblo muy bonito. Desde la estación sólo se ven los fríos andenes, pero más arriba está el pueblo, que es encantador.

- ¿Y ahí durará mucho la escala? – pregunté pensando que quizás el desconocido bajara en ese lugar.

-No mucho. Un minuto a lo sumo. De ahí llegaremos a Tarragona y después a Reus, que son dos destinos muy cercanos. Ahí vendrá la revisora a pedirle su billete, y ya después podrá dormir hasta su destino. – me contó casi sin respirar la mujer.

-Muchas gracias – le dije sonriendo mientras se retiraba.

El tren disminuyó la velocidad hasta pararse totalmente. Apenas pasó un minuto, tal y como había dicho la mujer, cuando volvió a ponerse en marcha. Yo salí al pasillo para comprobar si el hombre aquél aun seguía en el tren. No tuve que caminar mucho para poder divisarlo. Fingía ver el paisaje por la ventana. Una excusa muy brillante si no fuera porque el exterior estaba oscuro, como boca de lobo, pensé. Luego me reí. Qué frase más idiota usan algunos para expresar que no se ve ni madres. Mi risa atrajo su atención y volteó a verme. Por primera vez pude verlo con detenimiento. No era mayor, de hecho era un jovencito , no tendría más de veintiún años, pelo negro y ojos marrón. A pesar de ser delgado se podía ver su cuerpo atlético a través de la gabardina negra. Nuestros ojos se cruzaron y mi boca dibujó una sonrisa. El también sonrió y siguió mirando por la ventana. Yo lo imité. Me quedé pensando en cuál debía ser el siguiente paso. Caminé hacia mi compartimento, para ver si me seguía, pero no lo hizo. Abrí la puerta, y antes de entrar, seductoramente moví mi cabeza para que mi pelo volara y se acomodara en mi espalda, le miré y entrecerré los ojos, saqué mi lengua, la cual recorrió mis labios apenas en un suave roce y entré cerrando sutilmente la puerta. El tren volvió a parar. Estábamos en Tarragona. Una estación más y vendrían a revisar mi boleto. Después de eso, tendría el campo libre.

Dos minutos más tarde el tren volvió a ponerse en marcha. Yo estaba tumbada sobre la cama, pensando en cómo abordaría al chico. El movimiento del tren, aunado a mis pensamientos, provocaron que mi vagina se humedeciera. Sentí cómo mis jugos resbalaban por mi orificio. Una sonrisa pícara iluminó mi rostro y empecé a desabrochar mi cinturón. Mis dedos continuaron con el botón de mis jeans, el cual cedió. Bajé la cremallera y alcé las nalgas para bajar mis pantalones hasta las rodillas. Mis dedos pasaron por encima de mis bragas, acariciando mis labios vaginales. Mi mano derecha subía la playera polo que llevaba y mis dedos recorrieron mis pechos, acariciándolos suavemente por encima del sujetador. Mis manos, ambas, se abrieron paso a través de las telas que los separaban de mi piel. La mano que estaba en mi vagina se humedeció al contacto con mi piel. Mis dedos se deslizaban por toda la parte exterior de mi conchita, metiendo, apenas un poco, un dedo que rozaba mi interior. Con los dedos de mi otra mano aprisionaba mi pezón, dándole apretones y soltándolo una y otra vez. Pensé en que una lengua, ávida y voraz, no estaría mal para chupar y masajear mis pezones, y de inmediato, pensé en el muchacho que me seguía. Mis ojos se cerraron para mayor deleite. Imaginé que era él el que metía sus dedos dentro de mi y los movía lentamente, explorando el territorio al que se enfrentaba. Mi garganta lanzó un breve gemido y mi vagina se pegó más a mi mano, a su mano.

Fuera de mi habitación, el tren continuaba su marcha. Los movimientos propios del tren, ayudaban a crear en mi la sensación de que me encontraba con alguien. Mis dedos se fueron perdiendo en mi interior y alcanzaron mi clítoris. Una y otra vez tracé círculos alrededor de él hasta que mi respiración se fue agitando. Cada vez me costaba más trabajo guardar silencio y tuve que apretar los labios para no gritar. Un orgasmo explotó dentro de mi y un apagado gemido logró escapar del fondo de mi garganta. Mis jugos empaparon mis dedos y poco a poco fui recobrando la calma. Mis dedos aun jugueteaban con mi conchita y sentí que el tren volvía a arrancar. Me quedé desconcertada, ya que no había notado en qué momento nos habíamos detenido. No quería quitar mis dedos de mi húmeda cuevita hasta que reparé que pronto vendrían a revisar mi boleto, y fue cuando oí un clic de la puerta.

Abrir los ojos, sacar mis manos de donde estaban y cerrar las piernas, todo, fue uno solo. Ante mi había una simpática chica pelirroja. Los colores se me subieron y bajaron y una tímida sonrisa se dibujó en sus labios.

-Perdón, pero como la puerta estaba emparejada –dijo

Mentía. Sabía que mentía. Yo había dejado bien cerrada la puerta. Seguramente había entrado al escuchar mis gemidos y...

-¡Por Dios! – pensé- esta chica había estado observándome mientras me masturbaba.

No sabía cómo salir de esta situación, pero no hizo falta.

-Me llamo Angélica- dijo mientras se acercaba a mi cama. Una de sus manos se apoyó en la almohada mientras la otra rozó mi vientre. Sus labios se aproximaron a los míos, y me dio un suave beso.

De momento me quedé paralizada. No es que no me hubiera acostado antes con una chica, de hecho lo había hecho con tres, Mónica, Marcela y Maricarmen, mis amigas, y de una en una, en tríos y hasta un cuarteto habíamos hecho. Pero el asunto era que en esta ocasión, la chica me era desconocida. Por un momento dudé y ella se alejó de mi apenada, pero antes de que pudiera levantarse de mi cama, la atraje y le di un beso más cachondo. Mis labios se abrieron para morder los suyos. Angélica abrió su boca y permitió que mi lengua jugara en su interior. Su mano ya no rozaba mi vientre, ahora se encontraba en mi entrepierna, acariciando, dulcemente, los pliegues de mis labios vaginales. Mi humedad pronto mojó su mano. Nuestras bocas se separaron y ella aprovechó para desnudarse.

-¿Te asustó mi osadía? – preguntó con una sonrisa pícara

-No, y disculpa el momento embarazoso que te hice pasar – le contesté apenada.- Lo que pasa es que esta es la primera vez que lo hago con una desconocida.

-¿Desconocida? Si te dije que me llamo Angélica, corazón – dijo antes de lanzarse sobre mis pechos.

-Yo me llamo Mariana – dije al ...
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